humana voz

 

 

Duele la cicatriz de la luz,

duele en el suelo la misma sombra de los dientes,

duele todo,

hasta el zapato triste que se lo llevó el río.

 

Duelen las plumas del gallo,

de tantos colores

que la frente no sabe qué postura tomar

ante el rojo cruel del poniente.

 

Duele el alma amarilla o una avellana lenta,

la que rodó mejilla abajo cuando estábamos dentro del

agua

y las lágrimas no se sentían más que al tacto.

 

Duele la avispa fraudulenta

que a veces bajo la tetilla izquierda

imita un corazón o un latido,

amarilla como el azufre no tocado

o las manos del muerto a quien queríamos.

 

Duele la habitación como la caja del pecho,

donde palomas blancas como sangre

pasan bajo la piel sin pararse en los labios

a hundirse en las entrañas con sus alas cerradas.

 

Duele el día, la noche,

duele el viento gemido,

duele la ira o espada seca,

aquello que se besa cuando es de noche.

 

Tristeza. Duele el candor, la ciencia,

el hierro, la cintura,

los límites y esos brazos abiertos, horizonte

como corona contra las sienes.

 

Duele el dolor. Te amo.

Duele, duele. Te amo.

Duele la tierra o uña,

espejo en que estas letras se reflejan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vicente Aleixandre

La destrucción o el amor

Premio Nobel 1977

Obras completas

Volumen I – poesía (1924-1967)

Prólogo de Carlos Bousoño

biblioteca de premios nobel

aguilar s a de ediciones 

segunda edición-primera reimpresión-1978

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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