cees nooteboom

 

 el enigma de la luz

un viaje en el arte

 

Traducción: Isabel-Clara Lorda Vidal

 

conversación

en un futuro cualquiera

 

texto para el catálogo de la obra de

                      max neumann

 

 

¿Tenía usted más preguntas?

No, gracias. Salvo…

 

        

Cees Nooteboom recorre algunos museos buscando capturar en las obras de los grandes pintores aquello que alimenta nuestra alma con formas y colores: la belleza.

En este libro el lector tiene el privilegio de intuir, gracias al diálogo permanente que nuestro especial guía mantiene consigo mismo, el enigma que subyace en toda obra artística.

Nooteboom no es un historiador del arte ni pretende serlo.

Él se deja llevar por la imaginación, no ofrece respuestas sino que plantea interrogantes.

A través de los ojos del artista-escritor contemplamos, entre otras, las imágenes alegóricas medievales, los estudios de la naturaleza de Leonardo da Vinci, los autorretratos de Aert de Gelder o de Rembrandt, los interiores de Vermeer, los paisajes de Bruegel, los rostros sin ojos de De Chirico, la pasión por la masa geométrica de Piero della Francesca o las soledades de Hopper.

Y finalmente, sin apenas darnos cuenta, empezamos a ver los cuadros como si fueran personas.

 

 

¿Salvo…?

 

No, nada. Ninguna pregunta.

 

¿Tampoco acerca de las mariposas?

 

No, lo siento.

 

Y sin embargo, la oscuridad es notable. ¿No le parece?

 

Eso sí. Debo habituarme a ella.

 

¿No le inquieta?

 

No. Las formas tal vez sí.

 

¿A qué se refiere?

 

Todo es distinto. No fue difícil entrar, pero ahora que estoy aquí…

 

… Todo le resulta extraño.

 

Sí.

 

¿Por qué?

 

Es el espacio lo que me produce vértigo.
Una puerta que da paso a una noche donde siempre es de noche.

 

Nadie sabe decirme lo que sucede allí.

 

¿Y eso le incomoda?

 

Sí. Y la ausencia de ojos.

 

¿Ojos? No los necesitamos.
Nuestra geometría obedece otras leyes. Nuestra mirada se pierde.

 

Vemos de otra manera.
Tal vez no debiéramos buscar más explicaciones.

 

Tal vez. ¿Sabe usted a qué me recuerda todo esto? No.

 

No quisiera ofenderle.

 

Explíquese.

 

Me recuerda al cordero de Zurbarán. Con sus patas atadas.

Lo conozco, pero no veo el parecido. ¿Cree usted que está vivo o muerto?

 

Eso no está claro. Tal vez estén a punto de sacrificarlo.

 

¿Y no se queja?

 

No, eso no. ¿Tiene usted muchos amigos por aquí?

 

Estamos más bien solos. Pero, ahora que usted lo dice…

 

¿Qué?

 

Lo del cordero.

 

¿A qué se refiere?

 

Podríamos reflexionar sobre ello. Tal vez lleve usted razón.

 

Se parece a nosotros. Aquí rigen las mismas leyes.

 

Sólo que nuestro espacio es distinto. Nunca podrá ser el suyo.

 

Tiene que ver con nuestro tiempo.

 

¿Es también distinto?

 

Sí. Si pudiera quedarse usted un rato más, se daría cuenta.

 

¿Qué sucedería?

 

A lo mejor se convertía usted en uno de nosotros. ¿Le angustia la idea?

 

Sí. Hace frío aquí.

 

(Pausa. Y luego, vacilante:) Lo que me llama la atención es el silencio.

 

Es el espacio el que lo produce. Éste no soporta ningún sonido.

 

¿Y las acciones?

 

No debemos hablar de ellas. Cada cual se ocupa de lo suyo.

 

Suceden muchas cosas. Pero envueltas en un silencio absoluto.

 

Cada cual cumple con su deber. Es muy duro.

 

¿Durará mucho?

 

No está claro. Eso no se pregunta.
El tiempo carece de importancia para nosotros. Aquí el tiempo sigue otro rumbo.

 

¿Hablan?

 

Apenas. A veces hablan de colores. Alguna vez hablan de una sombra, o de un círculo.
Aunque la mayoría de las veces hablan del minio o del negro. 


Y de vez en cuando hablan del movimiento.

 

¿Movimiento? ¿Por qué?

 

Por nostalgia. Nosotros no nos hemos movido más que una sola vez.

Al menos, eso creemos.

 

¿Cuándo?

 

Cuando fuimos creados.

 

¿Por quién?

 

Por alguien que no conocemos.
Le estamos agradecidos, porque, de lo contrario, no existiríamos.
Pero no podemos cambiar nunca más.

 

Está usted preso.

 

Nosotros no lo vemos así. Consideramos esto nuestra casa.

 

Debo irme. Lo siento.

 

Nosotros también. Pero siempre sabrá dónde encontrarnos.

 

Estamos aquí para quedarnos.

 

¿Siempre igual?

 

Eso depende de quién nos mire.

 

Hasta luego, pues.

 

Hasta luego.

 

 

 

 

 

 

Untitled, May, 2012
Vinyl and oil on canvas. 82 11/16 x 118 1/8 inches

MAX NEUMANN

Bruce Silverstein Gallery at The Armory Show
New York City
March 3-6, 2016

 


 

 

 

 

 

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