a. r. ammons

basura y otros poemas

Título original: Garbage / Collected Poems (selección)

A, R. Ammons, 1972

Traducción: Daniel Aguirre Oteiza & Marcelo Cohen

Lumen

 

Library of Congress

Cataloging-in-Publication Data

Ammons, A. R.

garbage by A. R. Ammons

to the bacteria, tumblebugs, scavengers,

wordsmiths—the transfigurers, restorers

a bacterias, escarabajos peloteros, carroñeros, forjadores de palabras: los transfiguradores, restauradores

 

 

Parts I through 5 appeared under the title “Garbage” m The American Poetry Review, March/April 1992.

Part 6 appeared under the title “Radiant Days” in CrossRoads, Fall 1992.

Part II appeared under the title “Going Places” in Pearl, December 1992.

My thanks to those assisting in these appearances.

 

«BASURA», O LA TRADUCCIÓN ENTRE EL VERTEDERO Y EL VERTIDO

 

 

Basura se conforma en torno a la imagen central de un dump; esto es, un vertedero. El vertedero constituye una imagen idónea para acercarse a la traducción de este poema, y es que para verter a otra lengua los 2. 217 versos prácticamente ininterrumpidos que lo integran conviene tener presente una premisa clave de su composición: tratar la lengua como un vertido incesante, como la inagotable materia que se procesa en un basurero. Archie Randolph Ammons (Whiteville, Carolina del Norte, 1926 – Ithaca, Nueva York, 2001) buscaba un tema inagotable en 1987 cuando vio una montaña de desperdicios mientras conducía rumbo al norte por una autopista de Florida. Ammons mecanografió el poema, veloz e improvisadamente, en un rollo de papel para calculadora y luego partió el papel en dieciocho secciones de aproximadamente un pie de longitud.

Semejante materia requería una forma flexible donde cupiera volcar la lengua en un persistente proceso de deformación: una forma dialéctica capaz de plasmar el incesante transcurrir entre lo concreto y lo abstracto, lo orgánico y lo inorgánico, lo hecho y lo deshecho, lo aprovechable y lo desechable, lo sublime y lo vil, la vida y la muerte. Se trataba de escribir una pieza simultáneamente larga y comprimida, abierta y ajustada al correr de un verso proliferante: un universo entendido como «un profundo lugar que arruinar, un vertedero donde siempre / cabrá crear espacio por compactación». Según Ammons, el poema largo soporta bien la improvisación y la multiplicidad si se construye conforme a un eje organizador. La imagen del vertedero permite que cualquier cosa que suceda durante la escritura se sume a la pieza y quede vinculado a ella como un reflejo de su derramamiento. Así, el vertedero da cabida a la fragmentación, la discontinuidad y, también, la reflexión sobre las condiciones de posibilidad del poema.

El signo que encauza el vertido de tal «despropósito de poesía» es el colon: concretamente, los dos puntos, signo ortográfico idóneo para indicar vínculos indefinidamente abiertos. Junto con las minúsculas, los dos puntos son para Ammons signos democráticos porque dejan que múltiples registros lingüísticos discurran por el poema en pie de igualdad. Es más, los dos puntos sugieren que a lo vertido en la página siempre precede y sucede algo, incluso poemas de forma cerrada como los Cuatro cuartetos de T. S. Eliot, que asoman irónicamente fragmentados: «en tu fin está mi principio: el operario devuelve el saludo al comisario»; «en tu fin está mi principio, repito; también / mi fin; mi fin, de hecho, es tu principio, en cierto modo».

De este modo el poema es concebido como un incesante transcurrir, un continuo volcarse con cabida, en principio, para todo y para todos, conforme a una suerte de ecología poética lejanamente deudora de la cosmología de Ralph Waldo Emerson. La economía textual de Basura presenta una dimensión política en consonancia con la corriente poética estadounidense interesada en la creación de un verso libre a la medida del proyecto de América imaginado por Walt Whitman. Ahora bien, si con sus proféticas hojas de hierba Whitman se encomendaba a la tierra, citando al lector y prometiéndole buena salud, bajo la pautada medida que marca el milenarismo invertido de Basura Ammons espera que cunda «un largo reguero de bazofia».

