30 poemas para leer

Ay, el enorme número de poetas que (no) pasan a la historia -sin pena ni gloria-, que se quedan ahí, no se sabe dónde, suspendidos en el aire, porque ya nadie los recuerda ni los incluyen en las antologías masivas, documentales -si es que alguna vez los incluyeron-. 

Tenían, al parecer, un destino singular, extraño, que en sus tiempos los hizo sentirse elegidos de los dioses o de las musas, tocados por la gracia, especiales en algún sentido. Pronto -enseguida- se dieron cuenta -porque la vida y sus contemporáneos les informaron-  que no, que no, que sus poemas eran de segunda: débiles, derivativos, consabidos. 

Así, aunque renunciaron a vivir de la poesía, no se resignaron a abandonarla por completo: contra toda evidencia siguieron esperando a que su alto destino de poetas se pusiera en marcha; ingenuamente esperaron levantarse un buen día distintos, nuevos, iluminados por el lenguaje. 

Pero un buen día se levantaron más bien bruscamente viejos, cansados, con la energía justa para sobrellevar el deterioro y sus abundantes malestares. Perplejos, con los pequeños ojos redondos, opacos y malignos de las gallinas, la simple mención de la poesía les pareció una ofensa, una frivolidad, considerando el grave estado de su salud, sus muchos males, la respiración de la muerte en la nuca.

 

Y no ha habido pocos poetas -sino bastantes, muchos- a quienes las cosas les han ido, en apariencia, mejor: durante algunos años fueron incluso candidatos a la Poesía -con mayúscula-, a la Historia a través de la Poesía. 

Ganaron los premios: no sólo la XXV edición del Carlos Pérez a la Poesía Sobrante, y el II Premio Internacional de la UNSECO, que los llevaron en volandas a la Real Academia de la Academia, sino que -con los años- se hicieron merecedores del Príncipe de Abulias, y del Reina Torcida, y -por fin- del Premio Cesantes, que fue el broche de su brillante y dilatada carrera poética. 

Sin embargo, aunque la gente, el personal, el público, los consideró poetas y bien vivieron de tal oficio -por los cargos adjuntos que conlleva la literatura a tales niveles- tampoco fueron mucho más allá que los poetas fracasados, ya que la cosa de su vida quedó más bien como una ceremonia entre personajes, un estúpido minué, y también fueron enseguida olvidados, si es que alguna vez fueron realmente verdaderamente- recordados.  

se trata de un poeta que apreciamos, sin más, que a veces dice las cosas con magia, que es lo difícil de la poesía

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josé barroeta

me asusta el cielo limpio
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a Liddy

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La tierra confundida,
extraviada.
El amor con los ojos azules y unas lámparas inesperadas
que al final te acompañarán.
Tú sabes que la primera vez fuimos una certeza,
pero ahora con este globo rojo del cielo en las manos
no sé qué hacer.
Me asusta el cielo limpio,
por ahí debemos pasar algún día asustados por la memoria,
por ahí la historia del deber ser y unos mundos
de los que hemos sido vasallos.
No recuerdes nada de lo que dije:
piensa que te comparé con el sol,
con ese viejo que para nada sirve.
Marcha a otra parte:
el porvenir no está en la semajanza de lo que ves
sino en lo que has dejado afuera,
en los deshabitados reinos que aguardan.
El sol tiene principio y fin,
pero ni tú ni yo ni el sol tenemos finitud
y acaberemos siendo eternos en la continua sucesión.
Aquí somos los que van y vienen,
fuera seremos lo que espera,
lo que dura por encima del sublime desgaste.
Demasiado hemos hecho con esta flor intensa
y te juro que este barro es eterno.
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José Barroeta (Pampanito, Trujillo, Venezuela, 1942)
Todos han muerto. Poesía completa (1971-2006)
Editorial Candaya, Canet de Mar, 2006

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no es frecuente encontrar poemas de almudena guzmán que no sean los de sus primeros libros. Aquí un príncipe rojo

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almudena guzmán

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Anclado en el horizonte,
como una palmera
que le ha nacido al mar,
un barco en llamas
que nunca se consume
me espera:
me lleva esperando
desde siempre.
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Algún día soltaré el lastre
de este dolor tan firme
como la tierra
donde me hundo.
Algún día,
quizá alguna noche,
sabré descoser
los pespuntes de miedo
de mi vestido
y nadaré desnuda hasta él.
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El sueño vencido
de las algas
en la guerra de las mareas
guiará mi camino.

