JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN

Anthologos

e inmaduros

POESÍA

Es un lugar común que la polémica

suele acompañar a las antologías,

especialmente a las de poesía joven.

No sé si resulta del todo cierto.

La mayoría, como la mayor parte de

los libros, suelen ser acogidas con

indiferencia.

Solo algunas reciben el premio

publicitario del escándalo y unas pocas

privilegiadas –la de Gerardo Diego,

las de Castellet– tienen la fortuna

de seguir siendo indiscutiblemente

discutidas. Anthologos: Poética de la

antología poética (Cátedra) es un

documentado estudio del género, con 

la peculiaridad de que su autor, José

Francisco Ruiz Casanova, no siempre

se comporta con objetividad y rigor.

Muy a menudo disparata como cualquier

apresurado gacetillero y entra de lleno en

la guerra de guerrillas del mundillo poético.

Incluso desciende a poner los puntos sobre

muy menudas íes.

De «reseña rutinaria» califica la que Prieto

de Paula dedica a Veinticinco jóvenes poetas

españoles y le reprocha que «cifre su

agrimensura –quizá signo de los tiempos– en

verificar porcentajes y representatividad

de comunidades autónomas y ciudades de

nacimiento».

Pero lo que hace Prieto de Paula, con muy

buen criterio, es desenmascarar la impostura

de una selección local que quiere presentarse

como general.

No engaña Jesús Maroto con el título que ha

dado a la más reciente antología de poesía joven:

Inmaduros (Castilla-La Mancha).

En los últimos años ha habido una verdadera

obsesión por detectar los nuevos rumbos

de la poesía. Algunos antólogos iban más allá.

No describían, prescribían dogmáticas directrices:

ahora es la hora de los postnovísimos, ahora se

lleva el signo clásico…

Pero la inmadurez es el único rasgo que tienen

en común los poetas que empiezan.

Salvo deslumbrantes excepciones.

Quizá falta humor en la vida literaria.

A los poetas les pasa lo que a las mujeres

cuando se acercan a los cincuenta (según la

película de Gerardo Herrero y Belén Gopegui):

que se vuelven invisibles.

De ahí su obsesión por aparecer en cualquier

recuento.

La inmadurez tiene su gracia. Pero

maldita la gracia que tiene envejecer

y ser un aplicado versificador más.

La poesía o es excelente o daña la salud.

Los poetas jóvenes, cuando pasa el

tiempo, se convierten simplemente

en adultos.

Los más inteligentes así lo comprenden

y son médicos, ingenieros, editores o novelistas.

Pero la mayoría se empeña en seguir publicando

versos. Por fortuna nunca falta un premio

para un libro correctamente innecesario.

Ni la lectura educadamente desatenta y los

vagos elogios del crítico de renombre.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Cuaderno 14 

LA VOZ DE ASTURIAS

Domingo, 22 de enero del 2012

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

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