XXXII

Por favor, dulce Ipsitila 98 mía, mi capricho, mi encanto, invítame a ir a tu casa

a echar la siesta. Y, si me invitas, procura una cosa: que nadie eche la falleba de la puerta,

y a ti no se te vaya a antojar salir; quédate en casa y prepara para nosotros nueve polvos

seguidos. Pero, si piensas hacerlo, invítame en seguida: pues recién comido estoy echado

y satisfecho, boca arriba, agujereo la túnica y el manto 99.

XXXII

Amabo, mea dulcis Ipsitilla.

meae deliciae, mei lepores,

iube ad te ueniam meridiatum.

et si iusseris, illud adiuuato,

ne quis liminis obseret tabellam,                                5

neu tibi lubeat foras abire;

sed domi maneas paresque nobis

nouem continuas fututiones.

uerum, si quid ages, statim iubeto:

nam pransus iaceo et satur supinus                          10

pertundo tunicamque palliumque.


Cayo Valerio Catulo

LXXV

Catulli Carmina

Rosario González Galicia

Babab, marzo 2002


 

notas

98.- Sobre este nombre hay muchas conjeturas, la más aceptada de las cuales es Ipsitilla,

que podría ser un diminutivo afectivo de ipsa en el sentido de ‘dueña’, ‘señora’ (al

parecer, los esclavos llamaban al amo ipsimus o ipsisimus.

99.- La túnica es el vestido interior de hombres y de mujeres; al principio sin mangas,

luego con ellas hasta el codo y después hasta las manos; sólo tenía aberturas para meter

la cabeza y los brazos.