El sueño rebelde
de la tripulación de mi deseo
me tenderá la escala
para trepar a cubierta.
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Almudena Guzmán (Navacerrada, Madrid, 1964)
El príncipe rojo. Ediciones Hiperión, Madrid, 2005

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juan luis panero


antes que llegue la noche

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Antes que llegue la noche sobre el mar
y avente el viento de la tramontana
mis húmedas cenizas hacia la nada.
Antes que los gastados gestos se disuelvan,
igual que una sonrisa que se transforma en mueca
o los cansados espasmos de un amor extinguido.
Antes, todavía, como este sol sobre las islas,
terco punto de luz, color intenso,
que mis palabras dibujen mi fantasma,
salvado y perdido, en la pura intensidad de la vida.

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Juan Luis Panero (Madrid, 1942 -
Torroella de Montgrí, Girona, 2013)
Poesía completa (1968-1996).
Tusquets Editores, Barcelona, 1997
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estábamos empezando a tomar contacto con el bueno de cees, que aún no sabemos si va o vuelve dentro del mundo de la poesía. no añadimos el original porque escribe en una lengua imposible.

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cees nooteboom

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poema
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¿Sabes tú cómo ha de ser
un poema?
¿Por debajo, por un lado, por detrás?
¿Cifras? ¿Letras?
¿Y de qué color?
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¿Ha de parecerse a las olas?
¿Y entonces a cuáles:
mares, lagos, ríos?
¿Ha de poder entrar cualquiera?
¿Y cuánto ha de costar?
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He conocido poemas tan viejos
que había que ayudarlos
a cruzar la calle.
Otros estaban ciegos,
y también había mujeres
en la flor de la juventud,
con pensamientos como el lechazo
y labios de testamento.
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No existen leyes,
dijo el Maestro, a veces
se parece a las acciones,
y otras al mazapán,
y se puso a bailar en las escaleras de mármol
del viejo mausoleo
la víspera de morir
de un soneto
envenenado.
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Cees Noteboom (La Haya, 1933)
Luz por todas partes. Antología.
Visor Libros, Madrid, 2013
Traducción de Fernando García de la Banda

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un simic, sin más, por no perder su tipo de poesía, ligera y entretenida y quizá enigmática -o por lo menos con acertijos-. el original debajo, por no perder la costumbre del original

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charles simic

vidas de los alquimistas


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Lo más difícil ha sido siempre desaparecer uno mismo
para reaparecer después como algo completamente diferente:
la almohada de una muchacha enamorada,
una pelusa haciéndose pasar por una araña.

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El negro aburrimiento de noches lluviosas en el campo
hojeando los escritos de ilustres adeptos
que dan consejos sobre cómo proceder a la transmutación
de una ilusión de tiempo en una eternidad.
El verdadero maestro, uno de los elegidos,
necesita al menos cien años para perfeccionar su arte.

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Mientras tanto, el pequeño arcano de la sartén en el fuego,
el olor del aceite de oliva y ajo flota
de habitación vacía en habitación vacía, la gata negra
se restriega contra tu pierna desnuda
mientras arrastras los pies hacia la luz distante
y el tintineo de vasos en la cocina.

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Charles Simic (Belgrado,1938)
La voz a las tres de la madrugada
DVD Ediciones, Barcelona, 2009
Traducción de Martín López-Vega
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the lives of the alchemists
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The great labor was always to efface oneself,
Reappear as something entirely different:
The pillow of a young woman in love,
a ball of lint pretendig to be a spider.
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Black boredoms of rainy country nights
Thumbing the writins of ilustrious adepts
Offering advice on how to proceed with the transmutation
Of a figment of time into eternity.
The true master, one of them counseled,
Needs a hundred years to perfect his art.
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In the meantime, the small arcana of the frying pan,
The smell of olive oil and garlic wafting
From room to empty room, the black cat
Rubbing herself against your bare leg
While you shuffle toward the distant light
And the tinkle of glasses in the kitchen.
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karmelo c. iribarren

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míralo
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El viento,
el que arranca los árboles de cuajo,
el que enfurece el mar,
el que arrasa las costas
sin clemencia,
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sí, el mismo,

                        míralo ahora,
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siguiéndote por la calle,
jugando con tu melena,
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tonto perdido.

 

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Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959)
La piel de la vida
Ediciones de Baile del Sol,
Teguise, Tenerife, 2013
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siempre estamos pendientes de leer con calma a claudio rodríguez, y siempre aplazamos la lectura. como se trata de un poema en apariencia sencillo, aprovechamos para ir saldando deudas con el poeta.

