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john ashbery: no tengo ni idea de qué habla mi poesía

 

John Ashbery (Rochester, Nueva York, 1927) es para muchos el poeta norteamericano vivo más influyente no sólo en la poesía moderna de su país, sino también en la lírica europea de nuestros días. Otros no niegan esa influencia, pero la deploran: la poesía de Ashbery no habla de nada, es imposible entenderla, es autorreferencial, hermética…, tan difícil como el mismo poeta, son frases que uno lee habitualmente en entrevistas. Pero, ¿será que de verdad la poesía tendrá que hablar de algo? ¿Qué opina Ashbery? En breve nos lo dirá él mismo… y nos lo mostrará en los poemas inéditos en español que también publicamos en estas páginas y que pertenecen a su última obra.

 

 

MARTÍN LÓPEZ-VEGA | 24/10/2014 |  Edición impresa


 

Ashbery es noticia porque, a sus ochenta y siete años, sigue en activo: su último libro de poemas, Una pregunta rápida, apareció en 2012, pero probablemente no tarde en publicar uno nuevo, ya que en los últimos tiempos sus libros se suceden a intervalos de dos años, tres como mucho. En España es noticia, además, porque Vaso Roto recupera su único libro de prosa crítica, Otras tradiciones, publicado en inglés en el año 2000 como resultado de las prestigiosas conferencias Norton dictadas en la universidad de Harvard, cuyo protagonista de este año es el músico Herbie Hancock y por donde han pasado T. S. Eliot, Borges, Italo Calvino, Steiner y Orhan Pamuk, entre muchos otros. Hablamos con John Ashbery de este raro libro de crítica en el que decide dejar de lado a los maestros más obvios para centrarse en otros secundarios (quería redescubrir para el lector norteamericano a John Clare, a Thomas Lovell Beddoes, a Raymond Roussel, a John Wheelwright, a Laura Riding, a David Schubert) y de los resortes de su poesía.

-Al comienzo de Otras tradiciones hace una lista de los poetas de los que decide no hablar: Auden, Stevens, Marianne Moore, Gertrude Stein, Bishop, William Carlos Williams, Pasternak y Mandelstam. Resulta difícil de creer que, como dice, no tuviera nada que añadir sobre ellos…

-Probablemente me pareció extenuante sólo tener que pensar en hablar de ellos.

-Sin embargo, hizo el índice de cómo hubiera sido ese libro. ¿Qué hubiera escrito sobre Auden, por ejemplo?

-Una de las primeras razones que me hizo valorar su obra fue su habilidad para transformar el lenguaje cotidiano en poesía. Y también, en sus primeros libros (que más tarde él mismo rechazaría, por cierto), su forma de reproducir el habla de los sueños. También su manera de leer la poesía primitiva anglosajona en un contexto surrealista fue una buena razón.

-¿Prefiere entonces el primer Auden?

-En sus últimas años se dedicó a reprender a la “poesía con P mayúscula”.Pero, afortunadamente para nosotros, fue indulgente consigo mismo en sus años jóvenes…

-¿Y Wallace Stevens?

-Wallace Stevens, por el contrario, es todo mayúsculas.

-Si escribiera una segunda parte de este libro…

-Es bastante improbable que escriba una segunda parte de Otras tradiciones. Lo cierto es que me siento incómodo escribiendo crítica: ¿qué me otorga, a mí, el derecho de criticar a los otros? ¡Aunque, de forma un poco irónica, la mayor parte de mi obra ha resultado ser crítica!

-Le gusta citar al pintor Barnett Newman…


-Exacto: los pájaros no suelen ser buenos ornitólogos.

-¿Qué le llevó entonces a aceptar el reto de las Norton lectures, que están en el origen de Otras tradiciones?


-En este caso pensé que tendría alguna utilidad llamar la atención sobre poetas que para mí eran tan importantes como los que has mencionado, como esos de los que decidí no hablar; pero que el público habitual de poesía, en su mayoría, ignora.

En inglés, la oración de Ashbery acaba con una preposición (“ignorant of”) así que él bromea sobre su propia frase: “¿Por qué acabar una frase así con una preposición siempre me deja un sentimiento de desahogo, como cuando Churchill dijo aquello de ‘Something up with which I shall not put’?”. Una frase que, según cuenta la anécdota, tiene su origen en la intención de un editor de corregir sus frases acabadas en preposición. Churchill, orgulloso del chimpún de su estilo, replicó: “This is the sort of English up with which I will not put”.

-Entonces, si escribiera una segunda parte…


-Si me viera forzado a producir una secuela probablemente incluiría a Delmore Schwartz, otro poeta moderno muy infravalorado..

-¿Qué marca la diferencia entre convertirse en un poeta mayor o menor, en su opinión?


-Pues no lo sé, dado que yo no sé de qué clase soy. No sé si soy un poeta mayor o menor.

la obvia poesía política

Pese a que él mismo afirma que su obra ha terminado por ser crítica, de una forma muy sutil, la poesía de Ashbery rehuye las referencias directas a la actualidad, por más que las voces de sus últimos poemas hablen de cambio climático o deforestación.

-Una vez dijo que no estaba interesado en la poesía política porque habla de cosas que ya sabe y de cosas con las que ya está de acuerdo. ¿No hay forma de escribir un poema político sin ser obvio?