El colon multiplicado que articula Basura es, con todo, una sencilla vía de formalización para lo informe, un lugar «donde el residuo / fluye hasta deformarse», como lo son las mil y pico parejas de versos repartidas en secciones que lo componen. Los signos de puntuación, los dísticos y las secciones no son más que partes de un telar concebido para poner de relieve la materia aleatoria y desbordante que va entreverándose hasta configurar el texto: «estoy pasándome / al pasar tantos hilos y dejar que se escapen tantos puntos en este / ir tejiendo que gira en torno a…, qué». No en vano los dísticos están a menudo abruptamente encabalgados. Los versos no están construidos silábicamente (el cómputo varía entre siete y veintitantas sílabas), ni acentualmente, aunque predomine cierto aire de pentámetro. De ahí que Basura se asemeje a «un tejido que no está diseñado para / quedar cortado y acabado como un tapiz».

Dada una escansión tan variable, el patrón formal básico que sostiene Basura más allá de la primera impresión visual difícilmente puede ser el verso propiamente dicho. Además, el poema está integrado de oraciones muy abiertas, a menudo desprovistas de la puntuación necesaria para marcar netamente el fin del sentido gramatical y lógico. Por tanto, abundan las cláusulas equívocas, formas rayanas o volcadas en lo informe, indefinidas entre la afirmación y la pregunta. Al margen de las abreviaturas, el conjunto del poema contiene solo seis puntos: excepto el final, todos menos uno van seguidos de minúscula. Por tanto, Basura es y no es verso, es y no es una sola oración: es una oración prolongadamente porosa, sumergida en el incesante verterse del poema. Estos rasgos formales dan lugar a un ritmo muy irregular, pero persistentemente propulsivo, con un eco lejano de los experimentos prosódicos de William Carlos Williams y seguidores suyos como Charles Olson, promotor del verso proyectivo.

Tonalmente, Basura también constituye un paradójico intento por amoldarse a la multiplicidad: los registros culto, común, coloquial y vulgar conviven con términos de las ciencias naturales y citas bíblicas y literarias; combinaciones anagramáticas, arcaísmos y voces derivadas del latín y el griego se alternan con formas anglosajonas y vernáculas estadounidenses. Pero la dicción de Ammons no se distingue tanto por su complejidad como por su compresión, elasticidad y aspereza, rasgos que distinguen asimismo su insistente uso de asonancias y aliteraciones, así como su desconcertante despliegue de gradaciones, su vertiginosa combinación de clímax y anticlímax.

En sus absorbentes escritos sobre métrica y traducción, Tomás Segovia propuso una solución de compromiso para el problema de traducir el verso en inglés al español: la métrica «sumergida» de una silva modernista heredera de la flexibilidad petrarquista. De acuerdo con los argumentos reunidos en una nota suya sobre la traducción de Hamlet, existe una regularidad métrica en sílabas pares, un patrón yámbico común a los esquemas dominantes en las respectivas tradiciones: el pentámetro y el endecasílabo. Según el oído segoviano, en un «ambiente» endecasílabo donde priman los acentos en la sexta sílaba o en la cuarta y la octava, cabe articular un verso elástico de ritmo sostenido.

Esta traducción se construye con un esqueleto similar. No se trata de un patrón estricto: como la esquinada musicalidad de Ammons, abunda en licencias, cabos sueltos y líneas discontinuas. Los entrecortados no son solo métricos: los encabalgamientos del original a veces se transforman para preservar cierta regularidad en las parejas de versos. A su vez, estos ajustes causan nuevas hipermetrías e irregularidades sintácticas. Dotado de una forma tan dúctil y hasta defectuosa, el poema en castellano habría de sugerir un vertido de lo informe semejante al que precariamente contiene y promueve Basura.

DANIEL AGUIRRE OTEIZA

Cambridge, 2013

 

1

 

 

Creepy little creepers are insinuatingly

curling up my spine (bringing the message)

 

saying, Boy!, are you writing that great poem

the world’s waiting for: don’t you know you

 

have an unaccomplished mission unaccomplished;

someone somewhere may be at this very moment

 

dying for the lack of what W. C. Williams says

you could (or somebody could) be giving: yeah?

 

so, these little messengers say, what do you

mean teaching school ( teaching poetry and

 

poetry writing and, wasting your time painting

saber little organic, meaningful pictures)

 

when values thought lost (but only scrambled into

disengagement) lie around demolished

 

and centerless because you (that’s me, boy)

haven’t elaborated everything in everybody’s

 

face, yet: on the other hand (I say to myself,

receiving the messengers and cutting them clown)

