un rostro

 

 

Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: que no haya

mirar sin ver. Cuando miras su rostro -por pasión, por necesidad

como la de respirar- sucede, y de esto te enteras mucho después,

que ni siquiera lo miras. Pero si lo miraste, si lo bebiste como sólo

puede y sabe una sedienta como tú. Ahora estas en la calle; te

alejas invadida por un rostro que miraste sin cesar, pero de súbito,

flotante y descreída, te detienes, pues vienes de preguntarte

si has visto su rostro. El combate con la desaparición es arduo.

Buscas con urgencia en todas tus memorias, porque gracias a una

simétrica repetición de experiencias sabes que si no lo recuerdas

pocos instantes después de haberlo mirado este olvido significara

los mas desoladores días de búsqueda.

Hasta que vuelvas a verlo frente al tuyo, y con renovada esperanza

lo mires de nuevo, decidida, esta vez, a mirarlo en serio, de

verdad, lo cual, y esto también lo sabes, te resulta imposible, pues

es la condición del amor que le tienes.

 

 

Paris, mayo de 1962

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prosa completa

Alejandra Pizarnik

Edición a cargo de Ana Becciu

Prólogo de Ana Nuño

Lumen Palabra en el Tiempo

317

 

1. Hoja mecanografiada y fechada. Publicado posteriormente en La Gaceta, Buenos

Aires, 29 de mayo de 1966. lncluído en El deseo de la palabra, Ocnos, Barcelona,

1972.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

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