clarice lispector

descubrimientos

crónicas inéditas

Traducción y prólogo de Claudia Solans

2ª edición en Argentina: noviembre de 2010

2ª edición en España: noviembre de 2010

Adriana Hidalgo editora S.A., 2010

Buenos Aires

 

 

me hago cargo del mundo

 

Soy una persona muy ocupada: me hago cargo del mundo. Todos los

días miro desde el balcón el pedazo de playa con mar, y veo a veces que las

espumas parecen más blancas y que a veces durante la noche las aguas

avanzaron inquietas, veo eso por la marca que las olas dejaron en la arena.

Miro los almendros de mi calle. Presto atención a si el cielo de noche, antes

de irme a dormir y encargarme del mundo en forma de sueño, si el cielo de

noche está estrellado y azul marino, porque ciertas noches en vez de negro

parece azul marino. El cosmos me da mucho trabajo, sobre todo porque

veo que Dios es el cosmos. De eso me ocupo con cierta aversión.

Observo a un niño de diez años, vestido con harapos y flaquísimo.

Tendrá una futura tuberculosis, si es que ya no la tiene.

En el jardín Botánico, luego, quedo exhausta, tengo que hacerme

cargo con mi mirada de las mil plantas y árboles, y sobre todo de las

victorias regias.

Que se note que no menciono ni una vez mis impresiones emotivas:

lúcidamente sólo hablo de algunas de las millares de cosas y personas de

las que me encargo. Tampoco se trata de un empleo pues no gano dinero

con esto. Tan sólo me entero de cómo es el mundo.

¿Si hacerse cargo del mundo da trabajo? Sí. Y recuerdo un rostro

terriblemente inexpresivo de una mujer que vi en la calle. Me hago cargo de

los miles de faveladosde arriba de las laderas. Observo en mí misma los

cambios de estación: yo claramente cambio con ellas.

Me han de preguntar por qué me hago cargo del mundo: es que nací;

así, todo es de mi incumbencia. Y soy responsable por todo lo que existe,

incluso las guerras y los crímenes de leso cuerpo y lesa alma. Soy inclusive

responsable por el Dios que está en constante cósmica evolución para

mejor.

Me ocupo desde niña de una fila de hormigas: ellas andan en fila

india cargando un pedacito de hoja, lo que no impide que cada una, al

encontrarse con una fila de hormigas que viene en dirección opuesta, pare

para decir algo a las otras.

Leí el célebre libro sobre las abejas, y me hice cargo desde entonces de

las abejas, especialmente de la reina madre. Las abejas vuelan y lidian con

flores: esto yo lo constaté.

Pero las hormigas tienen una cintura muy finita. En ella, pequeña

como es, cabe todo un mundo que, si no presto atención, se me escapa:

sentido instintivo de organización, lenguaje que supera lo supersónico para

nuestros oídos, y probablemente los sentimientos instintivos de amor —

sentimiento, pues hablan. Me hice cargo de las hormigas cuando era

pequeña, y ahora, que yo quería tanto poder verlas de nuevo, no encuentro

ni una. Que no hubo matanza de ellas, lo sé porque si la hubiera habido yo

me habría enterado. Ocuparse del mundo exige también mucha paciencia:

tengo que esperar el día en que aparezca una hormiga. Paciencia: observar

las flores abriéndose imperceptible y lentamente.

Sólo que no encontré todavía a quién rendir cuentas.

 

 

eu tomo conta do mundo

 

Sou uma pessoa muito ocupada: tomo conta do mundo. Todos os dias olho pelo terraço para o

pedaço de praia com mar, e vejo às vezes que as espumas parecem mais brancas e que às vezes

durante a noite as águas avançaram inquietas, vejo isso pela marca que as ondas deixaram na areia.

Olho as amendoeiras de minha rua. Presto atenção se o céu de noite, antes de eu dormir e tomar

conta do mundo em forma de sonho, se o céu de noite está estrelado e azul-marinho, porque em

certas noites em vez de negro parece azul-marinho. O cosmos me dá muito trabalho, sobretudo

porque vejo que Deus é o cosmos. Disso eu tomo conta com alguma relutância.

Observo o menino de uns dez anos, vestido de trapos e magérrimo. Terá futura tuberculose,

se é que já não a tem.

No Jardim Botânico, então, eu fico exaurida, tenho que tomar conta com o olhar das mil

plantas e árvores, e sobretudo das vitórias-régias.

Que se repare que não menciono nenhuma vez as minhas impressões emotivas:

lucidamente apenas falo de algumas das milhares de coisas e pessoas de quem eu tomo conta.

Também não se trata de um emprego pois dinheiro não ganho por isso. Fico apenas sabendo como

é o mundo.

Se tomar conta do mundo dá trabalho? Sim. E lembro-me de um rosto terrivelmente

inexpressível de uma mulher que vi na rua. Tomo conta dos milhares de favelados pelas encostas

acima. Observo em mim mesma as mudanças de estação: eu claramente mudo com elas.

Hão de me perguntar por que tomo conta do mundo: é que nasci assim, incumbida. E sou

responsável por tudo o que existe, inclusive pelas guerras e pelos crimes de leso-corpo e lesa-alma.

Sou inclusive responsável pelo Deus que está em constante cósmica evolução para melhor.

Tomo desde criança conta de uma fileira de formigas: elas andam em fila indiana

carregando um pedacinho de folha, o que não impede que cada uma, encontrando uma fila de

formigas que venha de direção oposta, pare para dizer alguma coisa às outras.

Li o livro célebre sobre as abelhas, e tomei desde então conta das abelhas, sobretudo da

rainha-mãe. As abelhas voam e lidam com flores: isto eu constatei.

Mas as formigas têm uma cintura muito fininha. Nela, pequena como é, cabe todo um

mundo que, se eu não tomar cuidado, me escapa: senso instintivo de organização, linguagem para

além do supersônico aos nossos ouvidos, e provavelmente para sentimentos instintivos de amorsentimento,

já que falam. Tomei muita conta das formigas quando era pequena, e agora, que eu

queria tanto poder revê-las, não encontro uma. Que não houve matança delas, eu sei porque se

tivesse havido eu já teria sabido. Tomar conta do mundo exige também muita paciência: tenho que

esperar pelo dia em que me apareça uma formiga. Paciência: observar as flores imperceptivelmente

e lentamente se abrindo.

Só não encontrei ainda a quem prestar contas.