del culantro

 

 

 

No se puede encubrir el culantro. Bebido, vuelve ronca la voz y engendra un furor como el de los embriagados, acompañado de palabras deshonestas, además de que esparce por todo el cuerpo del que lo bebe su propio olor, que recuerda la orina de las acémilas.

Socorreremos a los que haya ofendido dándoles a beber vino con ajenjos. Podemos así mismo darles huevos destemplados con salmuera, o la salmuera misma bebida por sí.

Avicena quiere que solamente el culantro verde, y no el se­co, tenga facultad venenosa y estupefactiva, con la cual engendre vahídos, furores, borrachez y bobería, y que el seco haga los efectos contrarios.

Esto repugna, a la razón, visto que cualquier planta seca, aunque tenga menos humor que la verde, no por eso deja de poseer la misma propiedad y virtud, aunque más remisa y flaca. Porque si la simiente del culantro, después de se­ca, produjese efectos contrarios a los que produce la verde, sería necesario que se permutase en otra especie y naturaleza contra­ria.

Por tanto, concluyo que los que indiscretamente tienen en frecuente uso el culantro, se someten a muchas y muy crueles enfermedades, las cuales poco a poco se engendran y, después, cuando no se catan, acuden sin que se sepa de dónde proceden.

Verdad es que, estando bien preparado con vinagre, el culantro pierde mucha de su maldad y se vuelve más agradable al gusto, cobrando un no sé qué útil a la cabeza.

 

 

 

 

 

 

LIBRO DE LOS VENENOS

Corrupción y fábula del Libro Sexto

de Pedacio Dioscórides y Andrés de Laguna,

acerca de los venenos mortíferos

y de las fieras que arrojan de sí ponzoña

 

 

Ediciones Siruela 1997