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claudio rodríguez

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gorrión
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No olvida. No se aleja
ese granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión que pudo
volar pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.
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Claudio Rodríguez (Zamora, 1934 - Madrid, 1999)
Poesía completa (1953-1991)
Tusquets Editores, Barcelona, 2001
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aunque se trata de un poema largo, es el primero que colgamos en el blog de este poeta, que nos interesa por él mismo y por su influencia [?] sobre julieta valero

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diego jesús jiménez

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Nunca lo olvides:
sobre las noches negras de mi patria
era capaz
                de besarte en los ojos.
Contémplame. ¿No es cierto
acaso, que es el dolor
el que regresa, el que vuelve a ocupar
la misma casa, el que anda perdido
ante el mismo dintel,
                                       y no se atreve;
ante los mismos campos,
                                              y solloza;
ante el mismo huracán,
                                           y se le lleva
¡oh fiel bondad! al hombre
su escapulario único y sencillo?
                                                         Nunca lo olvides.
Estamos esperando; de un momento a otro
vendrá el aire. No serán necesarios
nuestros sueños, nuestros turbios aullidos, nuestras primeras
elocuencias.
                      Bajo la noche
arde el silencio, tiembla
la soledad, crujen las sombras
de la muerte; alguien
desfavorablemente besa a una mujer, se enfrenta a solas.
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Te pido que no lo olvides, que no lo olvides
nunca. Aquella madrugada y aquel himno guerrero nos recuerdan.
Estos son mis dos brazos, mis dos escalofríos, dos unidades
con temblor. Y, sin embargo, ves,
pueden herirte
dos momentos alegres, dos pulseras de cobre inofensivas
bajo la soledad, pura arcilla aldeana.
                                                        Así he querido alzarte:
como a un sueño lejano y galopar contigo
bajo la dura siembra, el testamento duro
de la noche.
                      Así te tuve, única y amarga
como el buen peregrino, el necesario caminante
de la tierra vencida; como el que sabe
que su amor es único, que es único su mal
y eleva su pregunta, y va así caminando
bajo la alta palabra, bajo el mundo tranquilo
de su estrella, hombre
con su dolor, bestia nacida
llegando ya el vacío.
                                     Te pido que no olvides
mi voz; supo nombrarte.
                                             Descabalgué
cuando la tierra estaba dolorida, desmantelado
el hombre;
sobre las noches negras de mi patria
era capaz
                 de besarte en los ojos.
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Como una sombra más se levantan los árboles;
arde el reloj con el incendio, nieva sobre el helado
refugio de la vida.
                                 Todo
como una sombra más, como un último adiós
se ilumina y nos grita.
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Te pido que no olvides. Aquella magia era
nuestro celeste mal, y puedo hablarte
de cuando el hombre estaba a solas
hace ya muchos siglos.

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Diego Jesús Jiménez (Madrid, 1942-2009)
La ciudad
Bartlebu Editores, Madrid, 2015

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luis rosales

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cómo es posible que a veces 
la predestinación llegue tan tarde
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Cuando vivimos tanto que hay que pagar exceso
hay algo en el amor como una luz suicida,
tal vez es sólo eso,
y hay amores que duran algo menos que un beso,
y besos que han durado algo más que una vida. 
 
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Luis Rosales (Granada, 1910-Madrid, 1992) 
Poesía.
Editorial Trotta, Madrid, 1996.

 

difícil encontrar un poema de elena medel que no sea de sus primerísimos libros. aquí uno de 2014

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elena medel

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poema de despedida para mi hermana
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En cuanto a las despedidas, apenas existen gestos más allá
de las pancartas: abrazos y lágrimas en el control de
        seguridad,
una cámara para que el momento exista
tras el regreso. ¿Tú qué prefieres? Wislawa, por favor, reza
por ella. De pequeña te confundían con un niño
por el pelo corto y la sangre en las rodillas. Tienes una
        cicatriz en el labio superior
porque te caíste al servirnos la merienda. Al crecer te
        cambiaron el nombre:
alguien te llamó Pentecostés. Todas las lenguas
las conoces                          tan sabia como un dios.
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Bestia del norte, ahora vivirás a ciento ochenta grados:
        cuando yo actúe,
tú en mi oposición. Del dolor (tú también, Celan, reza
        por ella),
aquí no nos enteraremos: finge que todo marcha bien.
        También yo fingiría
que todo marcha bien. Podría aconsejarte. De pequeña
te confundían con un animal porque golpeabas con furia
y después rumiabas estiércol y perdón. Tienes aún el deje
        de quien hace
y luego piensa. Al crecer te dejaste la melena larguísima.
        Quién te imaginara
en aquellos días salvajes como ahora                          quién
       te imaginaría
en aquellos días salvaje como un dios.
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Voy a velar tus libros y tu ropa; voy a velar desde mi
        adolescencia
para que no te ocurra lo que a mí. ¿Tú qué prefieres
guardar en la maleta? He recogido los zapatos, he tocado
        su suela
demasiado fina. El dolor, te lo recuerdo: representa
bien. Sé cómo se hace. De pequeña te confundían con una
        de esas fábricas
que encadenan turnos y humo. Tus ojos
azules encendidos. Como un niño que sangra y como un
        animal que muerde: así te exigen otros
        así te exigen                          inmisericorde como un dios.
Quizá algún día desconozcas esta lengua.
Por si acaso, buen Yeats, por favor, reza con ella.

