la angustia

 

En este mismo punto se sienta ella cada noche,

regulando el movimiento de la luna para ocupar

las casillas vacías, aún impensables pero

activas. Dentro sólo hay expectación.

 

El problema de hablar del deseo es darlo por

único cuando se conoce la quietud y todo se

mueve alrededor, desplazando lo que se ve, una

bebida roja, hacia el afuera, hacia dentro de un

año: no ver las cosas sino a través de ellas, las

vidas que no vivimos, siempre el crepúsculo,

escribiéndolo todo de camino al trabajo.

 

0 en un lugar fabuloso de cuya fundación

contaron la historia, que olvidé el otro

día. No se podía hablar

sin llorar; los placeres

están vedados a lo oral

y el más agradable me estremecía

desde el principio de cada incursión.

Sólo la música de la adolescencia nos hará

revivir esas sensaciones, tan mareados.

 

 

 

la fe

       

Allí, preso en la torre,

pasaban muchas cosas, y

curioseaba unos papeles antiguos.

Algunos alumnos habían rellenado un formulario de

forma extravagante.

 

Después conseguía salir y nuevamente volaba feliz

sobre los campos y las aguas, sentía algo de miedo al

pasar bajo los puentes, a ras del río.

 

 

 

– ¿Cuáles son sus intereses como escritor?

– Lo que cambia. Lo que cambia en las relaciones, en el mundo, en las maneras de sentir y pensar. Tal vez por eso trato de cambiar de un libro a otro, de poner la voz en otra posición. Escribir un libro es como recorrer un territorio, y en cierto momento siento la necesidad de salir de ahí y empezar a recorrer un territorio distinto. Me refiero a territorios estéticos, claro, a territorios que se agotan cuando uno siente que ya sabe mirar desde ese lugar, que ya conoce cierto método de escritura o cierto lenguaje. Me gusta tratar de escribir lo que no sé escribir; ponerme a la contra de mi propio lenguaje. No porque me resulte estimulante desde el punto de vista técnico, aunque esto también pasa, sino porque creo que así surge algo más verdadero.

 

– ¿Y como lector?

 

– La lectura puede ser un acto creativo, un acto en el que uno se implique desde dentro -desde dentro de sí mismo y desde dentro del texto-: un esfuerzo que siempre tiene algo placentero y algunas veces también algo doloroso.

 

– ¿Sobre qué temas suele escribir?

 

– Yo diría que en esta novela hay dos temas principales. Por un lado, está la identidad, que aparece como algo relacionado con las identificaciones (con cosas aparentemente superficiales, como lo que uno come, la ropa que se pone, la música que escucha; pero también con cosas como un país, una familia, una vocación, una ideología). Por otro lado, está la diferencia: cómo vivimos con la diferencia, con la dificultad para identificarnos con lo que nos rodea, y cómo el mundo rechaza sistemáticamente la diferencia y fomenta la homogeneidad. En realidad todo esto es un único tema, ¿no?

Lo que le pasa al personaje, un compositor de música contemporánea, es lo que le pasa a cualquier artista: tiene que hacer un esfuerzo muy consciente para distinguir lo propio de lo ajeno, las ideas suyas de las heredadas, para librarse de todo lo que se nos va quedando pegado y construirse su propia tradición. Y no es nada fácil hacer eso, si es que es posible. Ése es el objetivo, y una gran fuente de conflictos: llegar a ser uno mismo.

Luego hay otras cuestiones que también recorren el libro: la amistad, el paso del tiempo, el peso de la memoria, el amor, la política, la posición social del artista.

Pero se me ocurre ahora que se puede ver de otra manera. El libro explora sobre todo lo que sucede en la mente del protagonista, hay mucho flujo de la conciencia, y se entrelaza lo que piensa con lo que ve, con lo que oye y con los diálogos en los que él mismo participa, y en cierta medida se confunden lo real y lo imaginario. Y el libro tal vez explore cómo se piensa en distintos estados: durante el insomnio, cuando uno ha bebido, cuando uno se siente melancólico o contento o tiene miedo. No es sólo que aparezcan distintas ideas, sino que son distintas formas de pensar, distintos mecanismos del pensamiento.

