joaquín orlando giannuzzi

falta mucho para la nada, como si todavía/ hubiera que liberar un exceso de existencia

no agregue. no distorsione. no cambie la música de lugar. / Poesía es lo que está viendo

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'…el frío interno de las manzanas,

el calor inestable del café,

dos razones de la naturaleza

que escapan a mi dominio…'

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en las figuras jóvenes encontramos intensidad en su dedicarse a la poesía, un estar en la poesía.

no hay actitud parricida; antes que lidiar con padres escritores prepotentes, los jóvenes tienen que litigar con un sistema que los niega.

en su lenguaje veo desenfado desacralizador, descarnada violencia, irreverencia, fraseo desarticulado, crisis de expresión, beligerancia. En realidad están encarnando el drama de la disgregación de la época.

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Esta es la hora del hueso de mi cara
en la mitad de la noche irracional,
vuelto sobre la almohada, hundido,
tan remoto de las manos dormidas, cargado
de conciencia en bruto, hurgando hacia abajo,
en las posibles opciones de la oscuridad.
Este obrero nocturno cavando, 
este hueso autónomo que me reserva el día
dónde sólo puedo apostar a las apariencias
apenas pulidas
por el extremo de mis nervios principales.

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Casi cada poema de Giannuzzi destila un humor oscuro, cáustico y hasta insolente

Amaba recitar largos poemas de memoria, desde Dante  hasta sus amados William Carlos Williams, Wallace Stevens y Walt Whitman

Sabía muy bien que “la imagen debe ir por delante del pensamiento”, y no al revés

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"el pensamiento especulativo que no esté encarnado en imagen puede acarrear la muerte de la poesía”

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Creo que en mi poesía hay al menos dos claves:
una, cierta especie de nostalgia por un orden perdido,
el orden natural por oposición al orden de la civilización;
y la otra es una suerte de fatalidad del tiempo, la aguda conciencia de la finitud.

Habría también otra constante en mi universo emotivo: la permanente sensación de una catástrofe inminente. 

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“uno se angustia y tiembla ante la posibilidad de encontrarse con lo feo: un mal poema afea el Universo”.

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Otro de mis ídolos es Kafka:

una especie de dios infalible en el sentido del don profético,
a pesar de que él no creía en sí mismo.

Para mí es el mayor escritor de nuestra época: el sentimiento de extrañeza por hallarse en el mundo está perfectamente encarnado
en él; además, los suyos son textos poéticos.

Podría citarte de memoria párrafos enteros de “El castillo”, y en especial el final de “El proceso” y muchos fragmentos de su diario: auténticos poemas: por la intensidad de la expresión, la inventiva metafórica y la multiplicidad de significados.

Kafka se acerca a la poesía moderna en la forma elíptica de describir una supuesta verdad.


Y una prueba de esta obsesión mía son los poemas 

“Kafka en el sanatorio” y “Kafka detrás del escritorio”

Me asombra lo increíble de ese 

 

“moribundo muy especial, hermoso como un condenado,

quiza con pruebas desesperadas acerca de lo secreto

y desapareciendo, contra toda lógica, en un cuerpo pequeño”

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este tipo

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Estoy sentado en el umbral de mi casa.
Miro pasar la gente, los autos, el país en este verano del 71
mientras me rasco los sobacos
mientras no me decido a salir a escena
renuncio a practicar un destino.
Mis bostezos son sorprendentes aun para esta época.
Soy un tipo que fuma, que se hurga los dientes,
que conoce el engaño mil veces aceptado.
Un tipo que está allí, simplemente,
mirando con estilo de perro,
sin poder elegir, con el conocimiento inerte
para toda causa que vaya más allá de la noche próxima.
Pero usted debe suponer que vale tanto como cualquier otro
si ahora hay héroes que están muriendo
para que este tipo viva realmente.

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palomas ciudadanas

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Estuve mirando las palomas de la Plaza de Mayo
la mañana que asumió el 32 presidente de la República.
Pese a su probable naturaleza impolítica
las palomas sospecharon alguna novedad por ahí cerca.
De modo que advertí una ligera mutación en sus movimientos.
Algo así como un ensayo de temblorosa reflexión en el remoto cerebro.
Esto les produjo una perpleja rotación sobre sí mismas.
Y yo estaba allí parado, con mi responsabilidad ciudadana,
comprobando en el centro de un rumoroso círculo de aves
cómo se está volviendo fuertemente contagiosa
la historia de nuestro tiempo.

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por alguna razón

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Compré café, cigarrillos, fósforos.

Fumé, bebí

y fiel a mi retórica particular

puse los pies sobre la mesa.

Cincuenta años y una certeza de condenado.

Como casi todo el mundo fracasé sin hacer ruido;

Bostezando al caer la noche murmuré mis decepciones,

escupí sobre mi sombra antes de ir a la cama.

