des-espera

 

 

Este hombre se propone para un gran amor desde hace varias horas.

Aviso a algunos amigos: estoy enamorada desde el jueves.

Meses atrás le tuve codicia y deseo.

Pero tiene dueña y no me fijo en perros con collar.

Rota la barrera, dice lo que sabemos: estoy terminando, no la amo,
sos vos, sos vos.

Da fundamentos maravillosos, parafrasea leyendas mitológicas, alude
a destinos salvajes, lobunos.

Corro a la par con las parábolas apasionadas. Volamos por las galaxias
de la perfección de este amor, que, como corresponde, no es un brote recién nacido,
es un amor de otras épocas, de la eternidad previa al génesis, una sucesión
de reencarnaciones que nos han llevado, sencillamente, a reconocernos con naturalidad
y soltura, etcétera.

Adoro estas verborragias previas.
Se me eriza la piel, me llena el alma de voluntad de festejo.

Pero me acuerdo de mi edad, mis circunstancias- eso me salva en estas terribles horas
de sábado a la noche, de amanecer de domingo: él promete venir a visitarme en algún momento
de las próximas horas y desaparece, tiene una cita familiar, va con su novia.

Novia a la que va a dejar por mí, eso dice su voz espesa por lo caliente, prometedora, sensual.

Novia que está este sábado a la noche con él, como debe ser su rutina, junto a su familia,
una relación fuerte, habitual, con sus costumbres de encuentros, una relación legítima que incluye
a todos los conocidos de ambos lados.

 

Sin ánimos de guerrilla, camino por las paredes del infierno. No voy a poder soportar esto,
le digo a una amiga, enamorada de un hombre casado desde hace un año, cómo podés aguantar.

Porque le creo, dice ella, sé que quiere estar conmigo, a veces me alcanza.

Presto atención a esa enamorada explicación. Y agradezco no creer en nada.

 

Me agarro del descrédito como de una estaca, por si la crecida del río me lleva el bote: me amarro a la desconfianza para no dejarme llevar, en estas horas, por la crecida del amor no consumado y en estado de abandono. Los prismáticos del alma se ajustan: vuelvo a mirar y ver un desconocido, montones de palabras, varios besos en el parque, sólo eso.

Fuerte en el dolor y el desamor habituales, sola por opción, fortalecida en mis costumbres, no acomodo la casa, ni compro velas ni sahumerios. Está en la casa de ella, totalmente silenciado, me pidió hace más de doce horas que le crea y que confíe y yo le dije la verdad, que no lo conozco y no confío, que si lo conociera tampoco confiaría, que eso me lo pidiera después, que ahora nada de nada. Cree amarme más que a nada en este mundo ni a ningún otro mundo posible, y amanece en el colchón de otra, y eso es bien posible y habitual y es síntoma de partida, agradecida, fueron tan hermosas sus intenciones, en especial eso de revertir el mito de Calypso, la ninfa condenada por Zeus a ser siempre dejada, también ese asunto de decirnos lobos, tan hermosa, paralela y posible.

Pero el sábado es de la novia, y a vos qué carajo te importa dice otra amiga, si lo que te dice es tan lindo. Y yo no le voy a explicar a ella, que en el fondo piensa igual que yo, por cuál carajo ese detalle importa, esa incapacidad que tengo, cada vez más, de compartir un hombre, que me lleva, a esta altura de la recta histórica a ser solitaria y a la vez algo promiscua, egoísta, avara de afectos, regateadora, especulativa. A mirar como en el tango, la vidriera de los romances con la ñata bien pegada, respirando, dejando saliva, alguna lágrima y el aliento, viendo cómo los demás parecen poder amarse y yo siempre afuera, esperando a un perro con collar que se promete lobo, haciendo de cuenta que no le creí nada ni abrí el candado del baúl de algunos sueños siempre dispuestos a volverse volutas felices de humo colorido.

 

 

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María Laura Prelooker

 

 

 


 

3 Comentarios

  1. María Laura: aprovechando que tu entrada anterior ha levantado el asunto, ahora me digo, te pregunto: ¿consiste, entonces, en que somos

    incompletos y hemos de hacer uno, ser uno, o más bien en que somos duales -que no dobles- y, en tal caso, contando contando, nos salen

    cuatro? Claro que también se pueden conciliar posiciones: si un humano es dual -no doble- se puede dualizar en hombre y mujer. La dualización

    evita la simetría de la duplicidad: por definición, los elementos duales son asimétricos.

    Lo que realmente me interesa de esta entrada es la exclusividad, la necesidad -o no- de exclusividad. Si, más allí de las tragaderas de cada cual,

    de sus circunstancias o del estado de su añoranza o de cuánto se compadece a sí mismo, existe en el tema de la exclusividad algo así como un

    consenso -aunque luego, por lo dicho, no lo respetemos-. Si, como ese amor que tiene en su esencia la eternidad, y puede decirse que es eterno

    mientras dura, aunque sean unos pocos días, también puede decirse que el amor original es en exclusiva -o no lo es-.

    Podemos seguir hacia dentro: entonces, ¿en el amor se da o se recibe algo? Si sí: ¿qué? ¿Es difusivo o efusivo?: para saber que hablamos de

    lo mismo: la difusión -el dar difusivo- crea un inferior, al que se le da, y, cuando da, en alguna medida pierde -pierde de aquello que da-. En el

    dar efusivo, el amor no busca la igualdad, sino que la establece, y no se agota nunca, porque al dar no pierde -de aquello que da-.

    Y lo dejo aquí que ya me mareo 😎

    Gracias

    Narciso

  2. A mí se me da por pensar que, por algún misterioso motivo, la pena de amor es inspiradora y mueve al artista a escribir parrafadas. Desconozco si eso se hace para obtener desahogo o con algún propósito ulterior, ya sea filosófico o estético. Por otro lado, nada más lejano para mi intención en tanto autora, de transmitir enseñanza o moraleja alguna. Aquí se intenta retratar humildemente el devaneo torturado de una amante. Nada más que eso. Creo que hay un cierto aire de época en esto de transmitir la mirada de una mujer respecto de tantas cosas, entre ellas el lamento amoroso, que hace tanto tiempo ha dejado de ser patrimonio del bardo masculino. Solo eso. Una pena de amor, un sábado de insomnio, saber que el amado duerme con otra…

  3. Y claro: las teorías mínimas que escribo son por completo innecesarias y ajenas a lo que tú escribes. También para mí.

    No pretendo contrastarlas -en ningún sentido- con tu relato, sobre todo porque le quitarían el perfume y le aplastarían el

    volumen del peinado. Pero: si uno cree que el amor es eterno mientras dura, aunque sea unos pocos días, posiblemente

    no caiga en el todo da lo mismo, al escribir un relato: quizá se libre de la gratuidad, de la arbitrariedad, de que puede pasar

    o ser cualquier cosa porque todas acaban siendo lo mismo. Creo -teoría mínima- que la dicha gratuidad o la arbitrariedad no

    tensan ningún arco: más bien amontonan, uno detrás del otro, los arcos que van destensando. Coño, que cursi me ha quedado.

    Gracias

    Narciso

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