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Elena Medel (Córdoba, 1985)
Chatterton
Visor Libros, Madrid, 2014
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miriam reyes

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Lo hermoso es esto:
el lugar en el que estoy ahora
las manchas de color caminando tras la arboleda
los cantos graznidos piares
que desconozco pero escucho
un árbol partido por la luz
mitad rosa mitad lila
el saber que si quiero estoy aquí para captar
lo que mis instrumentos me permitan
el movimiento casi imperceptible de las ramas
una tarde tranquila
el espacio
un afuera que entra
y un adentro que sale
el blanco que lo borra todo
o lo desdibuja
o lo enmarca
el frío blanco en la palma que toma
la temperatura de la pared
y lo que queda de cal entre las líneas
de la mano extendida.
 

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Miriam Reyes (Ourense, 1974)
Haz lo que te digo
Bartleby Editores, Madrid 2015

 

otro de los poetas con el que tenemos pendiente una lectura pausada que siempre aplazamos, que nunca emprendemos. sirva este poema de descargo

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enrique lihn

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corte de pelo
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Te pedí que te cortaras el pelo
para que volviera a su suavidad natural
Como todo lo demás, lo hiciste a medias
A medias me rompieron la cara en tu nombre, a la vuelta de la esquina
a medias me esperabas, entretanto, en la casa, pues partiste enseguida
a refugiarte en otra. Y a medias le había dicho al agresor
que me amabas. Pero, eso sí, le diste mi nombre y mi dirección
pues no todo ha de hacerse a medias
tuviste la honradez de pensar
en un cincuenta por ciento.

 
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Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988)
Poesía, situación irregular
Visor Libros, Madrid, 2014
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extraña poeta fascinante ya desde su apellido. su poesía se está publicando muy despacio, durante muchos años sólo se encontraban unos muy pocos poemas de ella

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eunice odio
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posesión en el sueño
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Ven
Amado
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Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche.
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Tu cuerpo acabará
donde comience para mí
la hora de tu fertilidad y tu agonía;
y porque somos llenos de congoja
mi amor por ti ha nacido con tu pecho,
es que te amo en principio por tu boca.
-
Ven
Comeremos en el sitio de mi alma.
-
Antes que yo se te abrirá mi cuerpo
como mar despeñado y lleno
hasta el crepúsculo de peces.
Porque tú eres bello,
hermano mío,
eterno mío dulcísimo,
-
Tu cintura en que el día parpadea
llenando con su olor todas las cosas,
Tu decisión de amar,
de súbito,
desembocando inesperado a mi alma,
-
Tu sexo matinal
en que descansa el borde del mundo
y se dilata.
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Ven
-
Te probaré con alegría.
-
Manojo de lámparas será a mis pies tu voz.
-
Hablaremos de tu cuerpo
con alegría purísima,
como niños desvelados a cuyo salto
fue descubierto apenas, otro niño,
y desnudado su incipiente arribo,
y conocido en su futura edad, total, sin diámetro,
en su corriente genital más próxima,
sin cauce, en apretada soledad.
-
Ven
Te probaré con alegría.
-
Tú soñarás conmigo esta noche,
y anudarán aromas caídos nuestras bocas.
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Te poblaré de alondras y semanas
eternamente oscuras y desnudas.
 
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Eunice Odio (San José, Costa Rica, 1922-México, 1974)
Los elementos terrestres.
Editorial Costa Rica, San José, 1984
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pablo garcía casado

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workmanship
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mete tu corazón en esa bolsa de plástico
guarda la bolsa en tu taquilla deja la llave al encargado
ponte el mono de trabajo
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presta toda la atención no pierdas detalle
anota sólo lo importante pero cuida que este impulso
no te lleve a demasiadas conclusiones
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aquí tienes las herramientas
déjalo todo limpio cuando acabes cierra bien todas las puertas
y recoge el corazón no vaya a estropearse
 

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Pablo García Casado (Córdoba, 1972)
Fuera de Campo (Poesía reunida).
Visor Libros, Madrid, 2013

 
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también durante años, los poemas de isla correyero han sido escasísimos; sólo ultímamente se encuentran con menos dificultad

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isla correyero

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terminal. 12 de febrero de 1996

 

