antonio gamoneda

 

 

 

un armario lleno de

 

 

 

 

 

sombra

Galaxia Gutenberg, Barcelona

2010

 

         

Ayer

abrí el armario lleno de sombra.

Vi

cauterios, cánulas, metileno, cintas

con leyendas doradas, crucifijos

y tejidos nupciales, su blancura

inmóvil en sí misma.

Vi

sargas raídas que ocultaron un

rostro sin lágrimas y consideré el óxido

en las monedas del pasado.

Vi,

en rama de cristal, los alcaloides

del estertor azul, los inyectados

por Amelia Lobón, bordadora y asmática,

viuda viviente y

agonizante enamorada.

Un

largo instante, aspiré

el olor a tristeza de sus manos.

Era

ya último el sol.

Suavemente,

acerqué mi silla a la ventana y

descansé la mirada.

   

 

 

 

 

 Vi

temblar el lauro que habitaron las tórtolas.

Aún sostiene las esferas sangrientas

que en verano seducen a los pájaros

y que Cecilia amor mío

no arrancará nunca del lauro.

Así

es mi atardecer, mi última

serenidad.

A veces,

alzo la mano y saludo a la noche

que ya desciende hacia los restos del día.

Así

podrá ser también otro día, otra tarde,

en que, apenas desvelado, alce

mi mano en la costumbre y,

con ignorada dulzura,

con imperceptible

amor, salude

fugazmente

a la muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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