alejandra pizarnik

 

 

devoción

 

 

 

 

Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados

a ella, la muerte y la niña tomaban el té. Una muñeca estaba

sentada entre ellas, indeciblemente hermosa, y la muerte y la

niña la miraban más que al crepúsculo, a la vez que hablaban por

encima de ella.

-Toma un poco de vino -dijo la muerte.

La niña dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la

mesa, otra cosa que te.

-No veo que haya vino -dijo.

-Es que no hay -contestó la muerte.

-¿Y por qué me dijo usted que había? -dijo.

-Nunca dije que hubiera sino que tomes -dijo la muerte.

-Pues entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo

-respondió la niña muy enojada.

-Soy huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada

-se disculpó la muerte.

La muñeca abrió los ojos.

 

 

 

 

 

 

1965

 

 

 

Prosa completa

Alejandra Pizarnik

Edición a cargo de Ana Becciu

Prólogo de Ana Nuño

Lumen Palabra en el Tiempo

317

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

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