faik

 

Has retornado a mis venas.

Es sospechosa tu dulzura, tan semejante a cuando vendías luz y

[mentiras sagradas

 

 

Te reconozco en tu negación. En las tardes inmóviles,

entrabas en ti mismo y te ocultabas en un temblor de párpados

al advertir la proximidad de los pájaros incandescentes

que anidan en tus celdas cerebrales.

 

 

La locura se abría en ti como una flor. Vi sus pétalos negros.

Sucedían tus accidentes: el estertor de tu máquina invisible y,

colérica y una vez más, la dulzura.

 

 

Crujías bajo mis manos pero era inútil la misericordia articular.

[Crujías

atravesado por una música amarilla. Y gritabas. Gritabas

hasta que tus gritos creaban el amanecer.

 

 

Eras intocable como un sable indeciso

sobre una mujer que llora. Cuando despertabas

te envolvías en una gran sábana. Volvías a ti mismo

y tus heces adquirían en ti

la perfección intacta de la luz.

 

 

Te reconozco aunque te escondas bajo la piel del ébano

Finges amor hasta crear un verdadero amor

y ahora estás amando en mí. Te reconozco.

 

 

Gimes como un perro herido en el interior de mi pecho. ¿Recuerdas

cuando te acostabas sobre mi corazón?

Ahora, insomne en la muerte, has venido a comprar mis ojos. Así

es tu causa, tu astucia kurdistana.

 

 

Buscas tus documentos incestuosos, tus profecías en la virtud de la

[epilepsia

y aquellos códices de la sabiduría que permite

ser feliz en el fuego

 

 

Tú acuñabas monedas únicamente válidas

en los mercados de frutos y tinieblas.

Pero tú no adquirirías otros frutos que los que arden en el cuerpo de

[tus hermanas

y también y tan sólo tinieblas maternales.

 

 

Ah los frutos y las tinieblas en tus manos,

mercantilmente triste o accidentalmente vivo

en Nueva York o en Nasría.

 

 

Eres bello y horrible. Tú me induces al adulterio con cuerpos desollados

y a la fornicación sobre la púrpura.

 

 

No puedo abandonarte, sin embargo, a tu propia inclemencia:

tú estás soñando mis sueños

y amas en mí lo que no es tuyo.

 

 

Has abrevado en manantiales ciegos y te has erguido en la demencia.

En rigor, no te necesito: hay suficiente impureza en mi corazón.

 

 

Pero tú eres mi sacramento negro, la última

sustancia de mis venas.

 

 

 

 

 

[Faik Hussein, irakí de ascendencia kurda, fue torturado en los primeros años 70 por la policía que coman-
daba el entonces vicepresidente Saddam Hussein. Logró huir, pero afectado por una epilepsia de origen
traumático. Estudió Bellas Artes en España y residió en distintos países de Europa y América. Anualmente,
buscaba el encuentro con su madre y sus hermanas en Siria. Como poeta, dibujante y grabador, su crea-
ción, pese a sus enloquecidas convulsiones, se confundía con la genialidad. Amaba cornpulsivamente el
dinero y las mujeres. Vivió finalmente en USA. Llegó a hacer el dibujo de primera plana del New York
Times, que lo expulsó a causa de una viñeta de signo antisionista. Murió en Nueva York, en 2005.]

 

 

República de las Letras nº 118

Revista de la Asociación Colegial de Escritores de España

octubre 2010