doutzen-kroes

 

 

 

 

 

 

 

 

‘Mi fórmula para el éxito es levantarme pronto, trabajar hasta tarde y encontrar petróleo’, que viene

a ser lo que podría decir Doutzen, solamente que a ella le afloró el suave petróleo de la belleza, que

puede ser una materia prima muy cotizada a partir de cierto grado de perfección, como sucede con

los diamantes y otras piedras preciosas.

Uno es que no termina de encontrarse cómodo ante la belleza tan delicada, frágil y perfecta de Doutzen,

quizá porque la hace parecer menos humana, tal vez como prefabricada o de diseño, o como si hubiera

vivido siempre protegida como un objeto de alto valor, con todas las líneas de su perfil milimétricamente

ajustadas, sin un rasguño en su piel de oro.

Doutzen no tiene reverso ni gusanos azules, es solamente la unidad sin noticias, sin verdes, con una

mirada directa y persistente y con ganas, con una rotunda inocencia fresca, escolar.

Todos los ceros que se añaden a su número van a la derecha y aumentan su elevada cotización, mientras

ella deja que el pelo rubio le despeine discretamente la cara, sólo por poner un mínimo desorden, una

pequeña alteración que la haga más atractiva, así vemos sus ojos como entrecruzados por la brisa.   

 

Lo que les falta a los helados es, solamente, ser ilegales: la menta prohibida, con peligro, tendría el sabor

multiplicado de la fruta robada, devorada a mordiscos urgentes; con ese algo que tienen las cosas prohibidas:

tal vez el reto, el desafío que inyecta más vida a la vida, que agudiza los sentidos y los sabores, que embellece

y envenena la piel de las muchachas hasta hacerla casi insoportable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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