entrevistas breves con hombres repulsivos

 

brief interviews with hideous men

 

DAVID FOSTER WALLACE

 

Traducción de Javier Calvo

 

2001 de la edición castellana para todo el mundo:

MONDADORI (Grijalbo Mondadori, S.A.)

Primera edición

 

 

E.B. nº 14, VIII-1996

ST. DAVIDS, PENSILVANIA

 

 

-Me ha costado todas las relaciones sexuales que he tenido. No sé por qué lo hago. No me considero una persona politizada. No soy uno de esos tipos que claman por América, leen los periódicos y se preocupan por si se aprueban las leyes de Buchanan.

Lo estoy haciendo con alguna chica, no importa con quién. Es cuando empiezo a correrme. Entonces me pasa.

No soy demócrata. Ni siquiera voto. Una vez me asusté mucho y llamé a un programa de la radio, a un médico de la radio, sin decir mi nombre, y me diagnosticó la vociferación incontrolada y estridente de palabras o expresiones involuntarias, a menudo insultantes o escatológicas, cuyo nombre técnico es coprolalia. ..

Pero cuando empiezo a correrme y me pongo a gritar, lo que digo no es insultante ni obsceno. Es siempre lo mismo y es muy raro, pero no lo consideraría insultante. Me parece simplemente raro. E incontrolable. Me sale igual que le sale a uno el semen, produce la misma sensación. No sé por qué pasa y no puedo evitarlo.

P.

-«¡Victoria para las fuerzas de la libertad democrática!» Pero mucho más fuerte. Como si lo gritara. De forma incontrolable. Ni siquiera pienso en ello hasta que se me escapa y lo oigo. «¡Victoria para las fuerzas de la libertad democrática!» Pero mucho más fuerte: « ¡ VICTORIA … .

P.

-Bueno, se asustan mucho, ¿usted qué cree? Y yo me muero de vergüenza. No sé ni qué decir. ¿Qué diría usted si gritara «Victoria para las fuerzas de la libertad democrática» en el momento

de correrse?

P.

-No me daría tanta vergüenza si no fuera tan raro, joder. Si tuviera alguna idea de por qué pasa. ¿Me entiende?

P .

-Joder, ahora mismo estoy avergonzado.

P.

-Pero solamente pasa una vez. A eso me refiero cuando digo lo que me ha costado. Me doy cuenta de que se asustan mucho y me entra vergüenza y no las vuelvo a llamar. Por mucho que intente explicárselo. Y las que más me avergüenzan son las que se muestran comprensivas, como si no les importara y no pasara nada y lo entendieran y no les molestara, porque gritar «¡Victoria para las fuerzas de la libertad democrática!» cuando estás eyaculando es tan raro, joder, que siempre me doy cuenta de que están alucinando y simplemente se muestran condescendientes conmigo y fingen que lo entienden. Y son esas las que de verdad me hacen cabrearme y no me da vergüenza no llamarlas o evitarlas por completo, las que dicen: «Creo que podría quererte a pesar de todo».

 

 

 

B.I. #14 08-96

ST. DAVIDS PA

 

‘It’s cost me every sexual relationship I ever had. I don’t know why I do it. I’m not a political person, I don’t consider myself. I’m not one of these America First, read the newspaper, will Buchanan get the nod people.

I’ll be doing it with some girl, it doesn’t matter who. It’s when I start to come. That it happens.

I’m not a Democrat. I don’t even vote. I freaked out about it one time and called a radio show about it, a doctor on the radio, anonymously, and he diagnosed it as the uncontrolled yelling of involuntary words or phrases, frequently insulting or scatological, which is coprolalia is the official term.

Except when I start to come and always start yelling it it’s not insulting, it’s not obscene, it’s always the same thing, and it’s always so weird but I don’t think insulting. I think it’s just weird. And uncontrolled. It’s like it comes out the same way the spooge comes out, it feels like that. I don’t know what it’s about and I can’t help it.’

Q.

‘ Victory for the Forces of Democratic Freedom!” Only way louder. As in really shouting it. Uncontrollably. I’m not even thinking it until it comes out and I hear it. “Victory for the Forces of Democratic Freedom!” Only louder than that: “VICTORY—”’

Q.

‘Well it totally freaks them out, what do you think? And I just about die of the embarrassment. I don’t ever know what to say. What do you say if you just shouted “Victory for the Forces of Democratic Freedom!” right when you came?’

Q.

‘It wouldn’t be so embarrassing if it wasn’t so totally fucking weird. If I had any clue about what it was about. You know?’

Q

‘God, now I’m embarrassed as hell.’

Q.

