una fuerte apariencia

experiencia y pensamiento en la poesía de giannuzzi

 

Natalia Soledad Muñoz

Facultad de Filosofía y Humanidades –

Universidad Nacional de Córdoba (UNC)

Resumen

 

Los poemas de Joaquín Gianuzzi están repletos de objetos cuya consistencia siempre elude la materia reduccionista del lenguaje y los críticos han asociado ese gesto a una corriente de la poesía denominada objetivismo. A partir de las reflexiones propuestas por Barthes, Agamben y Quignard en torno a la voz y el lenguaje, en el siguiente trabajo se intentará mostrar cómo dentro de la poesía de Joaquín Giannuzzi se oculta un silencio que está más allá de la palabra en el cual radica una experiencia muda del lenguaje.

Por otra parte, se intentará ver cómo ese acontecimiento primario de la mudez del lenguaje permite emerger una instancia/ dimensión que denominamos infancia como experiencia originaria de todo decir y como fundamento posible de una finalidad ética.

Le silence eternel de ces espaces infinis m’effraie

Blaise Pascal

 

 

I

 

El libro de poemas Principios de incertidumbre de Joaquín Giannuzzi (1980) nos propone recorrer los caminos de una experiencia poética que “deja” aparecer un mundo; un mundo de dalias inclinadas, manzanas verdes, muertes (in)esperadas o viejas fotografías. En estas páginas nos proponemos atender a aquella experiencia poética que se abre como posible camino hacia “el secreto impenetrable” (Pascal, 2010: 184) de la incertidumbre frente a las cosas cotidianas.

Allí donde las cosas no se encuentran en su plena manifestación “hay algo. El mundo tiene sentido” (Giannuzzi, 1995), dice el poeta.

Los poemas de este libro parecen hacerse eco de la misma experiencia poética: la incertidumbre frente a las cosas como aquello inasible, distante, desconocido, e irrepresentable para el pensamiento. Nos referimos aquí a un tipo de experiencia estético-filosófica que, siguiendo los aportes teóricos de Martin Heidegger, consiste en “obtener algo en el caminar; alcanzar algo en la andanza de un camino” (1987: 153).

Es en ese caminar donde el poeta alcanza a entrar en la relación de la palabra con la cosa. En las mismas páginas de De camino al habla, Heidegger agrega: “hacer una experiencia con algo significa que algo nos acaece, nos alcanza, nos interpela.” (1987:141). En esta misma línea y, en una de las entrevistas realizadas al poeta, Giannuzzi declara que: “el poema es un impulso que se me presenta de pronto, inesperadamente” (Giannuzzi, 1995).

Los poemas de Principios de incertidumbre circundan los ámbitos del pensamiento para abrirse a la experiencia de la incertidumbre frente a las cosas del mundo. 

[Es importante aclarar que no se trata de un pensamiento en un sentido calculador. Con respecto a esto el poeta sostiene: “He tenido siempre una mentalidad cartesiana, racional a

ultranza, acentuada quizás por mis estudios científico de ingeniería, que no parecen estar presentes en mi obra pero la marcan sutilmente. Por supuesto, esa actitud suele ser sobrepasada

por la predisposición poética, que incursiona en lo mágico y lo emocional. He tratado de evitar siempre que el poema sea el desarrollo de una teoría, por más atractiva o ingeniosa

que esta sea. El poema no debe ser un teorema, debe estar encarnado en una imagen” (Saavedra, 2002).]

 

Describir las cosas del mundo es un acto indudable en la poética de Giannuzzi. Es, como dice el poeta, un modo de “sumergirse en un mundo de particularidades, apoyarse en las cosas, y hablar como si la palabra estuviera en un estado más cercano a la cosa nombrada, como si se obtuviera una palabra en estado naciente, es decir, un lenguaje originario” (1995).

