despedida de los addison de witt

 

lunes, 8 de abril de 2013

Este colectivo de cinco poetas y/o críticos bajo el nombre Colectivo Addison de Witt

se despidió indefinidamente con este post, en el que dieron a conocer el ganador del

Premio Ausiás March al Mejor Poemario de 2012, el escritor chileno Raúl Zurita por

su libro “Zurita”, publicado por la editorial Delirio.

Enhorabuena al poeta y a la editorial por el fantástico libro publicado.

Premio Ausiás March al mejor poemario de 2012

Raúl Zurita

Zurita

Editorial Delirio

El premio Ausiás March al mejor poemario de 2012 es para Raúl Zurita y su monumental Zurita. En el que, sin duda, es también

el mejor libro del chileno, Zurita expone durante más de 700 páginas un universo que no es sino un resumen de la vida y de

nuestro tiempo.

El trasfondo del golpe militar de 1973 en su país se convierte en la excusa para realizar una maravillosa descripción de la condición

humana en cada una de sus múltiples facetas, desde la más miserable a la más altruista.

El chileno realiza todo un despliegue técnico en el que cabe la prosa, la prosa poética, la poesía e incluso el periodismo. Zurita no

es sólo la historia de un ser llamado Zurita sino la historia concentrada de tantos otros seres que han sido testigos o víctimas de la

barbarie que acompaña desde siempre a nuestra especie. Lo mismo ocurre con el paisaje y con su océano. El paisaje descrito por

el poeta no es sólo el paisaje chileno sino que son todos los paisajes a la vez. Zurita es al mismo tiempo físico y metafísico, social

y espiritual, sin imposturas, desde un profundo humanismo. El volumen, anticipado por el libro que Amargord publicó con el título de

“Cuadernos de guerra”, es el Canto General nerudiano de este siglo XXI. Los tiempos están rotos, la narración fragmentada pero la

ambición y la fuerza están muy presentes. Dado el despliegue de recursos y la extensión, el libro no está exento de errores.

Zurita no es un poeta al que le resulte fácil lograr imágenes brillantes, la imaginación no es su fuerte, y a veces cae en ciertos lugares

comunes, como en descripciones de amaneceres, o en simples cursilerías. Se le perdona porque los errores son aislados y porque

es imposible mantener un gran nivel durante tantas páginas.

Zurita, para este colectivo, es el mejor libro de poesía publicado en 2012 en España.

Accésit al Premio Ausiás March a Mejor Poemario de 2012

Antonio Gamoneda

Canción errónea

Tusquets

Resulta sorprendente que Gamoneda mantenga su poesía a tan alto nivel pasados los ochenta años. El poeta ha publicado su

mejor libro de lo que llevamos de siglo y no es poco. Con una poesía fuertemente existencial, Gamoneda parece escribir un

poemario que tiene algo de despedida y mucho de lucidez. El poeta trabaja con un eje de pocos símbolos y palabras (la luz,

la madre, la vejez, el olvido, el amor) y construye variaciones sobre sus temáticas que giran en una espiral de melancolía,

angustia y desesperanza. En definitiva giran ante lo que el poeta llamaría su inocencia de no saber vivir y la realidad de la

inexistencia. A pesar de la temática, hay algo natural en el dolor transmitido, algo que lo hace casi natural y que lo aleja del

victimismo y la conmiseración.

La sorprendente frialdad en la angustia es quizás uno de los mayores logros del poeta y quizás una de las razones por las que

muchos lectores no conectan con su poesía. Gamoneda no busca nuestra piedad ni nuestra lágrima fácil. No le hace falta.

El miembro del jurado que no ha votado por el libro lo ha hecho por dos razones. En primer lugar aduce que las repeticiones

de sustantivos, para él simbólicos, restan fuerza a su impacto en cada poema nuevo en el que se repiten. Para él, esas

variaciones son repetitivas. En segundo lugar cree que el uso cromático que se realiza con los colores es excesivo y añaden

esa sensación de repetición, que no de poema unitario, que este miembro del jurado tiene.

