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clarice lispector

descubrimientos

crónicas inéditas

Traducción y prólogo de Claudia Solans

2ª edición en Argentina: noviembre de 2010

2ª edición en España: noviembre de 2010

Adriana Hidalgo editora S.A., 2010

Buenos Aires

 

 

o impulso

 

Sou o que se chama de pessoa impulsiva. Como descrever? Acho que assim: vem-me uma ideia ou

um sentimento e eu, em vez de refletir sobre o que me veio, ajo quase que imediatamente. O

resultado tem sido meio a meio: às vezes acontece que agi sob uma intuição dessas que não falham,

às vezes erro completamente, o que prova que não se tratava de intuição, mas de simples

infantilidade.

Trata-se de saber se devo prosseguir nos meus impulsos. E até que ponto posso controlá-los. Há

um perigo: se reflito demais, deixo de agir. E muitas vezes prova-se depois que eu deveria ter

agido. Estou num impasse. Quero melhorar e não sei como. Sob o impacto de um impulso, já fiz

bem a algumas pessoas. E, às vezes, ter sido impulsiva me machuca muito. E mais: nem sempre

meus impulsos são de boa origem. Vêm, por exemplo, da cólera. Essa cólera às vezes deveria ser

desprezada; outras, como me disse uma amiga a meu respeito, são cólera sagrada. Às vezes minha

bondade é fraqueza, às vezes ela é benéfica a alguém ou a mim mesma. Às vezes restringir o

impulso me anula e me deprime; às vezes restringi-lo dá-me uma sensação de força interna.

Que farei então? Deverei continuar a acertar e a errar, aceitando os resultados

resignadamente? Ou devo lutar e tornar-me uma pessoa mais adulta? E também tenho medo de

tornar-me adulta demais: eu perderia um dos prazeres do que é um jogo infantil, do que tantas

vezes é uma alegria pura. Vou pensar no assunto. E certamente o resultado ainda virá sob a forma

de um impulso. Não sou madura bastante ainda. Ou nunca serei.

 

 

el impulso

 

Soy lo que se dice una persona impulsiva. ¿Cómo describirlo? Creo

que así: me viene una idea o un sentimiento y yo, en lugar de reflexionar

sobre lo que me vino, obro casi de inmediato. El resultado es mitad y

mitad: a veces sucede que actué bajo una intuición de esas que no fallan, a

veces me equivoco por completo, lo cual prueba que no se trataba de

intuición, sino de simple infantilismo.

Se trata de saber si debo seguir mis impulsos. Y hasta qué punto

puedo controlarlos. Hay un peligro: si reflexiono demasiado, dejo de actuar.

Y muchas veces queda comprobado después que debería haber actuado.

Estoy en un impasse. Quiero mejorar y no sé cómo. Bajo el impacto de un

impulso, ya les hice bien a algunas personas. Y, a veces, haber sido

impulsiva me lastima mucho. Y más: no siempre mis impulsos tienen un

buen origen. Vienen, por ejemplo, de la cólera. Esta cólera a veces no

debería ser tomada en cuenta; otras, como me dijo al respecto una amiga,

es mi cólera sagrada. A veces mi bondad es debilidad, a veces es benéfica

para alguien o para mí misma. A veces restringir el impulso me anula y me

deprime; a veces restringirlo me da una sensación de fuerza interna.

¿Qué haré entonces? ¿Deberé continuar acertando y equivocándome,

aceptando resignadamente los resultados? ¿O debo luchar y convertirme

en una persona más adulta? Y también tengo miedo de convertirme en

demasiado adulta: perdería el placer de lo que es un juego infantil, de lo

que tantas veces es alegría pura. Voy a pensar en el asunto. Y por cierto el

resultado vendrá también con forma de impulso. No soy muy madura

todavía. O nunca lo seré.

 

 

 

 

 

 

 

 

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