 

who has done anything or am I likely to do

anything the world won’t twirl without: and

 

since SS’s enough money (I hope) to live

from now on on in elegance and simplicity—

 

or, maybe, just simplicity—why shouldn’t I

at my age (63) concentrare on chucking the

 

advancements and rehearsing the sweetnesses of

leisure, nonchalance, and small-time byways: couple

 

months ago, for example, I went all the way

from soy flakes (already roasted and pressed

 

and in need of an hour’s simmering boil

to be cooked) all the way to soybeans, the

 

pure golden pearls themselves, 65c. lb. dry: they

have to be soaked overnight in water and they

 

have to be boiled slowly for six hours-but

they’re welfare cheap, are a complete protein,

 

more protein by weight than meat, more

calcium than milk, more lecithin than eggs,

 

and somewhere in there the oil that smoothes

stools, a great virtue: I need time and verve

 

to find out, now, about medicare/medicaid,

national osteoporosis week, gadabout tours,

 

hearing loss, homesharing programs, and choosing

good nutrition! for starters! why should I

 

be trying to write my flattest poem, now, for

whom, not for myself, for others?, posh, as I

 

have never said: Social Security can provide

the beans, soys enough: my house, paid for for

 

twenty years, is paid for: my young’un

is raised: nothing one can pay cash for seems

 

very valuable: that reaches a high enough

benchmark for me-high enough that I wouldn’t

 

know what to do with anything beyond that, no

place to house it, park it, dock it, let it drift

 

clown to: elegance and simplicity: I wonder

if we need those celestial guidance systems

 

striking mountaintops or if we need fuzzy

philosophy’s abstruse failed reasonings: isn’t

 

it simple and elegant enough to believe in

qualities, simplicity and elegance, pitch in a

 

little courage and generosity, a touch of

commitment, enough asceticism to prevent

 

fattening: moderation: elegant and simple

moderation: trees defined themselves (into

 

various definitions) through a dynamics of

struggle (hey, is the palaver rapping, yet?)

 

and so it is as if there were a genetic

recognition that a young tree would get up and

 

through only through taken space (parental

space not yielding at all, either) and, further:

 

so, trunks, accommodated to rising, to reaching

the high light and deep water, were slender

 

and fast moving, and this was okay because

one good thing about dense competition is that

 

if one succeeds with it one is buttressed by

crowding competitors; that is, there was little

 

room for branches, and just a tuft of green

possibility at the forest’s roof: but, now,

 

I mean, take my yard maple-put out in the free

and open-has overgrown, its trunk

 

split clown from a high fork: wind has

twisted off the biggest, bottom branch: there

 

was, in fact, hardly any crowding and competition,

and the fat tree, unable to stop pouring it on,

 

overfed and overgrew and, now, again, its skin’s

broken into and disease may find it and bares

 

of one kind or another, and fungus: it just 

goes to show you: moderation imposed is better

 

than no moderation at all: we tie into the

lives of those we lave and our lives, then, go

 

as theirs go; their pain we can’t shake off; 

their choices, often harming to themselves,

 

pour through our agitated sleep, swirl up as

no-nos in our dreams; we rise severa! times

 

in a night to walk about; we rise in the morning

to a crusty world headed nowhere, doorless:

 

our chests burn with anxiety and a river of 

anguish defines rapids and straits in the pit of

 

our stomachs: how can we intercede and not 

interfere: how can our lave move more surroundingly,

 

convincingly than our premonitory advice

Criaturas menudas, inmundas, insinuantes, están trepando

por mi columna, enroscándose (trayéndome el mensaje),

 

diciendo, chico, estás tú escribiendo ese gran poema

que el mundo está esperando: es que no sabes

 

que aún te queda por cumplir una misión que cumplir;

quizás en este preciso instante alguien esté en alguna parte

 

muriendo por la falta de lo que W. C. Williams dice

que tú podrías (o alguien podría) estar dando: ¿a que sí?

 

entonces, dicen estos menudos mensajeros, tú qué

pretendes al enseñar en la escuela (al enseñar «poesía» y

 

«escritura de poesía» y malgastar el tiempo pintando

cuadros menudos, sobrios, orgánicos y significativos)

 

cuando valores que se creían perdidos (pero tan solo estaban

revueltos y desavenidos) se hallan tirados, demolidos

 

y carentes de centro porque tú (o sea, yo, chico)

no lo has elaborado todo en la cara de todo

 

el mundo todavía: por otro lado (me digo, mientras voy

recibiendo a los mensajeros y acabando con ellos),

 

quién ha hecho algo o acaso cabe esperar que haga yo

algo sin lo que el mundo vaya a dejar de dar vueltas: y

 

ya que la SS da suficiente dinero (espero) para vivir

de ahora en adelante con elegancia y sencillez

 

