aníbal núñez

1970

 

 

 

nada queda de nuestro

palomar blanco

 
 
Nada queda de nuestro
 
palomar blanco, donde
 
sentimos el primer
 
vértigo nada queda
 
del almendro en el que
 
imaginábamos lianas
 
y éramos dos tarzanes nada queda
 
de la tapia que el mundo dividía
 
en territorio apache
 
y en territorio sioux nada queda
 
del cuarto de las ratas
 
que olía a viejas historias y tampoco
 
queda nada me han dicho
 
de la terraza ni de la
 
galeria de cristal donde el sol en invierno
 
se acurrucaba como un gato nada
 
queda de la escalera
 
de caracol ya nada
 
del jardín con castaños con acacias
 
con ¿qué? donde aprendimos a montar
 
en bicicleta nada
 
queda de nuestra casa
 
primera 
                     Hay una valla
 
y detrás nada, los expertos
 
han medido el terreno con sus metros cuadrados
 
con sus gafas cuadradas han aojado el terreno
 
con sus zapatos negros han sumado la tierra
 
de nuestra infancia que hoy no tiene
 
dónde meterse:
                           
                        está prohibido
 
el paso a los ajenos a la obra.
  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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