En este sentido, imprimir nombres a las cosas no significa, para el poeta, un modo de estabilizarlas y especificarlas, sino más bien la forma de situarse por un instante frente a ellas. Ciertamente, a lo largo de su trayectoria poética, Giannuzzi ha transitado los pasajes in-completos de los Pensées de Pascal; los poemas de Principios… viene a hacer eco de la expresión “todo el mundo visible no es más que un trazo imperceptible en el amplio seno de la naturaleza” (Pascal, 2010: 177).

Persistir en las cosas cotidianas no solo fue para Giannuzzi una obsesión sino también una fascinación. Lo fascinante para el poeta consistió en una atracción incomprensible por las cosas que le despertaron asombro e impacto; fue también el deseo de hacer próximas aquellas imágenes que permanecieron distantes, como las fotografías familiares. Lo fascinante es aquello que no ha dejado de venir a la mente rechazando la forma del olvido para volverlo un “recuerdo personal” (título de uno de sus poemas que componen este mismo libro). Pero la fascinación en la poética de Giannuzzi es extensiva a la contemplación.

Ambas se conjugan en una experiencia poética de un goce inmediato y sin prisa; una experiencia que consiste en detener la mirada en un instante que no cesa de hacerse duradero. La contemplación, en este sentido, va acompañada de un estado de plenitud ante lo inagotable del mundo. Implica, además, una suspensión de aquello de lo que el hombre no puede apartarse ni desprenderse. Veamos un fragmento del poema titulado “Dalia inclinada” (Giannuzzi, 2000: 258):

 

La dalia se ha inclinado

desde su altura rota

cargada de materia sobrepasada.

El demasiado amor

de este otoño tardío empujó fuera de límite

el peso del agua. La curva desciende

después del púrpura estallido.

Yo, amigo de todo conocimiento,

vi esta imbatible combustión

y no busqué más. Se extinguieron

los gestos de mi cerebro. (…)

 

Aquí, una cosa tan noble y simple como la dalia es violentada por un acto imprevisible y desconocido para la mirada contempladora. En esta experiencia, la mirada es consciente de no poder alcanzar a nombrar y aprehender en su plenitud la dalia en cuanto tal.

En el abundante mundo giannuzziano, aquello que es posible nombrar es, al mismo tiempo, experiencia de lo imposible; esto es, imposibilidad de abordar las cosas inmediatas en su unicidad. Veamos el poema titulado “Sobre una fuerte apariencia” (Giannuzzi, 2000: 294):

 

Cuando el espacio es puro sol

la mariposa insiste en la pasionaria

hasta posarse. Y mientas dura la succión,

el conjunto, suspendido año tras año

entre la gravedad y el azul,

se balancea, leve y desamparado

ante la brusca ruptura de una brisa.

Una situación frágil entre dos parpadeos,

pero imbatible en su recurrencia estival.

 

En este poema podemos visualizar cómo el balanceo rítmico del vuelo de la mariposa convoca una mirada pausada y suspendida en un instante duradero. Aquello que acontece en la experiencia de lo contemplado es la retirada de las palabras para dar lugar a la plena manifestación de lo inagotable de las cosas del mundo. En esta retirada resuenan las palabras de Pascal que nos recuerdan que: “Las cosas se nos escapan (…). He ahí nuestro estado verdadero. Es lo que nos hace incapaces de saber con certeza y de ignorar absolutamente” (2010: 184).

 

II

 

Retomemos entonces algunas cuestiones útiles que nos hayan ayudado a pensar una primera aproximación a la experiencia y su relación con el pensamiento en la obra que nos convoca. En torno a los dos poemas tomados como ejemplo nos preguntamos lo siguiente: ¿es la incertidumbre el nombre de lo desconocido y, aún más, de lo ausente y de lo oculto?

Para poder acercarnos a una respuesta rescatemos aquellos puntos con los que hemos ido identificando esta experiencia poética: plenitud del instante, mirada pausada en un instante duradero, experiencia de lo imposible, retirada de la palabra.