 
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Sé que voy a morir antes del próximo invierno. Pero
he sembrado las patatas, el trigo y las cebollas. Sigo
dando de comer a las gallinas y a los cerdos, aunque
sé que voy a morir antes de las heladas.
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Limpio meticulosamente la casa y los corrales.   Me
levanto  y  me acuesto cada día a mi hora.   Sigo ha-
ciendo la comida y el café.
Me limpio los dientes después de las comidas.  Sigo
leyendo el periódico y cosiendo la ropa. He comenza-
do una bufanda  y  unos  calcetines para  el  próximo
otoño.
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Salgo a la calle a hablar con los vecinos.  Estoy pin-
tando la fachada de la casa  y las paredes de la casa.
Me tomo las medicinas que me ha mandado el médi-
co. Persevero en el rezo de mis oraciones.
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He reanudado una amistad que tenía perdida. Canto
de vez en cuando. Lloro de vez en cuando.
He plantado las flores de mi tumba.
 -
Todavía me enfado con mis hijos si no han hecho los
deberes.
De vez en cuando voy  a la peluquería  y  una vez al
mes voy a mirar zapatos.
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He contratado  un viaje  a  la ciudad de Viena  y  un
entierro sencillo
Tengo mi cama preparada  y  la ropa que me pondrá
el amigo que he recuperado.
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Cada noche, pienso en las cosas que aún no he podi-
do hacer y, si recuerdo algo, lo hago al día siguiente.
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Creo que cuando lleguen  los  azules momentos del
invierno, estaré todavía trabajando.
 
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Isla Correyero (Miajadas, Cáceres, 1957)
Diario de una enfermera
Huerga y Fierro Editores, Madrid, 1996
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piedad bonnett


de tarde en tarde
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A mi madre le gusta ir a ese café de sobrias lámparas,
pedir galletas de vainilla,
tomar dos tazas de té negro con parsimonia
como en un acto ceremonial.
Hoy la he traído, pues, cediendo al gesto filial
mi tarde laboriosa.
Tras los enormes ventanales vemos correr la vida afuera
mientras hablamos de otros días
y la tibieza del lugar sugiere que la felicidad no es más
que esto.
De repente,
como recuperando las palabras de un sueño
ella dice: "Qué lástima que todo se termina".
Lo dice con sonrisa liviana, pues sabe
que ser trascendental no conviene a la tarde.
(Mi madre cumplió setenta y cuatro años
y alguna vez fue bella).
Al fondo de las tazas el té pinta sus signos.
Yo no sé qué decir.
Miramos la avenida, las caras planas de los transeúntes,
los árboles que callan. Anochece.

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Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951)
Tretas del débil.
Valparaíso Ediciones, Granada, 2013

 
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empezó publicando unos relatos hace relativamente poco tiempo, tal vez por delibes o la gente del norte de castilla. y después poemas

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josé jiménez lozano

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homero
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Si ahora llegase Homero
a tu jardín, ¿qué harías?
¿Dónde guardas los dátiles, la miel,
la leche o un trozo de puerco?
¿Crees que hablaría contigo de las Pléyades
y podrías darle a leer tus poemas?
¡Oh, padre Homero, siéntate y escucha!
Dime si Ulyses, si Penélope, si la luna roja
de setiembre, si la escarcha o el viento
cierzo, si las vides o la marina espuma,
si la rima o la luna, si la muerte
están bien situadas en mis versos,
sólo esto.
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José Jiménez Lozano (Langa, Ávila, 1930)
El precio (Antología poética).
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2013
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raquel lanseros

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la mujer herida
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Solamente si alguna vez amaste
                       con uñas y con dientes,
                       sin red,
                       sin salvavidas,
aciertes a entender el vértigo insondable
que se extiende a los pies del desengaño.
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Ella creyó encontrar la fuente del principio
cuando lo conoció en medio de la tierra
                             sin más escudo que su piel de hombre
                    bruñida por el sol igual que el oro viejo.
Lo amó sin precipicios ni preguntas,
tiernamente, en silencio,
     con esa gratitud voluptuosa
          que provoca la lluvia en primavera.
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Todo era tan sencillo.
Los versos plateados de poetas infinitos
parecían seguirla a todas partes,
     como si el corazón se hubiera convertido
     en un fiel animal domesticado.
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Porque no existe nada que dure eternamente,
una noche aprendió, como tantos lo hicieran
antes y después de ella,
que el amor es un río con cataratas propias
                      -                                        y remansos ajenos
que siempre desemboca en el océano.
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Míralo de este modo: la vida te ha enseñado,
siguiendo su costumbre de incansable maestra,
     cómo el alma dibuja
          serenas cicatrices sobre viejas heridas.

