celan

 

 

 

 

 

 

 

 

Aprovecharemos para orbitar en torno  a Paul Celan

uno de sus poemarios, Atemwende, que se ha traducido al castellano

como Cambio de aliento.

Esta obra pertenece a una etapa de su producción poética

en la que, «Celan empieza a cuestionarse su propio lenguaje (…) y esta

desconfianza radical del vehículo expresivo le lleva, progresivamente, a un

experimentalismo que se resuelve en un balbuceo para acariciar la tentación

del silencio».

Beda Allemann explica el posible significado del título, Atemwende:

«Hálito virado», pues la poesía en la concepción de Celan, a tenor de sus

declaraciones a raíz de la concesión del premio Büchner de poesía, recogidas en

su texto en prosa Der Meridian (El Meridiano), supone un giro, un cambio

de aliento, pero aliento en el sentido de Destino («Richtung»), de Hado («Schicksal»);

la poesía de Celan se va a deslizar por la tierra de nadie entre la palabra («Sprache»)

y la mudez («Nichtmehr- Sprache»).

Tomemos como concreción del seguimiento de la poética de Celan, el

conocido poema «In den Flüssen», (En los ríos), cuarto de la serie «Atemkristall»

(Cristal de aliento), incluida en Atemwende:

IN DEN FLÜSSEN nórdlich der Zukunft

werf ich das Netz aus, das du

zógernd beschwerst

mit von Steinen geschriebenen

Schatten.

Este enigmático poema ha sido admirablemente analizado por Hans Georg Gadamer

en su libro Wer bin ich und wer bist Dut (¿Quién soy yo y quién eres Tú?), donde defiende la importancia

de la audición, de la atención al aspecto de la pura sonoridad del poema, no quedándose sólo en la lectura

inarticulada. Lo mismo afirma Walter Biemel, para quien se debe leer el poema con la fractura de los versos

de manera muy exacta.

La primera traducción en castellano es muy prosaica:

En los ríos al norte del futuro

lanzo la red que tú

vacilantemente cargas

con sombras escritas por

piedras.

Se nos dice entre paréntesis que la traducción tuvo que colocar la palabra final “sombras” (Schatten)

en la línea anterior porque la sintaxis castellana no conoce la colocación predicativa.

Esta misma solución adopta Felipe Boso, aunque su versión es bastante más cuidada y original a la vez,

al tiempo que respeta, como la anterior, el número de versos, siendo más acertada, o al menos poéticamente

aceptable la traducción del tercer verso:

En los ríos al norte del futuro

tiendo la red que,

vacilando, lastras

con sombras escritas por

piedras.

No obstante, la versión que nos parece más inspirada es la recreación de Jaime Siles, aunque no sea la

más fiel y no respete la función resaltadora del verso final que queda englobado en el anterior con lo que no hay

por qué dejar aislada la palabra piedras, que había sido colocada en el lugar de sombras, que es la que el poeta

deja al final en el original, pues en castellano resulta imposible dicha posición.

Lo que sobresale ahora es toda la imagen asociadora de ambos términos, el último de los cuales lleva

la determinación del artículo, inexistente en alemán, pero que supone un acierto poético-rítmico, gracias a lo cual

aquella condición de sonoridad acústica, invocada por Gadamer y Biemel, es recuperada, aunque mengüe la

literalidad/fidelidad de la traducción.

En los ríos al norte del futuro

lanzo la red

que lentamente cargas

de sombras escritas por las piedras.


El siguiente poema:

KEINE SANDKUNST MEHR, kein Sandbuch, keine Meister.

Nichts erwürfelt. Wieviel

Stumme?

Siebenzehn.

Deine Frage-deine Antwort

Dein Gesang, was weiss er?

Tiefimschnee,

Iefimnee,

I-i-e.

He aquí la solución aportada por Felipe Boso:

YA NO HAY ARTE DE ARENA, ni libro arenario, ni maestros.

Nada ganado a los dados. ¿Cuántos

mudos?

Diecisiete.

Tu pregunta-tu respuesta.

Tu canto, ¿qué sabrá?

En la nieve,

eliev,

e-i-e.

Todo se va diluyendo, derritiendo, incluso la imagen acústica del sintagma “Tiefimschnee”

(En la nieve profundamente). La atracción del abismo de la nada, incluso en el plano expresivo, se hace irresistible

para el poeta.

Amparo Amorós apunta en su estudio sobre la poética del silencio, que una traducción viable de la palabra

«zógernd» del poema «EN LOS RÍOS», conociendo la poética de paulatino acallamiento, de linea fronteriza entre

«Nicht-mehr» («Ya-no-más») y «Nochauch» («Todavia-aún), podría muy bien ser «balbuceando», con lo que se

recogería la dimensión del drama de la comunicación poética.

Es el intento de «quiero decir, pero me sale espuma», del poema de César Vallejo

esto es, de hablar bajo la realidad de la mudez».

El último poema del libro apuesta, a pesar de todo, por la afirmación de la luz salvadora

que aporta el yo del poeta, que se afirma frente al exterminio:

EINMAL,

da hórte ich ihn,

da wusch er die Welt,

ungesehn, nachtlang,

wirklich.

Eins und Unendlich,

vernichtet,

ichten

Licht war. Rettung.

No creemos que la traducción que da Boso del penúltimo verso «ichten» («minar») sea muy feliz,

pues llega a tergiversar el significado que el poeta quería dar a ese término inventado por él.

Si en el antepenúltimo verso el poeta habla de esos seres aniquilados, exterminados («vernichtet»),

es decir, privados de su yo, de su conciencia (recuérdese el grito de Unamuno de aviso contra los que nos roban

el yo, esto es, nos alienan) ello es para servirle de contraste con el penúltimo verso («ichten»), que significaría

algo así como «afirmaban su yo, defendían su ser».

Pero quedémonos, por ahora con la versión de Felipe Boso:

 

UNA VEZ

lo oí:

lavaba el mundo

sin ser visto, noches enteras,

cierto.

Uno e infinito,

exterminados,

minar.

Luz fue. Salvación.

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

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