Para ello, recordemos aquellas palabras de Heidegger en las que decía que el pensamiento anda por caminos vecinos a la poesía (1987: 153). Los poemas de Principios de incertidumbre circundan los ámbitos del pensamiento para abrirse a la experiencia de la incertidumbre frente a las cosas del mundo. En este sentido, la experiencia pensante del poeta consiste en que aquello que está por pensar se le retira.

Con esto queremos decir que, para el poeta, el mundo solo es comprendido a partir de lo incomprensible. Esta es la vía, dirá Maurice Blanchot siguiendo a Pascal, que puede llamarse trágica (1970: 171). En este sentido, la experiencia del pensamiento para Giannuzzi consiste en que este se dirige hacia la pérdida del bienestar, es decir, de la plenitud propia de la contemplación.

Recordemos nuevamente otro fragmento de Pascal: “cualquier término al que pensemos unirnos y afirmarnos se pone en movimiento y nos abandona (…) nada se detiene para nosotros” (2010: 187). Antes de adelantarnos sobre este punto analicemos el poema titulado “Un recuerdo personal” (Giannuzzi, 2000: 278):

 

Manzanas verdes sobre una fuente de mimbre,

instaladas en un fresco centro mental

como una promesa equilibrada

por la garantía de la luz.

Eso debía durar mil años.

Hasta que una puerta golpeó

y se desmoronó la torre y fue

la primer catástrofe a mis ojos.

Aquellos ojos al borde de la mesa

prisioneros de una ilusión cruda, el mundo

chupado como una esponja

y cambiando fuera de mi cerebro.

 

Estamos nuevamente frente al reposo de la mirada. En este caso, se trata de una mirada pausada, atenta a las manzanas presenciadas en su sencillez; pero, de un momento a otro, esa mirada es desviada involuntariamente al borde de la mesa.

La catástrofe a sus ojos consiste en querer-decir aquello que al poeta se le desborda de su mirada. Entramos así en un espacio lleno de tensiones entre aquello que consiste en la evidencia inmediata de la fuente de mimbre y la incertidumbre de lo que permanece desconocido. Es ahí, en esa tensión imprevisible y trágica, donde se pierde no solo el estado armonioso del poema sino también la ilusión de verdad.

En esta dificultad para aproximarse a las cosas del mundo, los poemas de Giannuzzi proponen la cesura como una interrupción vacía, puntuada y abierta, como punto de reunión entre lo posible y lo imposible y como el lugar donde se viene a salvar la incertidumbre sin detener el movimiento de lo presente/ausente, de la proximidad/lejanía. La cesura es entonces el lugar donde ese “hay algo” que nombraba Giannuzzi acontece. Agreguemos aquí, a modo de cierre, otras palabras más de este poeta: “en ese algo se abre una puerta hacia una expectativa. A una especie de sentido, a una iluminación”. Aquí, en este punto, es donde iniciará el recorrido de una futura investigación.

 

 

Bibliografía

 

Blanchot, Maurice. 1970. “Pensamiento trágico”, en El diálogo inconcluso. de Place, Pierre (trad.). Caracas,

Monte Ávila Editores.

Fondebrider, Jorge. 1995. “La búsqueda de sentido”, en Conversaciones con la poesía argentina. Buenos Aires,

Libros de Tierra Firme.

Giannuzzi, Joaquín. 2000. “Dalia inclinada”, “Una fuerte apariencia”, “Un recuerdo persona”, en Obra

poética. Buenos Aires, Emece.

Heidegger, Martin. 1987. “La esencia de la poesía, en De camino al habla. Zimmermann, Yves (trad.). Barcelona,

Serbal.

Pascal, Blaise. 2010. Pensamientos. Abraham, Tomás (pról.). Buenos Aires, Aguilar.

Saavedra, Guillermo.2002. “Conversación con Joaquín Giannuzzi”, en La estafeta del viento, n° 2 (otoño-invierno)

[en línea]. Consultado el 25/02/20100 en http://www.laestafetadelviento.es/conversaciones/conversacion-con-joaquin-giannuzzi

 

 

 

 

 


 

 

 

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