Esta fue toda la respuesta que pude ofrecer a un mundo

que reclamaba de mí un estilo que posiblemente no me

correspondía.

O puede ser que se trate de otra cosa. Quizás

hubo un proyecto distinto para mí

en alguna probable lotería

y mi número no salió.

Quizá nadie resuelva un destino estrictamente privado.

Quizás la marea histórica lo resuelva por uno y por todos.

Me queda esto.

Una porción de vida que me cansó de antemano,

Un poema paralizado en mitad de camino

hacia una conclusión desconocida;

un resto de café en la taza

que por alguna razón

nunca me atreví a apurar hasta el fondo.

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Si veo ahora el conjunto de lo que he escrito, debo admitir que hay cambios, una suerte de evolución, aunque no sé si para bien o para mal.

Por lo pronto:

la simplificación de las formas, el cuidado creciente de la estructura del
poema, el cuidado escrupuloso -casi como si estuviera cuidando mi alma-
en relación con la adjetivación, y la preocupación de evitar los cabos sueltos, una búsqueda de coherencia en el poema.

He tenido siempre una mentalidad cartesiana, racional a ultranza,
acentuada quizá por mis estudios científicos de ingeniería, que no parecen estar presentes en mi obra pero la marcan sutilmente.

Por supuesto, esa actitud suele ser sobrepasada por la predisposición
poética, que incursiona en lo mágico y lo emocional.

He tratado de evitar siempre que el poema sea el desarrollo de una teoría, por más atractiva o ingeniosa que ésta sea.

El poema no debe ser un teorema, debe estar encarnado en una imagen y evitar el pensamiento demasiado abstracto.

Creo, eso sí, que la capacidad de apresar una escena me viene del trabajo durante años en el periodismo: allí, todo se juega en velocidad, y de lo
que se trata precisamente es de captar de manera directa y lo más objetiva posible, lo esencial de una situación.

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He tratado siempre de tender a la concisión.

Aunque el poema sea largo, la tendencia tiene que ser a simplificar.
Hay que matar una palabra por día.

Antes yo creía que el  poema debía decir algo, una suerte de mensaje.
No sabía muy bien qué quería significar con eso, pero me parecía que
la poesía conceptual era más valiosa. Sin embargo, terminé por descubrir
que esa pretensión no tiene sentido. La riqueza de los contenidos es algo bastante discutible, al menos en poesía.

La belleza la determina la forma. Incluso en los poemas aparentemente muy especulativos, siempre es la forma la que decide su suerte como
poemas. 

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Debo decir que tengo un sentimiento dramático de la poesía.

Y digo dramático en su sentido religioso: creo que todo arte debe ser encarado, sentido así.

Yo escucho ciertos pasajes de Bach, por ejemplo, que me abren una puerta a lo desconocido: 
ese misterio de la vida, de todo lo que es y existe es lo que el arte debe cantar, celebrar, decir.

Creo que el arte es un modo de instalar una fe en lo desconocido, la presunción de que
tanta belleza no pudo haber sido creada en vano.

En fin, esos son mis planteos estéticos de hoy, a esta hora de la tarde. Mañana, no sé cuáles
serán.

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basuras al amanecer

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Esta madrugada, en la calle

dominado por una especie

de curiosidad sociológica

hurgué con un palo en el mundo surrealista

de algunos tachos de basura.

Comprobé que las cosas no mueren sino que son asesinadas.

Vi ultrajados papeles, cáscaras de fruta, vidrios

de color inédito, extraños y atormentados metales,

trapos, huesos, polvo, sustancias inexplicables

que rechazó la vida. Me llamó la atención

el torso de una muñeca con una mancha oscura,

una especie de muerte en un campo rosado.

Parece que la cultura consiste

en martirizar a fondo la materia y empujarla

a lo largo de un intestino implacable.

Hasta consuela pensar que ni el mismo excremento

puede ser obligado a abandonar el planeta.

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poniéndome la corbata

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Cuando J. O. G. se pone la corbata
su mueca ante el espejo no interpreta el mundo.
Más bien es una distorsión desesperada
de un rostro que está allí sin saber cómo.
Ojos espantados que preguntan cuándo acabará todo.

Piedad para todos aquellos que como J. O. G.
aprietan el nudo de la corbata cada mañana
y nunca terminan por ahorcarse.
Sentimentales y astutos como moribundos
que olfatean el límite y retroceden a tiempo.
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Todo empieza con un cosquilleo, con una mezcla de inquietud y placer, de zozobra y felicidad. Creo que existe aquello que antes se llamaba inspiración y hoy parece haber pasado de moda. Uno entra en un estado de gracia, si se me perdona la petulancia, un sentimiento intenso que sólo puede ser sobrellevado con la escritura. El poema, en todo caso, no es el resultado de una meditación sino un impulso que se me presenta de pronto, inesperadamente, supongo que como fruto de la actividad inconsciente.