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Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973)
Los ojos de la niebla.
Visor Libros, Madrid, 2009
 
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una de las poetas -como julia uceda o francisca aguirre- que lo eran ya cuando no había mujeres poetas, pero -además- van por el monte solas, nacieron del suelo

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juana castro

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toda la piel del mundo

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Tú los ves ahí colgados, tirados, y dices,
vaya cosa, son cosa de mujeres, tonterías,
lo llevan para meter el pintalabios,
el móvil, quizás una compresa. Y te olvidas.
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Pero ellas no olvidan, lo llevan como a un gato,
como al fiel compañero, como su santo y seña,
como su claro ex-libris.
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Te equivocas si crees, en tu inocencia,
que esa cosa de rafia o de piel beige
sirve para tener a mano el colorete, las llaves, el perfume.
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Yo la he visto de noche,
esa cosa respira, es una megalópolis,
no está quieta por dentro, es multiforme y crece.
A la hora del pan huele a cerveza,
y cuando está nublado
te puedes encontrar con que ahí dentro
hay una hija, un sol, unas tijeras
de robar rosas rojas.
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Ahí, a tres de julio, he visto amanecer los pájaros cantando
y había un abanico para un novio
y una estrella de miel para la madre.
En el rincón azul, las gafas de coser,
las recetas del padre a la fecha de hoy,
la muestra de la tela —preciosa— que le dio el tapicero.
Al fondo la novela, la última, de Doris Lessing
y el bono de 10 horas del gimnasio.
Por ahí pasa un río,
pasa el día, la música, la niebla...
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Esa cosa. Mi bolso.
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Que va a dar al mar.

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Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945)
Heredad (seguido de Cartas de enero) 
Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2010.
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roger wolfe

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la energía
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La energía. De dónde saca la gente
la energía. En un mundo secularizado
en el que nadie cree ya en nada.
Pero la gente funciona, y el mundo se mueve y avanza.
Míralos: hacen futin, van de compras,
leen la prensa, ven la tele, siguen las noticias.
Trabajan. Consumen. Se agasajan
con comidas y con cenas, van al cine,
se toman vacaciones, crían a sus proles.
Ríen y lloran y hablan de política o deporte.
Pero cuidado: cuidado con los que no se cansan nunca.
Cuidado con los que nunca tienen frío.
Cuidado con los que tienen coche
y siempre están censados, y acuden a las urnas,
y se abstienen del tabaco y llevan vida sana.
Cuidado con la gente y su energía incombustible.
Cuidado con la masa. Cuidado
con la malvada muchedumbre.
Indefectiblemente, son los que te linchan.
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Roger Wolfe (Westerham, Kent, Inglaterra, 1962)
Gran esperanza un tiempo
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2013

 
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joven poeta asturiana de la que tampoco se encuentran versos recientes con facilidad. poema de 2014

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laura casielles

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azaghar
 suerte

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Aquella mañana, me dije a mí misma: "Si con el amuleto las cosas no son así, ¿qué sería sin él? ¿Hay algo peor que esto?". Pero después me dije: Por lo menos esto es Saad...", ya lo sabes, para qué contarte todo?
                                                                                                             Gassan Kanafani
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Un círculo y una pequeña cruz
grabados con carbón en su frente nos cuentan
que un dia, cuando era bebé,
su madre quiso protegerla del mal de ojo
y desearle una vida de plácidos quehaceres.
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Luego vinieron los fríos inviernos de los pastores,
los fríos inviernos sin más fuego que esas lascas,
los fríos inviernos.
Ella se tocó la frente y dijo: Al fin y al cabo, tengo suerte,
esta es mi casa, mira, aquí puedo dormir.
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Luego vinieron los hombres rondando la casa,
el hombre aquel, aquellas cadenas.
Ella se tocó la frente y dijo:  Al fin y al cabo, tengo suerte,
alguien me va a cuidar, peor sería haberme quedado sola.
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Luego vino el día de la desgracia, del exilio,
las flores rotas de la cordura, la sal en la llaga.
Ella se tocó la frente y dijo: Al fin y al cabo, tengo suerte,
ahora puedo irme, aquí estaba peor.
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Luego vino el niño dorado,
niño de nadie,
niño hermoso de la gran ciudad.
Ella se tocó la frente y dijo: Al fin y al cabo, tengo suerte,
ha sido varón.
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Luego vino el día en que el joven se fue,
saltó mares, no tenía
buzón.
Ella se tocó la frente y dijo: Al fin y al cabo, tengo suerte,
allí tendrá una casa hermosa y una bella mujer.
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Sentada en la calle, la anciana
mendiga -ropa negra, cabeza
cubierta- ante una tienda
de leche y pan.
Se toca la frente y dice: Al fin y al cabo, tengo suerte,
estoy viva, tengo mis dos manos, puedo ver.
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Un círculo y una pequeña cruz
grabados con carbón en su frente nos cuentan
que un día, cuando era bebé,
su madre quiso protegerla del mal de ojo
y desearle una vida de plácidos quehaceres.

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Laura Casielles (Pola de Siero, Asturias, 1986)
Las señales que hacemos en los mapas
Libros de la Herida, Sevilla, 2014
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poeta sencillo y de poemas cortos y amenos que suele tener algún verso con magia y otro con ironía en cada poema. sin más

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miguel d'Ors

¿qué pueden saber ellos?

