POETAS EN LA RED

 

 

 

concha garcía

 

 

 

Más, sobre poesía

 

 

Llevo varios días leyendo al poeta Czeslaw Milosz traducido por Xavier Farré. Para leer a un poeta debes dedicar tiempo, mucho tiempo. A ser posible intentar que sus poemas engarcen con instantes de tu vida, que se cuelen entre los discursos políticos con los que no estamos de acuerdo, que se formen estribillos con algunos de sus versos, que el mundo sea mirado según sus reflexiones poéticas. Solo se puede leer bien a un poeta así. Puedes también acompañar esta experiencia con lecturas complementarias acerca de su trabajo, del tiempo que le tocó vivir, de las elecciones personales, de sus lecturas e intereses. Poco a poco completas la foto del autor y pones en movimiento la articulación de su pensamiento mediante el lenguaje de la poesía, que aunque traducida, -estoy de acuerdo en que la traducción no lo puede dar todo-,  nos acerca con bastante exactitud a un sentir con el que coincides; y te sientes reconfortada, atendida, acompañada. Durante el tiempo que estás con el poeta no estás sola, y cuando lo dejas para dar paso a otra cosa, un poso de él, un alivio hecho de palabras, se acomoda contigo para siempre.

 

 

 

 

Poesía

 

 

 

Eliot escribió en uno de sus ensayos  que la gente tiende a creer que existe una esencia única de la poesía susceptible de formulación, y como la   poesía opera con el lenguaje, es quizás la creación más compleja que necesita de la complicidad y la inteligencia del lector o lectora. La poesia no necesita estar subvencionada, ni tampoco que se subvencionen las ediciones de poesía. Se han publicado demasiados libros muy mediocres para justificar presupuestos de diversos ayuntamientos y diputaciones -eso lo sabemos-. Lo peor que puede sucedernos es que la complejidad de un poema acabe siendo  entendida por unos pocos privilegiados. Contra la merma de la cultura en una sociedad,  no pueden hacer nada ni las redes, ni la más sofisticada tecnología. Es en el campo de las letras, de la filosofía, de la ciencia, de la observación,  donde nos nutrimos de  la curiosidad que nos llevará  al estudio, al aprendizaje de la soledad, al amor a otras culturas, al dolor de existir. Para inspirarse hay que cuidar la vida sensitiva,  llenarla de sentido. Hay que tener conciencia de ello. Para tener conciencia de la existencia y nuestras complejidades, algo hay que saber ¿no?

 

 

 

 

Marcel Duchamp y el aura

 

 

 

Tarde de domingo en casa. Saco del archivo artículos antiguos y comienzo a leer. Guardé en marzo de 1996, hace dieciséis años, un editorial de ABC firmado por José Ángel Valente. Cómo han cambiado los tiempos. La editorial se titulaba: “El aura y las estéticas de la retracción”. ¿Podemos imaginarnos algo parecido ahora? Me llamó la atención el asunto del aura, planteado hace unos días en este blog y del que apenas hemos tenido respuesta. Valente decía que le parecía curioso que la experiencia de los “ready-made” de Marcel Duchamp (1887-1968) cuestionara todos los elementos tradicionales de la obra de arte, salvo el del aura. En efecto,  lo que hacía Duchamp era sustraer el objeto fabricado en serie, fruto absoluto de su reproductibilidad, cargándolo  de aura al ser despojado de su instrumentalidad. Por lo tanto, un orinal descontextualizado adquiere un espacio aurático. Han pasado muchos años y me pregunto si no hemos perdido del todo, por exceso, la percepción del aura. La literatura, pura mercancía, solo es visible en cuanto se reproduce en serie,  llegando al ideal cuando de una novela se puede crear una película. Muchos escritores aspiran a eso. Nos damos cuenta de que en cierta forma, Lacan, Althusser, Derrida… tenían razón cuando vieron en el Mayo del 68 el comienzo de una nueva era mercantilista.

 

 

 

¿Metodología para escribir un poema?

 

 

 

¿Metodología? Os propongo la lectura de este texto del diario de Nadiezhda Mandelstam, donde explica cómo llegaba la poesía a su esposo y a la poeta Anna Ajmátova. ¿Cómo nos llega el poema?

“Cuentan muchos poetas que la poesía nace del siguiente modo –eso lo dice tanto Ajmátova en “El poema sin héroe”, como Mandelstam- : Suena en sus oídos una frase musical, insistente, al principio inconcreta y luego precisa, pero todavía sin palabras. En más de una ocasión fui testigo de cómo trataba Mandelstam de librarse de esa melodía, de escapar de ella… Movía la cabeza como si pudiera sacudírsela de encima igual que si fuera una gota de agua que hubiera penetrado en su oído durante el baño. (…) Ajmátova contaba que cuando le “llegó” el poema antes mencionado estaba dispuesta a todo con tal de librarse de él: se puso incluso a lavar la ropa, pero no consiguió nada”.

 

 

 

 

 

Mímica

 

 

 

Puede que el gesto de abrir un libro se pierda con el tiempo, como están perdiéndose ciertas significados basados en la mímica. Cuando un niño observa al  adulto hace una señal con el dedo índice  formando un círculo imaginario en el espacio para re-presentar que ha llamado por teléfono, el niño no lo entiende. El niño no conoce los viejos teléfonos de marcadores numéricos circulares. Dejará de tener sentido ese gesto y sin embargo, no dejará de tener sentido que el gesto pueda ser repetido ad-infinitun hasta que alguien lo re-interprete y le de un nuevo significado.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

Deja un comentario