clarice·lispector

descubrimientos

crónicas inéditas

 

 

 

Traducción y prólogo de Claudia Solans

2ª edición en Argentina: noviembre de 2010

2ª edición en España: noviembre de 2010

Los textos pertenecen a la obra original: A descoberta do mundo

Adriana Hidalgo editora S.A., 2010,

Buenos Aires

 

 

 

libertad

 

Hubo un diálogo difícil. Aparentemente no quiere decir mucho, pero

dice demasiado.

—Mamá, sácate ese cabello de la frente.

—Es un poco del flequillo, todavía.

—Pero así quedas fea.

—Tengo el derecho de ser fea.

—¡No lo tienes!

—¡Sí lo tengo!

—¡Digo que no lo tienes!

Y así fue que se armó el clima de pelea. El motivo no era fútil, era

serio: una persona, mi hijo en este caso, me estaba cortando la libertad. Y

yo no lo soporté, ni viniendo de un hijo. Sentí ganas de cortarme un

flequillo bien espeso, que cubriera bien toda la frente. Tuve ganas de ir a

mi cuarto, de trancar la puerta con llave, y de ser yo misma, por más fea

que fuera. No, no “por más fea que fuera”: yo quería ser fea, eso

representaba mi derecho total a la libertad. Al mismo tiempo sabía que mi

hijo tenía sus derechos: el de no tener una madre fea, por ejemplo. Era el

choque de dos personas reivindicando —¿qué, al final? Sólo Dios sabe, y

quedémonos aquí.

liberdade    

 

Houve um diálogo difícil. Aparentemente não quer dizer muito,

mas diz demais.

– Mamãe, tire esse cabelo da testa.

– É um pouco da franja ainda.

– Mas você fica feia assim.

– Tenho o direito de ser feia.

– Não tem!

– Tenho!

– Eu disse que não tem!

E assim foi que se formou o clima de briga. O motivo não era fútil, era sério:

uma pessoa, meu filho no caso, estava-me cortando a liberdade. E eu não

suportei, nem vindo de filho. Senti vontade de cortar uma franja bem espessa,

bem cobrindo a testa toda. Tive vontade de ir para meu quarto, de trancar a

porta a chave, e de ser eu mesma, por mais feia que fosse. Não, não “por mais

feia que fosse”: eu queria ser feia, isso representava meu direito total à liberdade.

Ao mesmo tempo eu sabia que meu filho tinha os direitos dele: o de não ter uma

mãe feia, por exemplo. Era o choque de duas pessoas reinvindicando – o que afinal?

Só Deus sabe, e fiquemos por aqui mesmo.

 

 

 

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