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Tus jefes, que te asaltan con papeles
incansables, preguntas, fotocopias,
mientras tú, la eficiente, la responsable, etcétera,
miras parapetada tras tus gafas
bifocales de abuela; la gente que te ve
salir del Corte Inglés con cuatro bolsas,
vertiginosa, a cuestas, hacia el taxi;
el taxista que estaba esperándote; todos
los que te escuchan cuando, traje sastre y cartera
de buena marca, das tus conferencias;
el butanero; el cura
que en medio de las Bienaventuranzas
te reconoce en la segunda fila;
tus padres, nuestros hijos,
                                               qué pueden saber ellos,
cómo sospecharían ni un instante
la que eres por las noches,
cuando los trajes sastre, las gafas bifocales,
la cartera, las bolsas y las buenas maneras
fueron quedando desparramados por los
pasillos, el despacho, la cocina,
y tú, colgada de mi ropa, ruges
como rugen las bestias en los documentales.
 
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Miguel d'Ors (Santiago de Compostela, 1946)
Sol de noviembre
Cuadernos de Poesía Númenor, Sevilla, 2005
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ulalume gonzález de león

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alejandrinos blancos para un nadador en cierne
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a Mr. George H. Fields
 
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Anochece temprano, estamos en invierno,
a las 7 p.m. marcarán los termómetros,
según el Canal 2, unos 14 grados.
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Aunque el agua está a 30, sería lo prudente
no quitarse las batas antes de tres minutos
de besos. Ya quitadas, tomarse medio más
para verse desnudos a luz (no habrá otra)
de los cuerpos. Y así ganado grado y medio,
clavarse en la piscina, nadar, nadar, nadar
como desesperados 60 metros: sólo
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entonces no sabremos dónde comienza el agua
ni dónde acaba el cuerpo. Y en prenatal tibieza
y flotantes abrazos, lentos celebraremos
nuestro primer encuentro de edénicos delfines
aunque los submarinos besos sepan a cloro.
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Y juro que no habrá resfriados, querido:
uniendo grandes toallas a malos pensamientos,
sí, nos valdrán sombrilla, viento, frío y distancia
al cruzar el jardín hacia la regadera
donde para empezar nos enjabonaremos
el uno al otro...
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Ulalume González de León (Montevideo, 1932)
Tigre la sed. Antología de poesía mexicana contemporanea 1950-2005
Ediciones Hiperión, Madrid, 2006
 
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olga novo

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vesubio

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                               Na memoria das traballadoras dos lupanares de Pompeia
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Se entro en erupción
ninguén está a salvo.
Desde neniña sei
que no fondo estou feita
de lava prófuga.

A miña columna de fume
ascende vértebra por vértebra
á estratosfera

Abrázote.
Abrásote.
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vesubio
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Si entro en erupción
nadie está a salvo.
Desde pequeña sé
que en el fondo estoy hecha
de lava prófuga.
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Mi columna de humo
asciende vértebra a vértebra
a la estratosfera.
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Te abrazo.
Te abraso.

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Olga Novo (Vilarmao, A Pobra do Brollón, Lugo, 1975)
Cráter
Toxosoutos, Noia, 2011
Versión de Andrés Vara

 

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víctor botas

las rosas de babilonia
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No me preguntes cómo pasa el tiempo
Li Kiu Ling

 

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No me preguntes cómo pasa el tiempo.
El caso es que ya estoy un poco sordo
y el pelo me blanquea. Sin embargo,
aún siento un no sé qué, algo muy tenue
(como un temblor de luna en un estanque),
aquí, justo en la boca del estómago,
cada vez que te miro. Qué curioso,
qué curioso, ¿verdad? Qué raro: el tiempo,
que en Babilonia destruyó las rosas,
que terminó con Júpiter y a polvo
redujo los imperios y las caras
(que todo se lo lleva por delante
como un rinoceronte enloquecido),
me parece que hoy se va a dejar
los dientes (por lo menos), en su inútil
empeño de ir borrándote esos ojos
que intactos -yo lo quiero- aquí se quedan.

 

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Víctor Botas (Oviedo, 1945-1994)
Poesía (1979-1992). 
Llibros del Pexe, Gijón, 1994
 
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vladimir holan

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bailarina
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Eres la única realidad que puede cambiar de nombre,
sin negar por ello nacimiento ni cuna... Y tal vez precisamente
        por ello
no he podido compararte nunca con propiedad
a un cuadro, una flor, una llama o al viento. Y tal vez precisamente
        por ello
siempre me han dado pena
tus hermosos sufridos pies descalzos,
sucios del polvo de las tablas. Y tal vez
precisamente
       por ello
eres para mí humana y terrenal y tu aliento, forzado
desde el vientre a los senos, que son agoreros
como dos tormentas en la noche de San Juan.
Tú actúas sin lagunas... Pero la música ruge y quiere beber
y se arrastra con el seductor crepúsculo de tus movimientos
      al menos hasta tu sudor,
mientras yo, que no puedo mentir, sin merecerlo veo
que todos los lugares para besar están
precisamente
      en ti.
Pero tú te vas despojando de ellos para siempre
pues ya no necesitas nada, ni siquiera a ti misma...
 