‘But all there is is the once. That’s what I mean about it costing. I can tell how bad it freaks them out, and I get embarrassed and never call them again. Even if I try to explain. And it’s the ones that’ll act all understanding like they don’t care and it’s OK and they understand and it doesn’t matter that embarrass me the worst, because it’s so fucking weird to yell “Victory for the Forces of Democratic Freedom!” when you’re shooting off that I can always tell they’re totally freaked out and just condescending down to me and pretending they understand, and those are the ones where actually I actually end up almost getting pissed off and don’t even feel embarrassed not calling them or totally avoiding them, the ones that say “I think I could love you anyway.”’

 

 

 

Wallace, David Foster. Brief Interviews with Hideous Men: Stories 

 

 

 

 

 

E.B. n.0 15, VIII-1996

INSTITUTO DE OBSERVACIÓN Y ASESORAMIENTO

MCI-BRIDGEWATER

BRIDGEWATER, MASSACHUSETTS

 

 

 

-Es una propensión, y dado que la coerción es mínima y no se produce un daño real, resulta esencialmente benigna, creo que tiene que estar usted de acuerdo. Y sorprendentemente son muy pocos los que necesitan alguna coerción, se lo aseguro.

P.

-Desde un punto de vista psicológico el origen resulta obvio. Distintos psicoanalistas coinciden, añadiría yo, en este sentido y en todos los demás. De manera que está todo muy claro.

P.

Bueno, mi propio padre era, por decirlo de algún modo, un hombre cuya propensión natural no era portarse bien, pero a pesar de todo intentaba con diligencia ser un buen hombre. Perdía los estribos y todo eso.

P.

-Bueno, no es lo mismo que si las torturara o las quemara.

P.

-La propensión de mi padre a la furia, sobre todo [ininteligible o distorsionado] a Urgencias por enésima vez, porque tenía miedo de su propia cólera y de su propensión a la violencia doméstica, que se fraguó durante un periodo de tiempo, y eventualmente recurrió, tras ese periodo de tiempo y varios periodos de asistencia psicológica fallida, a la práctica de esposarse las muñecas detrás de la espalda siempre que perdía los estribos con alguno de nosotros. En casa. Cosas domésticas. Pequeños accidentes domésticos que van socavando la paciencia de uno y todo eso.

Aquella contención de sí mismo fue progresando durante cierto tiempo de manera que cuanto más furioso se ponía con nosotros se contenía de forma más coercitiva. A menudo el pobre hombre terminaba el día atado de pies y manos en el suelo de la sala de estar, gritándonos con furia que le pusiéramos su maldita mordaza.

No sé si esa historia puede interesar a alguien que no tuviera el privilegio de estar aUí. Intentando ponerle la mordaza sin ser mordido. Pero, por supuesto, aquello nos permite explicar mi propensión y rastrear su origen y tenerlo todo bien claro y ordenado para explicárselo, ¿no es cierto?

 

 

 

B.I. #15 08-96

MCI-BRIDGEWATER

OBSERVATION & ASSESSMENT FACILITY

BRIDGEWATER MA

 

 

 

‘It is a proclivity, and provided there’s minimal coercion and no real harm it’s essentially benign, I think you’ll have to agree. And that there are a surprisingly small number who require any coercion at all, be apprised.’

Q.

‘From a psychological standpoint the origins appear obvious. Various therapists concur, I might add, here and elsewhere. So it’s all quite tidy.’

Q.

‘Well, my own father was, you might say, a man who was by natural proclivity not a good man but who nevertheless tried diligently to be a good man. Temper and so forth.’

Q.

‘I mean, it’s not as if I’m torturing them or burning them.’

Q.

‘My father’s proclivity for rage, especially [unintelligible or distorted] the Emergency Room for the umpteenth time, afraid of his own temper and proclivity for domestic violence, this built over a period of time, and eventually he resorted, after a period of time and periods of unsuccessful counseling, to the practice of handcuffing his own wrists behind his back whenever he lost his temper with any of us. In the house. Domestically.

Small domestic incidents that try one’s temper and so forth.

This self-restraint eventually progressed over a period of time such that the more enraged he might become at any of us, the more coercively he began to restrain himself. Often the day would end with the poor man hog-tied on the living room floor, screaming furiously at us to put his goddamn motherfucking gag in.

Whatever possible interest that bit of history might hold for anyone not privileged to have been there.

Trying to get the gag in without getting bitten. But of course so now we can explain my proclivities and trace their origins and have everything tied up all nice and tight and tidy for you, can’t we.’

 

 

Wallace, David Foster. Brief Interviews with Hideous Men: Stories  

 

 

 

 


 

 

 

 

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