rivolta

 

Quello morto è stravolto

e non guarda le stelle.

Hai i capelli incollati al selciato.

La notte è più fredda.

Quelli vivi ritornano a casa,

tremandoci sopra.

E’ difficile andare con loro:

si sbandano tutti.

Chi sale una scala, chi scende in cantina.

C’è qualcuno che va fino all’alba

e si butta in un prato sotto il sole.

Domani qualcuno

sogghigna disperato al lavoro.

Poi, passa anche questa.

Quando dormono, sembrano il morto.

Se c’è anche una donna

è più greve il sentore, ma paiono morti.

Ogni corpo si stringe stravolto al suo letto

come al rosso selciato:

la lunga fatica fin dall’alba,

val bene una breve agonia.

Su ogni corpo coagula un sudicio buio.

Solamente quel morto è disteso alle stelle

Pare morto anche il mucchio di cenci

che il sole scalda forte, appoggiato al muretto.

Dormire per la strada dimostra fiducia nel mondo.

C’è una barba tra i cenci e vi corrono mosche che han da fare.

Come mosche i passanti si muovono in strada.

Il pezzente è una parte della strada.

La miseria ricopre di barba

i sogghigni come un’erba

e dà un’aria pacata.

Questo vecchio che poteva morire stravolto nel sangue

pare invece una cosa ed è vivo.

Così tranne il sangue

ogni cosa è una parte di strada.

Pure, in strada le stelle hanno visto del sangue.

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revuelta

 

El muerto está retorcido y no mira las estrellas:

tiene los cabellos pegados al adoquinado. La noche es más fría.

Los vivos regresan al hogar, todavía temblando.

Es difícil ir con ellos; se dispersan todos

y hay quien sube por una escalera y quien baja a la bodega.

Hay quien camina hasta el alba y se tumba en un prado

bajo el sol. Mañana alguien sonreirá

con desesperación en el trabajo. Más adelante, también esto pasará.

Cuando duermen, se asemejan al muerto: si hay también una mujer,

el olor es más fuerte, pero se asemejan a muertos.

Los cuerpos, retorcidos, se aprietan contra el lecho

como contra el rojo empedrado: el largo cansancio

desde el alba bien merece una breve agonía.

Una sucia oscuridad se coagula sobre cada cuerpo.

Únicamente aquel muerto está tendido bajo las estrellas.

También parece muerto el manojo de harapos, que el sol

calienta con fuerza, apoyado contra el muro. Dormir

en la calle demuestra confianza en el mundo.

Hay una barba entre los harapos por los que corren moscas

sumamente ocupadas; por la calle, los transeúntes se mueven

como moscas; el pordiosero forma parte de la calle.

La miseria recubre con barbas las sonrisas burlonas,

al igual que una hierba, y confiere aspecto sosegado. Ese viejo

que podría morir retorcido, entre sangre,

parece, en cambio, una cosa y está vivo. De ese modo,

salvo la sangre, todo forma parte de la calle.

No obstante, las estrellas han visto sangre en la calle.

Cesare Pavese

Revuelta

De Trabajar cansa

Selección poética

 

 

cesare_pavese

 

 

 

 

 

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