Puede encarnarse en una imagen, en la visión de un objeto, en una situación humana, en un accidente, en una palabra... Hace poco, por ejemplo, quedé fascinado por la aparición de una palabra extraña para mí: hipálage. La emoción surgió de poder contemplarla sin conocer su significado, guardándola durante días en mi memoria para saborearla, para tocarla como una joya, preservándola de la servidumbre del sentido, hasta que finalmente surgió un poema. Y también están las obsesiones personales. En mi caso, la obsesión por las maniobras del azar, o por la muerte. Pero, claro, los grandes temas no hay que abordarlos en forma explícita porque se vuelven intratables. Para eso, está la filosofía.

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perplejidades del amanecer [I]

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Un minuto de fe para buscar a tientas

la camisa más despierta. Una especie

de convicción para sentirme apto.

En la oscuridad menguante, el dormitorio

huele a existencia en bruto,

a ropa fría, a zapatos caídos

con toda la neura encima. Esto insiste

en tener algo que ver contigo.

Desde la calle

los ruidos ciegos y la jadeante

respiración de la materia manufacturada

suben con sus propias razones para vivir.

He allí lo espumoso, la tierra triunfante

que apenas me concierne. Pero la camisa

ya pierde su inocencia, reclama relaciones

y el perpetuo fracaso de la identidad

en el amanecer de este día laborable.

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lluvia en el jardín

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He observado el comportamiento de las mariposas
sorprendidas por la lluvia en el jardín.
En vano buscaron refugio bajo las hojas
y en la profundidad de las flores.
Pero una de ellas se elevó
hacia las nubes sombrías
y eligió la muerte en el rayo
perdida la memoria de la especie.
Yo fumaba en la galería, tendido de espaldas;
yo sobrevivía tranquilamente, ensayando
mi oficio de holgazán, mis vacaciones metafísicas,
aunque también pensando
qué clase de muerte, qué modelo de sepulcro
podría convenir a mi exclusiva historia personal,
la especie de pena que me correspondía.

no entiendo cómo a uno puede gustarle un gran poeta y no recordar de él ni una sola línea. Es una necesidad personal, el shock emocional que me ha producido un poema lo que me hace recordarlo. Por otro lado, siento un gran placer, una gran felicidad en comunicar, en compartir con los amigos, en una reunión, la evocación de un poema particularmente hermoso. Me parece que la comunión que se logra de ese modo es incomparable. Desde luego, hay que tener cierto sentido de la oportunidad y cierta dosis de histrionismo. Supongo que, en mi caso, ese hábito también suple en parte mi incapacidad para formular grandes cuestiones teóricas

me dedico a eliminar, ante todo, lugares comunes, imágenes convencionales o cristalizadas del lenguaje. Lo que me guía a la hora de revisar lo que escribo es la idea de que cada palabra debe ser ubicada en el lugar que la estaba esperando. Tengo la intuición de que hay un lugar del poema que está esperando una palabra determinada, y entonces la busco. Por otra parte, intento que el verso, sea corto o largo, nunca pierda fluidez, así es que estoy atento a todo aquello que pueda entorpecer esa condición. De todos modos, no querría abundar en esta dirección porque podría dar la sensación de que estamos hablando de una gran obra y se trata sólo de mis poemas. En general, soy perfectamente consciente de mis errores, lo que nunca lograré del todo es saber cómo evitarlos.

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momento invernal

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¿Qué haremos con esta escena accidental
-hojas reunidas por el viento del sur hacia la puerta sino
aislarla como un conocimiento ilusorio?
Todo movimiento es circular
en el rincón del muro, allí
donde las hojas corren para girar sobre sí mismas
al aullido de una ráfaga fría y discontinua.
Lugares comunes de la materia invernal.
¿Debemos otorgarles
una intención de belleza y resurrección
a partir de la confusión del polvo estacional?
Tal es nuestro posible conocimiento: un anhelo
susurrando en las hojas secas, una horrible
tristeza en una tarde de nuestro tiempo.
Y en el rincón del muro la certeza y el residuo
de una disolución universal.

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hipótesis sobre objetos
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La materia es excesiva y comediante
a mi alrededor fatigado. Al caer la noche
suelta a sus hijos en la habitación: 
las cosas sometidas se dispersan, pierden relación
y entran en verdadera escena.
Mis manos planean, descienden a la oscuridad.
A partir de la mesa
cuadrada, cotidiana, espesa, los objetos ligados
a mi fracaso descubren su finitud
y tienden hacia una especie
de emocionada autonomía, libres
para la acción de un teatro cerrado.
Son las 10 de la noche. Pierden
sus pálidos dioses, entran
en la anarquía de un mito olvidado: 
ahora se disputan el campo de apariencia
y aumentan
la presión de la realidad sobre mi cabeza volcada.

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