Todo se ha perdido en las profundidades de un hambriento mar

y no sabes qué ha sido de las cosas en que creías.

Desconocemos mucho, tanto como las tragedias que no hemos sufrido nunca.

Y saber, al fin y al cabo, no es nada más que saber.

Los cuerpos están rotos, es sólo una muestra de lo que está por llegar.

 

Había una vez un ratón y a tal punto debieron maltratarlo; seré más explícito,

era un carnero; devastadas ilusiones en el quicio de un clavel, al filo de lo irreal.

Llegó el momento pues de saldar cuentas de añejo aroma:

¿Madurar era esto, no caer al suelo, chocar contra el suelo, contemplar

el pudrirse de la piel igual que un fruto antiguo?

¿Qué hay detrás de la pared ahí fuera?

¿Llanuras, ríos, caballos?

Un caballo está desnudo, es la libertad indomable. Se deja domesticar pero

con unos simples movimientos de sacudida rebelde de cabeza, demuestra

que su íntima naturaleza es siempre bravía y límpida y libre. Y pasa

a través de la oscuridad por el misterio de la naturaleza de los seres.

 

Cuánta gente especial cambia, cuántas vidas vividas de manera extraña. 

Necesitas descubrir, porque nadie va a decirte sobre qué te estoy hablando.

Te cuento: Un amigo mío se sienta en un rincón totalmente solo, vive

bajo una cascada, nadie puede verle, nadie le escucha llamar nunca

¿comprendes?

Y cada diario que lees dice: Mañana, es tu día de suerte. Si a pesar de todo esto

los días te siguen atravesando, bien, aquí está tu día de suerte;

sencillamente, deja que pasen.