-No que yo sepa. Creo que la mayoría de los poetas quieren cosas buenas para el mundo, claro. Ah, y también me parece que es improbable que esos poetas sean republicanos.

-Pero a usted le preocuparán asuntos políticos.


-Claro, la cuestión de la independencia de Escocia, el cambio climático, el aumento del terrorismo, la expansión del ébola, la situación en Ucrania…

-Su primera ambición fue ser pintor. ¿Cuándo cambió eso?


-Cuando me gradué en el internado, donde había un estudio para estudiantes que querían pintar, me fui a Harvard, donde vivía en una residencia de estudiantes. Por supuesto que si hubiera querido seguir pintando habría encontrado cómo hacerlo, pero la poesía quedó al mando de mis impulsos creativos.

términos musicales

-Dice un crítico que sus poemas son “óleos verbales”.

-Será verdad. Yo tiendo a pensar en mis poemas en términos musicales.

-Sus poemas están llenos de voces. ¿Es la suya alguna de ellas, todas, o ninguna?


-Pues algunas.

-Uno de sus versos dice: “Me digo a mí mismo que soy un minimalista”. ¿Esa es de las que sí?


-Eso lo dice uno de mis versos, pero no yo. Las aseveraciones de mis poemas son sólo eso, nunca el poeta expresando su propio pensamiento (si es que tiene uno).

-La primera vez que leí la definición de la duración de Bergson, que tanto influyó en Eliot o Machado, pensé que en realidad parecía el punto de partida de sus poemas. ¿Ha sido esa idea importante para usted?


-No la he leído. ¿Qué dice?

-Pues, por ejemplo: “Ninguna imagen sustituye a la intuición de la duración. Pero muchas imágenes diversas tomadas de diferentes órdenes de cosas pueden, a través de la convergencia de su acción, dirigir la consciencia al punto exacto donde una cierta intuición se vuelve tangible”.


-Es muy bonito, pero no lo había leído antes.

A Ashbery le gusta presumir de ser ajeno a la filosofía. Una vez, en una lectura en Iowa City le preguntaron cuán profunda había sido la influencia de Derrida en su poesía. “No he leído una línea suya”, respondió. Pero al día siguiente, en un coloquio con estudiantes, citó: “Como decía Derrida”… Y claro, no faltó quien le dijera: “Pero ¡si ayer dijo que nunca había leído a Derrida!”. A lo que Ashbery respondió: “Y es verdad. Eso que he citado, lo habré oído en algún cocktail”.

-En “Final con suspense”, un poema de su libro Un país mundano, escribe: “En todas las obras de teatro, incluso en Hamlet, los decorados/ son la mejor parte”. ¿Y en la poesía?


-Por desgracia la poesía carece de decorados. Estamos obligados a tener la experiencia sólo de lo que ocurre ahí, en los poemas, y que en ocasiones puede llegar a ser tan gratificante como los decorados en el teatro, pero nunca tan hermosamente secundario.

-Seguro que sabe que es uno de los poetas más influyentes para las últimas generaciones de poetas europeos, ¿cómo lo lleva?


-He oído rumores sobre eso, pero nunca estoy seguro de hasta qué punto debo creérmelo. Por qué yo, me pregunto siempre. A mí mi poesía me parece una cosa deplorable, o, en el mejor de los casos, falta de importancia alguna.Dicho esto, por supuesto que no puedo evitar sentirme alegre en los pocos momentos en los que me convenzo de que ser una influencia y todo eso, pueda ser verdad.

Farrar acaba de reunir, en un par de gruesos volúmenes, la mayor parte de sus traducciones de prosa y poesía francesa. Ahí sí encontramos nombres mayores (Baudelaire, Rimbaud, Éluard) junto a otros menores.

-¿Conoce la poesía española?


-Salvo por García Lorca, y una breve aventura con Góngora, la poesía española es, desgraciadamente, desconocida para mí, en parte al menos porque no hablo español. Lo estudié en tiempos, después de haber estudiado francés e italiano, pero me parecía que cometía errores todo el tiempo.

-¿Y algo de prosa?


-Una de las más importantes experiencias literarias de mi vida han sido las novelas de Javier Marías, en las hermosas traducciones al inglés de Margaret Jull Costa. Leí una hace algunos años e inmediatamente devoré todas las demás. Es uno de los más fascinantes escritores contemporáneos.

-He leído que últimamente escribe sus poemas mientras ve películas mudas.


-¡Pues no! También corren rumores de que escribo mientras veo la televisión. Pero requiere mucha concentración lograr la cualidad casual, arrugada, que persigo. Suelo escribir mientras escucho música clásica moderna, como por ejemplo Wolpe, Donatoni, Ben Johnston, Ligeti, Sorabji…

-Diría que el tema sobre el que gira su poesía es la intensidad. ¿Ando muy lejos?


-Puede que tengas razón. Creo que mi poesía habla sobre algo, pero no tengo ni idea de sobre qué.

Sobre qué habla la poesía de Ashbery es uno de los debates favoritos de la poesía última. A él parece divertirle la discusión, contribuir a ella diciendo que si habla sobre algo, ni él lo sabe. Dice: “Bueno, yo pienso que pienso, pero no pienso que pensar sea lo que la gente piensa que es”. Así que ya saben qué pensar.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 

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