 

– ¿Dónde ha publicado hasta el momento?

 

– Mis últimos cuatro libros de poemas han aparecido en la editorial Pre-Textos. Y mi primer libro de narrativa («La tristeza de las fiestas», un volumen de cuentos) también salió en esa editorial.

 

– ¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

 

– En este momento todavía estoy metido en la novela, claro. Acaba de publicarse, y no hace tanto que terminé de corregirla. Más que quedarme con ella, me he quedado en ella. Y como es el libro más reciente, también es el más ajeno; todavía no me ha dado tiempo a asimilarlo.

 

– Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

 

– Creo que esas cosas se saben con el tiempo. Esos primeros gestos -la escritura en la infancia o en la adolescencia- no adquieren todo su sentido hasta mucho después. En mi caso, al menos, no hubo un momento epifánico. Todo ha sido muy gradual. Por eso la escritura me sigue pareciendo algo íntimo, una actividad independiente de la publicación.

 

– ¿Cómo se mueve en redes sociales?

 

– Todo eso me parece demasiado real. Prefiero las relaciones donde hay más espacio para lo imaginario.

 

– ¿Qué perfiles tiene?

 

– Ninguno.

 

– ¿Cuenta con un blog personal?

 

– No.

 

– ¿Qué otras actividades relacionadas con la literatura practica?

 

– Bueno, me dedico, entre otras cosas, a la traducción, que está bastante relacionada con la literatura. Y también doy clases de escritura en la universidad.

 

– ¿Forma parte de algún colectivo/asociación/club?

 

– No.

 

– ¿En qué está trabajando justamente ahora?

 

– Estoy escribiendo un poema largo, un poema-libro. En realidad, lo tengo un poco abandonado por culpa de la novela y de la vida, pero pronto volveré a él.

 

– ¿Cuáles son sus referentes?

 

Músicos como Webern o Miles Davis, pintores como Kandinsky o Magritte. Y muchos escritores, claro: el primer Eliot, Apollinaire, Kafka, Ambrose Bierce, Virginia Woolf, Thomas Bernhard.

 

En cuanto a contemporáneos, quisiera mencionar a tres poetas que me parecen modélicos en muchas cosas y de los que he tenido la suerte de poder aprender: José-Miguel Ullán, Olvido García Valdés y Miguel Casado.

 

– ¿Y a qué otros colegas de generación (o no) destacaría?

 

Prefiero, en vez de dar una lista de nombres, destacar algunos libros de poemas que han aparecido en los últimos meses:

«Piedra en U:», de María Auxiliadora Álvarez: una escritura casi minimalista y altamente emocional.

«Constitución», de Marcos Canteli: un libro en la línea del arte conceptual, que amplía el campo de juego de la poesía.

«El sentimiento de la vista», de Miguel Casado: una lección magistral sobre cómo mirar.

«O deserto», de María do Cebreiro: una disolución de las fronteras con que limitamos el pensamiento y en el sentimiento.

«Los allanadores», de Carlos Pardo: una poética abierta, donde cabe todo y todo confluye.

«Fidelidad de una sombra», de Javier Vicedo: un libro que de algún modo nos limpia del presente.

 

– ¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

 

– La verdad es que no lo sé. Eso lo tendrían que decir otros. Se me ocurre, vista mi respuesta, contestar: Humildad. O incluso: ¡Aporto falsa modestia! ¿Se puede contestar en serio esa pregunta? Es incómoda, es como preguntar qué opinión tiene uno de uno mismo. Sólo se puede salir de ahí con el humor. En cualquier caso, creo que lo importante no es aportar algo nuevo. Las novedades son muy viejas. Quizá me interese más, como decía antes, buscar algo verdadero. Lo que me gustaría aportar son verdades, y si son verdades antiguas, mejor.

 

– ¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritor para sobrevivir?

 

No he hecho nunca nada raro. ¡Lo raro es trabajar en un banco!

 

 

 

 

 

 

INÉS MARTÍN RODRIGO 

Cultura ABC Cultural

 

 

 


 

 

 

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