clarice lispector

descubrimientos

crónicas inéditas

Traducción y prólogo de Claudia Solans

2ª edición en Argentina: noviembre de 2010

2ª edición en España: noviembre de 2010

Adriana Hidalgo editora S.A., 2010

Buenos Aires

 

 

un hombre

 

Su inteligencia absolutamente fuera de lo común de tan enorme, al

principio me dejó confundida. Tuve que habituarme a la jerga de la gran

inteligencia. Es usualmente serio, pero tiene una sonrisa —no, no voy a

decir que su sonrisa le ilumina todo el rostro. Pero, a fin de cuentas, es la

verdad. No tiene miedo del lugar común, ese no-compromiso lo lleva a la

atmósfera de su inteligencia. Ésta muchas veces se sirve de sofismas, que

son la astucia de quien puede. Lo entiendo no con la cabeza, que no

alcanzaría la suya, sino con mi persona entera. Por otra parte, él es una

persona entera. Sus ojos muy negros no se desvían: no tiene miedo de

mirar a los hombres en lo profundo de los ojos. Dan ganas de sonreír con

él. Si yo supiera. Por otra parte, necesito habituarme a sonreír más, si no

piensan que estoy con problemas y no con el rostro sólo serio o

concentrado. Volviendo al hombre: cuando él dice “hasta mañana”, se sabe

que el mañana llegará. Tiene un ligero mal gusto en la elección de los

objetos de adorno que compra. Eso me provoca ternura. No tiene

conciencia de que lo miro tanto, no tantas veces, sino tanto.

 

 

 

um homem

 

Sua inteligência absolutamente fora do comum de tão grande, a princípio me deixou embaraçada.

Tive que me habituar ao jargão da grande inteligência. É normalmente sério, mas tem um sorriso

– não, não vou dizer que o seu sorriso lhe ilumina o rosto todo. Mas, enfim, é a verdade. Ele não

tem medo do lugar-comum, o tal não-engajamento o leva à atmosfera de sua inteligência. Esta

muitas vezes usa sofismas, que são a astúcia de quem pode. Entendo-o não com a cabeça, que não

alcançaria a sua, mas com minha pessoa inteira. Aliás ele é uma pessoa inteira. Seus olhos muito

negros não se desviam: ele não tem medo de olhar os homens no profundo dos olhos. Dá vontade

de sorrir com ele. Se eu soubesse. Aliás, preciso me habituar a sorrir mais, senão pensam que estou

com problemas e não com o rosto apenas sério ou concentrado. Voltando ao homem: quando ele

diz “até amanhã”, sabe-se que o amanhã virá. Ele tem um ligeiro mau gosto na escolha dos objetos

de adorno que compra. Isso me dá ternura. Ele é inconsciente que eu o vejo tanto, não tantas

vezes, mas tanto.

 

 

 

 

 

 

 

 

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