CLARICE LISPECTOR

 

PARA NO OLVIDAR

Crónicas y otros textos

 

 

Traducción del portugués de

Elena Losada

Libros del Tiempo Ediciones Siruela 

2007

Para nao esquecer

 

 

 

um pintor

 

A surpresa de ver que o pintor começa por nao recear inclusive a simetria. E preciso experiencia ou coragem para revalorizada, quando facilmente se pode imitar o “falso assimétrico”, uma das originalidades mais comuns. A simetria e concentrada, conseguida. Mas nao dogmática. É também hesitante, como a dos que passaram pela esperança de que duas assimetrias encontrar-se-ao na simetria. Esta como soluçao terceira: a síntese. Daí talvez o ar despojado, a delicadeza de coisa vivida e depois revivida, e nao um certo arrojo dos que nao sabem. Nao e propriamente tranquilidade o que esta ali. Há uma dura luta de coisa que apesar de corroída se mantém de pé, e nas cores mais densas há uma lividez daquilo que mesmo torto está de pé. Suas cruzes sao entortadas por séculos de mortificaçao. Sao altares? Pelo menos o silêncio de altar. O silêncio de portais. O esverdeamento toma um tom do que estivesse entre vida e morte, uma intensidade de crepúsculo. Há bronze velho nas cores quietas, e aço; e tudo ampliado por urn silêncio de coisas encontradas na estrada. Sentem-se longa estrada e poeira antes de chegar ao pouso do quadro; de algum modo este é um pouso, enfim, e recebe. Mesmo que os portais nao se abram. Ou já é igreja o portal da igreja, e diante dele já se chegou? Ainda há a luta para nao transpô-lo. E em nenhum quadro está dito: igreja. Sao muros de um Cristo que está ausente, mas os muros estao ali, e tudo é tocável, finalmente tocável para quern chega de longe. Pois e pintura tocável: as maos também a olham. O pintor cria o material antes de pintá-lo, e a madeira torna-se tao imprescindível para a sua pintura como o seria para um escultor de madeira. E o material criado é religioso: tem o peso de vigas de convento. E compacto, fechado como uma porta fechada. Mas nele foram esfoladas aberturas, rasgadas quase por unhas. E é através dessas brechas que se vê o que está dentro de uma síntese. Cor coagulada, violência, martírio sao as vigas que sustentam o silêncio de uma simetria religiosa.

 

un pintor

 

La sorpresa de ver que el pintor empieza por no temer a la simetría. Es necesaria experiencia o valor para revalorizarla, cuando fácilmente se puede imitar lo falsamente asimétrico, una de las originalidades más comunes. La simetría es concentrada, lograda. Pero no dogmática. Es también vacilante, como la de los que han pasado por la esperanza de que dos asimetrías se encuentren en la simetría. Una tercera solución: la síntesis. De ahí tal vez ese aire despojado, esa delicadeza de cosa vivida y después revivida, y no ese arrojo de los que no saben. No es exactamente tranquilidad lo que hay ahí. Hay una dura lucha de cosa que a pesar de estar corroída se mantiene allí, y en los colores más densos está la lividez de lo que incluso torcido se mantiene en pie. Sus cruces están torcidas por siglos de mortificación. ¿Son altares? Por lo menos el silencio del altar. El silencio de los portales. Lo verdoso adquiere el tono de algo que está entre la vida y la muerte, una intensidad de crepúsculo. Hay bronce viejo en los colores quietos, y acero; y todo ampliado por un silencio de cosas encontradas en el camino. Se siente un largo y polvoriento camino antes de llegar al cobijo del cuadro; de alguna manera éste es un cobijo, por fin, y acoge. Aunque los portales no se abran. ¿O ya es iglesia el portal de la iglesia, y ante él ya se ha llegado? Todavía falta la lucha para no traspasado. Y en ningún cuadro se dice: iglesia. Son muros de un Cristo que está ausente, pero los muros están allí, y todo es tangible, finalmente tangible para quien viene de lejos. Porque es pintura tangible: las manos también la miran. El pintor crea el material antes de pintarlo, y la madera se vuelve tan imprescindible para su pintura como lo sería la madera para un escultor. Y el material creado es religioso: tiene el peso de las vigas de un convento. Es compacto, cerrado como una puerta cerrada. Pero en él se han rasgado aberturas, como desolladas por uñas. Y a través de esas brechas se ve lo que está dentro de una síntesis. Color coagulado, violencia, martirio son las vigas que sustentan el silencio de una simetría religiosa.