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les fleurs du mal

édition de 1861

charles baudelaire

 

tableaux parisiens

 

 

Ô toi que j’eusse aimée,

ô toi qui le savais

 

 

 

        

 

 

À une passante

 

 

La rue assourdissante autour de moi hurlait.

Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,

Une femme passa, d’une main fastueuse

Soulevant, balançant le feston et l’ourlet;

 

Agile et noble, avec sa jambe de statue.

Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,

Dans son oeil, ciel livide où germe l’ouragan,

La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.

 

Un éclair… puis la nuit! — Fugitive beauté

Dont le regard m’a fait soudainement renaître,

Ne te verrai-je plus que dans l’éternité?

 

Ailleurs, bien loin d’ici! trop tard! jamais peut-être!

Car j’ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,

Ô toi que j’eusse aimée, ô toi qui le savais!

 

 

 

a la que pasa

 

 

La avenida estridente en torno de mí aullaba.

Alta, esbelta, de luto, en pena majestuosa,

pasó aquella muchacha. Con su mano fastuosa

Casi apartó las puntas del velo que llevaba.

 

Ágil y ennoblecida por sus piernas de diosa,

Me hizo beber crispado, en un gesto demente.

En sus ojos el cielo y el huracán latente;

El dulzor que fascina y el placer que destroza.

 

Relámpago en tinieblas, fugitiva belleza.

Por tu brusca mirada me siento renacido.

¿Volveré acaso a verte? ¿Serás eterno olvido?

 

¿Jamás, lejos, mañana?, pregunto con tristeza.

Nunca estaremos juntos. Ignoro adonde ¡rías.

Sé que te hubiera amado. Tú también lo sabías.

 

 

 

[Versión de José Emilio Pacheco]

 

 

 

a una que pasa

La calle aturdidora aullaba en torno a mí.
Alta, delgada, de luto riguroso, dolor majestuoso,
una mujer pasó, levantando, meciendo
el festón y el dobladillo con ostentosa mano;

ágil y noble, con sus piernas de estatua.
Yo bebía, crispado de un modoextravagante,
en sus ojos, lívido cielo donde germina el huracán,
la dulzura que fascina y el placer que mata.

Un relámpago… ¡y la noche otra vez! -Fugitiva belleza
Cuya mirada me ha hecho de pronto renacer,
¿no volveré ya a verte más que en la eternidad?

¡En otra parte, muy lejos de aquí!, ¡demasiado tarde!, ¡tal vez nunca!
Porque ignoro adónde huyes y tú no sabes adónde voy,
¡oh tú a quien hubiese amado, oh tú que lo sabías!

 

a una que pasa

 

 

El fragor de la calle me envolvía en aullidos.
Alta, esbelta, de luto, majestuoso dolor,
vi pasar la mujer que con mano fastuosa
levantaba y mecía de su falda los bordes.

 

Noble y ágil, luciendo una pierna de estatua.
Yo bebía, crispado, como un ser peregrino,
en sus cárdenos ojos, cielos hechos borrasca,
la dulzura que embriaga y el placer que da muerte.

 

Un relámpago… luego sólo noche. Belleza
fugitiva que mira devolviendo la vida,
¿no he de verte otra vez más que fuera del tiempo?

 

Oh, muy lejos de aquí, tarde ya, ¡tal vez nunca!
Yo no sé adonde huyes, donde voy tú lo ignoras,
tú a quien yo hubiese amado, tú que bien lo sabías.

 

 

[versión de Martínez Sarrión]

 

 

a una transeúnte

 

La calle atronadora aullaba en torno mío.
Alta, esbelta, enlutada, con un dolor de reina
Una dama pasó, que con gesto fastuoso
Recogía, oscilantes, las vueltas de sus velos,

Agilísima y noble, con dos piernas marmóreas.
De súbito bebí, con crispación de loco.
Y en su mirada lívida, centro de mil tomados,
El placer que aniquila, la miel paralizante.

Un relámpago. Noche. Fugitiva belleza
Cuya mirada me hizo, de un golpe, renacer.
¿Salvo en la eternidad, no he de verte jamás?

 

¡En todo caso lejos, ya tarde, tal vez nunca!
Que no sé a dónde huiste, ni sospechas mi ruta,
¡Tú a quien hubiese amado. Oh tú, que lo supiste!

 

a una transeúnte

 

 

La calle ensordecedora alrededor mío aullaba.
Alta, delgada, enlutada, dolor majestuoso,
Una mujer pasó, con mano fastuosa
Levantando, balanceando el ruedo y el festón;

 

Ágil y noble, con su pierna de estatua.
Yo, yo bebí, crispado como un extravagante,
En su pupila, cielo lívido donde germina el huracán,
La dulzura que fascina y el placer que mata.

 

Un rayo… ¡luego la noche! — Fugitiva beldad
Cuya mirada me ha hecho súbitamente renacer,
¿No te veré más que en la eternidad?

 

Desde ya, ¡lejos de aquí! ¡Demasiado tarde! ¡Jamás, quizá!
Porque ignoro dónde tú huyes, tú no sabes dónde voy,
¡Oh, tú!, a la que yo hubiera amado, ¡oh, tú que lo supiste!

 

 

[versión de pedro provencio]

 

 

 

 

 

 

 

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