roberto juarroz:

poesía insondable

MILENIO

sábado 4 de agosto ele 2012

 

Mario Eraso

 

La actitud poética de Roberto Juarroz es memorable. De él se publicaron catorce libros de poesía entre 1958 y 1997 con el mismo nombre, Poesía vertical, numerados de manera sucesiva para diferenciarlos. Salvo alguna excepción, sus libros no llevan epígrafes, prólogos o epílogos y, si acaso, Juarroz los dividió en secciones. Tampoco tituló sus poemas.

Pero si lo anterior es memorable, lo hace excepcional su poesía: es insondable, pero casi siempre lo que ahí se dice, lo que en ella es audible, lo que de ella se puede comprender, tiende a ser un difícil problema mental. En consecuencia, la poesía de Juarroz promueve el arte de pensar antes que el de sentir.

En dos volúmenes publicados por Emecé en 2005, que compilan la obra poética de Juarroz, hay cerca de mil 200 poemas. Sin embargo, he ubicado varios que divulgó en la revista Poesía-Poesía o en suplementos literarios como La Gaceta de Tucumán, que no volvió a recoger.

Así Juarroz se daba a conocer en México. Los textos habían sido enviados desde París por Octavio Paz, quien estaba sorprendido por su “concentración y nitidez”, según cuenta en nota consignada en La Nación (9 de abril de 1995).

Para alcanzar su tono y su estilo, únicos e inimitables, Juarroz recurrió a una imagen geométrica: la verticalidad. Él que era una persona discreta, con esa figura pretendió imponer su pensamiento poético en una época determinada por cambios sociales y la irrupción de la poesía cotidiana.

Ernesto Cardenal, poeta coetáneo de Juarroz, había publicado su poema político “Hora cero” en 1960; en adelante, la mayor parte de la poesía latinoamericana se iba a caracterizar por su aire exteriorista, descriptivo, autobiográfico.

Cabe señalar que el poema de Cardenal también apareció por primera vez en la Revista Mexicana de Literatura. Pero Juarroz buscó otro tipo de interioridad, de compromiso, de comunión. La verticalidad era eso: la manera de indicar el camino que va hacia lo profundo del ser. 

Están permeados por una escritura cuya apariencia es simple; ésta, al mismo tiempo que entraña el secreto del vuelo vertical, configura la intención creativa perfilada, asumida y agotada por Juarroz, alejado desde sus inicios de los que admitían que la poesía debía ser un reflector proyectado sobre la realidad inmediata.

 

He dicho que la poesía de Juarroz es insondable. Ahora conviene advertir que su propuesta continúa un modelo de características hasta cierto punto previsibles:

1) mezclar palabras antitéticas (noche/ día, signo/ antisigno, ayer/ mañana, él/ ella);

2) tejer anáforas, a veces de una manera exasperante (“Toda la bruma del mundo se hace pan en tus ojos./ Todo el sueño del mundo se despierta en mis manos./ Toda el hambre del mundo se sacia en un cabello./ Toda la muerte del mundo se enjuga como una sola lágrima”);

3) imaginar paradojas (“Y de alguna manera ya los otros no son otros”). 

 

“Posiblemente la claridad sea un órgano

para multiplicar lo oscuro a través nuestro”

 

Al menos en su factura, son poemas similares; esto ha servido para que varios críticos de la poesía de Juarroz opinen que su obra es monocorde; por lo tanto, semejaría un poema único en el que no se puede distinguir el principio o el final.

Ahora bien, ¿es válido decir que la poesía de Juarroz va a perdurar?

Lo cierto es que ha ido encontrando nuevos lectores. Esas anáforas, antítesis y paradojas, al mismo tiempo que corren el riesgo de simular un sonsonete, han ido cautivando la mente de los que aprecian la poesía que no deja de ser poesía, la que insiste en ser eso, poesía, sin otras ínfulas que su ritmo, su lenguaje, su misterio. Pero, entonces, ¿cómo no perderse en ese vaivén de especulaciones?

No encuentro otra manera de decirlo: la poesía de Juarroz es poderosamente humana. En ese juego de incertidumbres, de idas y regresos, de imágenes en contravía, hay claridades que nos develan, que sugieren una respuesta a nuestras preguntas. Su escritura hospeda, cobija, y muestra un camino de salida.

No es fría; por el contrario, involucra a sus lectores, los seduce con cierta parsimonia para inquietarlos con su oscura transparencia. La fuerza del drama que la poesía de Juarroz propone, tiene la fuerza del drama de la vida, con sus brillos, sus ausencias, sus melancolías.

No son de trascendencia los cambios textuales que fijan el tránsito de los poemas divulgados en la Revista Mexicana de Literatura con los publicados en los libros de poesía vertical.

Estas variantes se pueden explicar como el proceder lógico del poeta que busca mejorar su escrito antes de la versión definitiva. Al parecer, Juarroz buscaba depurar, dar más concreción a sus poemas. Hay la esperanza de que su resplandor pueda mantener viva la energía poética que ha permitido mostrar la riqueza de la vida a sus lectores.

 

 

 

 

 

 

 

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