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la rosa blanca

 

   

Alta corola: qué extrema superficie. Catedral de vidrio superficie de la superficie, inalcanzable. Por tu tallo dos voces a la tercera y a la quinta y a la novena se unen en coro —niños sabios abren bocas de mañana y entonan espíritu, leve superficie de espíritu, superficie intocable de una rosa.

Extiendo mi mano izquierda que es más débil y delicada, mano oscura que enseguida recojo sonriendo de pudor: no puedo tocarte. Mi rudo pensamiento querría poder cantar tu entendimiento de hielo y gloria. Intento liberarme de la memoria, entenderte como te ve la aurora, como te ve una cátedra, como te ve otra flor. (No temas, no quiero poseerte.)

Me alzo, me alzo en dirección a tu superficie que ya es perfume. Me alzo hasta alcanzar mi propia superficie, mi propia apariencia —empalidezco en esa región asustada y fina, casi alcanzo tu superficie divina… En una caída ridícula me desplomé.

No agacho mi cabeza que murmura: quiero al menos sufrir tu victoria con el sufrimiento angélico de tu armonía, de tu alegría. Pero me duele el  corazón grosero como en el amor por un hombre. Y de las manos tan grandes salen las palabras avergonzadas.

 

 

Clarice Lispector

Descubrimientos

Crónicas inéditas

Traducción y prólogo de Claudia Solans

noviembre de 2010

Adriana Hidalgo editora S.A.