—o, tal vez, solo con sencillez—, por qué no habría yo,

a mis 63 años de edad, de concentrarme en quitarme

 

de promociones y ensayar las delicias del ocio,

la despreocupación y los modestos caminos vecinales: hace

 

un par de meses, por ejemplo, recorrí todo el camino

desde los copos de soja (vienen tostados y prensados

 

y si se hierven a fuego lento están listos

en una hora) hasta los mismos brotes de soja, nada

 

menos que puras perlas doradas, 65 cent. la

libra en seco: se dejan toda la noche a remojo y luego

 

seis horas más cociendo lentamente; pero son tan baratas

que basta el paro para pagarlas, son una proteína completa,

 

más proteína que la carne del mismo peso, más

calcio que la leche, más lecitina que los huevos,

 

y en algún sitio ahí dentro el aceite que suaviza las

deposiciones, una gran virtud: me faltan tiempo y brío

 

para enterarme, ahora, de la asistencia a mayores y necesitados,

la semana nacional de la osteoporosis, los tours para andariegos,

 

la pérdida de oído, los programas de vivienda compartida, y decidir

alimentarme bien: eso para empezar… ¿por qué habría yo

 

de intentar escribir ahora mi poema más plano?, ¿y para

quién?, ¿para mí no?, ¿para otros?, vaya pijada, y yo

 

jamás he dicho eso: la Seguridad Social puede proporcionar

brotes y soja suficientes: mi casa, ya pagada después

 

de veinte años, está pagada ya: ya tengo a mi chaval

criado: nada de lo que pueda uno pagar al contado

 

parece bien valioso: esto alcanza una cota

bastante alta para mí, tan alta que no sabría

 

qué hacer con nada a partir de ahí, ni de ningún

lugar donde alojarlo, aparcarlo, atracarlo o dejarlo caer

 

de cualquier modo: elegancia y sencillez: me pregunto

si nos son necesarios esos celestiales sistemas de guía

 

que dan con cimas de montaña o si necesitamos los fallidos

razonamientos abstrusos de la filosofía difusa: es que no

 

es suficientemente sencillo y elegante creer en

cualidades —la sencillez y la elegancia— y echarle un

 

poco de valentía y generosidad, un punto de

responsabilidad, el ascetismo suficiente para evitar

 

engordar: moderación: elegante y sencilla 

moderación: los árboles se definieron (hasta abarcar

 

definiciones varias) mediante una dinámica de

luchas (oye, ¿es que toca ya palabrería o qué?),

 

y así es, como si hubiera un reconocimiento

genético por el que un árbol joven se elevase y abriera

 

paso pasando tan solo por un espacio tomado (el parental 

tampoco cedería ninguno), y, aún más:

 

así, los troncos, acomodados a alzarse, a alcanzar

la luz más alta y el agua más profunda, eran delgados

 

y se movían veloces, y esto valía porque

lo bueno de esta apretada competencia es que,

 

si uno triunfa en ella, cuenta con el apoyo de

toda una masa de competidores; o sea, había poco

 

espacio para ramas, y nada más que una mata verde

de posibilidad en la techumbre del bosque: ahora, en cambio,

 

de veras, fíjate en el arce de mi jardín: medró en libertad,

al descubierto, y ha crecido de más, tiene el tronco

 

hendido por una horqueta alta y el viento le ha

torcido y desgajado la rama más grande y más baja: ahí,

 

en realidad, no había apenas masificación y competencia,

y el árbol, grueso, incapaz de detener tanto ímpetu,

 

se alimentó de más, creció de más, y ahora tiene otra vez

la piel rota y abierta, y pueden dar con él enfermedades,

 

taladros de uno u otro tipo, y hongos: queda

con esto demostrado: mejor moderación impuesta

 

que nada de moderación: nos vinculamos a la

vida de quienes queremos y nos va entonces la vida

 

como les va la suya a ellos; de su dolor no nos zafamos;

sus decisiones, perjudiciales a menudo para ellos,

 

calan nuestro agitado dormir, se arremolinan, rebosan como

nones en nuestros sueños; nos levantamos varias veces

 

en una misma noche para deambular; nos levantamos por la mañana

en un mundo iracundo rumbo a ninguna parte, sin puerta:

 

nos arde el pecho de ansiedad y un río de

angustia nos define rápidos y estrechos en la boca misma

 

del estómago: cómo podemos interceder sin llegar a

interferir: cómo puede conmover nuestro amor más envolvente,

 

más convincentemente que nuestro premonitorio consejo 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

– 

 

 

 

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