EL NUDO DE LA CAMA

POEMAS DE AMOR ANNE SEXTON

TRADUCCIÓN E INTRODUCCIÓN DE BEN CLARK

LINTEO, ORENSE. 2009

166 PÁGINAS

JAIME SILES



Asistimos a un revival de Anne Sexton, propiciado por la traducción no hace mucho de Vive o muere, hecha por

Julio Mas Alcaraz, precedida de un enjundioso prólogo, y continuada ahora por la de estos Poemas de amor, vertidos

por Ben Clark.

Entre ambas publicaciones hay esa interna relación que mantiene el todo con las partes, ya que en la minuciosa

observación de los detalles es donde el sentido del conjunto de una obra mejor se puede apreciar.

Love Poems -del que se han llegado a vender más de cien mil ejemplares- no es una teoría del amor ni una visión

encendida del mismo: es una experiencia narrativizada, hecha a distancia y en secuencias y hasta con cierta frialdad,

que despliega un abanico de situaciones centradas en la conciencia y el placer del adulterio, pero cuyo interés remite

a la desesperada búsqueda del otro y de lo otro, y a -lo que viene a ser lo mismo- la angustia de la identidad.


DIÁLOGO DE LAS MANOS. Identidad y lenguaje caminan aquí juntos, y no como metáfora sino como historia de un

problema que «no estaba ni en la cocina ni en los tulipanes» sino en la cabeza, que inicia su comunicación con el diálogo

de las manos y que tiene su floración en la boca. Textos simbólicos y herméticos dan paso a otros como «El pecho»,

caracterizado por su explicitud erótica pero también por su disposición formal, rasgo éste que no anula su confesionalismo

sino que le da una distinta formulación.

El amor pasional no recibe el tratamiento repetitivo y obvio a que la tradición lo ha reducido sino otro, bastante más

complejo que el usual: «El interrogatorio del hombre de muchas razones» es un ejemplo de ello, y uno de los poemas que

mejor traducen el mundo de Anne Sexton, sus asociaciones de sentido y su interioridad. Pero hay otros en los que el lector

es testigo de un intenso espectáculo físico, en el que «el amor está donde está el ayer», y no faltan los que -como «En

celebración de mi útero»- el ritmo casi es más significativo que la semántica.

Sexton derrocha plasticidad expresiva y vitalismo en los poemas-pintura, próximos a algunas composiciones de Matisse.

El color que más le atrae no es el «rojo del todo / sino el color de la rosa cuando sangra» y se identifica con el fucsia

de Elsa Schiaparelli: no otro es el talismán que rige construcciones poéticas desarrolladas en torno a -y a partir de- un

objeto concreto sometido a una centrifugación tan concéntrica y circular como acelerada y abstracta.


LA FIRMA DEL YO. Uno de sus mejores poemas -por el punto de vista que adopta quien en ellos habla- es «A mi amante,

regresando junto a su esposa», un texto que supone una innovación temática en la historia literaria. Anne Sexton aprendió

mucho del cuento corto y de la novela, acuñó personajes y situaciones universalizables pero propios, y se atrevió a desafiar

el conservadurismo moral americano de su época tematizando zonas prohibidas u oscuras de la realidad. Su obra es de

una gran osadía y lleva lo que ella misma llama la condición escrita de su carne: «La primordial firma del yo», a cuyas

disfunciones no quiso renunciar nunca y en las que encontró su principal fuente de inspiración. Para ella la mujer es, «en su

belleza animal, lo único visible». Pero así como no toda escritura amorosa es necesariamente erótica, y al revés, la de Sexton

deambula también por otros cauces, como los que abre «Sólo una vez», uno de sus poemas menos paradigmáticos y que,

sin embargo, contiene el sentido de su más angustiosa y angustiada reflexión.

Aunque se suele juzgar la poesía de Anne Sexton por el desarrollo y la complejidad de sus textos más largos, el lector

no debe desatender la contundencia y carácter compacto de los breves: epigramas que no llegan a convertirse del todo en

elegías y se mueven en el territorio intermedio entre los dos o que se sintetizan en una lírica concentrada que la autora

denomina «canción», aun cuando no lo sea, o que se reducen a rápidas anotaciones, que no siempre contienen un poema,

pero que, a veces sí lo son.

Ben Clark ha sabido encontrar el tono lingüístico adecuado para reflejar el carácter singular de este mundo, que su autora

tal vez exageró y ficcionalizó hasta transformar la anécdota en obra de arte. Y acaso sea esto lo que más nos sorprende de

esta obra: el modo en que su autora poetiza mundos reales o ficticios haciendo que no se pueda distinguir entre los dos y que

sintamos el carácter doble de lo mismo. ■

 


 

 

 

 

 

 

2 Comentarios

  1. Me pregunto por la intención del autor del texto. Si es aburrir al lector, lo consigue con creces. Entiendo que hay gente superdotada que se aburre, pero mejor que no nos intente aburrir a los demás. Este tipo de escritos que creen destripar los secretos de la escritura de poetas de la complejidad y altura de Sexton…

  2. Vlad: supongo que estamos en lo mismo… las interpretaciones

    de los poetas son penosas y deberían estar prohibidas; pero en este caso,

    se trata solamente de una reseña, de un artículo de diario, de un poeta

    sobre una poeta. Más que aburrido -o además de aburrido- posiblemente es

    innecesario.

    Gracias

    Narciso

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