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Vladimir Holan (Praga, 1905-1980)
La gruta de las palabras. Obra selecta.
Círculo de Lectores, Barcelona, 2010.
Traducción de Clara Janés 
 
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adam zagajewski

cambio
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Hace meses que no escribo
ni un solo poema.
Vivía humildemente leyendo los periódicos,
pensando en el enigma del poder
y en las causas de la obediencia.
Contemplaba puestas de sol
(escarlatas, muy inquietantes),
sentía cómo callaban los pájaros
y cómo la noche iba enmudeciendo.
Veía girasoles que agachaban
la cabeza al ocaso, como si un desatento
verdugo paseara por los jardines.
En el alféizar se iba acumulando
el polvo dulce de septiembre
mientras las lagartijas se escondían
en los salientes muros.
Salía a dar largos paseos,
y deseaba tan sólo una cosa:
relámpagos, 
cambios,
a ti.
 
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Adam Zagajewski (Lvov -actualmente Ucrania-, 1945)
Tierra del fuego.
Quaderns Crema,
El Acantilado, Barcelona, 2004
 
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ben clark

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lo que voy a pedirte

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Lo que voy a pedirte no se pide
            ni se dice en una vida ni en varias.
                       Porque es el exacto ruego de los ahogados últimos,
                       es la cosa que no
                       llega a ser más que un vago intento,
                       una presunción de materia
                       entre el grito y la furia de lo que sí que existe;
                       la lluvia, el mar, los árboles talados
                       que esperan en la nieve.
Esto que quiero decirte hoy
             se murmuró en las cuevas con terror,
             en noches de noviembre cuando noviembre aún
                      estaba por descubrirse
                      y la gente se reunía porque no había otra cosa
                      que la gente, el calor de la miseria compartida.
Es el mismo favor que viaja lento,
             todavía, bajo las masas heladas que amaron los pioneros,
             donde no ha nacido nadie y al final han muerto todos.
Es también
             el mensaje que encontraron pintado sobre la proa
             de un buque sin tripulantes
             ni pasajeros, que atravesaba a solas el Pacífico
             persiguiendo las noches maoríes;
                      estaba escrito en el dialecto peligroso
                      de los pájaros extintos,
                      con las palabras bárbaras
                      que supieron domar los pueblos fieros
                      que conquistaron el sol
                      y luego ya no fueron nada:
                      mayoristas sin mácula en las islas
                      del mar Mediterráneo.
Vendrá la amenaza
             persiguiendo mis palabras, exigiendo tu silencio,
             vendrá la duda y debes recordar

                       ―en el centro del miedo trata de recordar―
             que lo más improbable era nacer

             y que encontrarte después 
                      ―descubrir cómo encontrarte―

             era aún más difícil.

Así que piensa en los pozos
              de las vastas llanuras cuando escuches el viento 
                        ―lo que voy a pedirte―,
cuando ponga en mi boca
la sencilla pregunta de los tiempos sencillos.

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Ben Clark (Ibiza, 1984)
La fiera
Editorial Sloper,
Palma de Mallorca, 2014

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dionisia garcía

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Si lo deseas, podemos visitar los sitios nuevos,
donde se toman copas y los jóvenes hablan
y se besan, ajenos por la dicha,
a pesar del volmen de la música.
Fui una noche y me sentí furtiva.
Ellos ni siquiera miraban.
En un rincón, con un vaso en la mano,
bebía sorbo a sorbo advirtiendo el disfrute
de los pocos años, tan distintos
a mis años de entonces (inclementes y tristes,
solitarios, pero también hermosos).
Fue allí, desde mi sitio aparte,
y casi despidiéndome del gozo de la vida,
donde aplaudí, y entonces me miraron.
 
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Dionisia García (Fuente-Alamo, Albacete, 1929)
Cordialmente suya (Antología 1976-2007)
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2008
 
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circe maia 

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prometeo 
(de un cuento de kafka)
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Hay otras posibilidades sobre Prometeo
que los griegos no vieron:
el olvido, el cansancio.
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A través de los siglos la traición fue olvidada.
Se olvidaron los dioses, se olvidaron las águilas.
El propio Prometeo, después de tanto tiempo
de su horrible castigo ha olvidado la causa.
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Y también el cansancio:
se cansaron los dioses, se cansaron las águilas.
La herida, finalmente, se cerró de cansancio.
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Solo quedó el peñasco inexplicable
frente al violento mar
inexplicado.
 
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Circe Maia (Montevideo, 1932)
El puente invisible
Poemas seleccionados
Universidad de Pittsburgh 2015
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