Al margen del voto en contra, el colectivo AdW piensa que Gamoneda vuelve a demostrar que nadie

le ha regalado nada para ser uno de los mejores poetas de nuestro país.

Finalistas al Premio Ausiás March a Mejor Poemario de 2013

Juan Carlos Mestre. La bicicleta del panadero. Calambur


Quienes votaron por “La bicicleta del panadero” valoran el esfuerzo enciclopédico, el golpe, que supone el libro como acto afirmativo

del poeta. Asumen que en un libro tan voluminoso es difícil mantener el nivel en todos los poemas pero destacan que, a la probada

habilidad verbal del poeta, éste asume nuevos retos lingüísticos inéditos hasta ahora es su obra (o poco frecuentes). La poesía

como magia, como torrente inesperado en el que ante una misma mesa se pueden sentar los adjetivos y nombres propios más

alejados y lograr una armonía inesperada y un asomo al misterio.

Quienes han decidido no votar el libro piensan que al autor le ha faltado contención, en la mayoría de poemas y en su conjunto.

Piensan que existe una cierta gratuidad léxica e imaginativa, un exceso por el exceso, enmarañado entre automatismos en donde

brillan los poemas más sencillos, aquellos en los que el Juan Carlos Mestre vuelve a la humildad honesta y necesaria.

Un poeta que en las entrevistas se enorgullecía de publicar un libro cada 8 años ha dejado pasar demasiado poco tiempo a la hora

de publicar un volumen tan extenso en el que la autocrítica y el reposo no aparecen. ¿Por qué tanta premura?, se preguntan.

Ambos grupos coinciden en que lo mejor del libro es su manejo del sentido del humor

y de la ironía, algo poco frecuente en nuestra poesía, y nada fácil de lograr.

Alejandro Céspedes. Topología de una página en blanco. Amargord

Los miembros de AdW que votaron por el libro indican que el autor ha dado un salto de calidad y estilo importante desde su

último libro. Apenas quedan recuerdos del autor de “James Dean, amor que me prohibes”. El riesgo debe premiarse. “Topología”

es una interesante reflexión sobre la palabra y el hecho poético y su tratamiento se realiza desde diversas y variadas vías.

Destaca especialmente el afán de destrucción del texto y sus componentes, similar a una cierta inmolación metafórica del propio

autor. Quienes votaron por “Topología” opinan que combina poesía y reflexión metapoética de una manera inteligente,

coherente y que invita a la reflexión.

Quienes no lo hicieron señalan varios aspectos. Uno de ellos es el abuso de la intertextualidad, que va mucho más lejos de lo

que el autor señala al final del libro y que abarca no sólo el aspecto versal sino el formal, el sintáctico, el temático y el morfológico.

No es un libro original, dicen, y pretende serlo. El poemario resulta largo y reiterativo. Según ellos, algunos de los detalles visuales

y de edición serían más propios de ilustraciones de libros juveniles y no están a la altura de la seriedad y profundidad del texto.

Tanto unos como otros señalan que sí se percibe un esfuerzo importante por la obra bien hecha,

independientemente de la opinión sobre su resultado, Y un poeta que se reinventa y se esfuerza

de manera notable logrando su mejor libro merece ser reconocido por ello.

Francisco Fuentes. Setenta y cuatro días sin mí. Editora Regional de Extremadura

Uno de los dos sleeper del año. Uno de esos secretos de poesía por los que vale la pena todo el esfuerzo de lectura y una de las

dos razones por las que existía esta página: sacar de la oscuridad autores que, por no ser mediáticos, vivir en provincias o no

aparecer en las revistas o festivales, son ignorados. He aquí un libro que vale la pena. Quienes votaron a Fuentes señalan su

profundidad lírica. Fuentes tiene capacidad para, con una sencillez engañosa, llegar lejos en su comunicación.

Es un autor dotado de una gran sensibilidad poética  El poeta tiene capacidad para acercarse al enigma poético, a la

transcendencia de la poesía y la existencia.

Quienes no han votado por el libro están de acuerdo con lo dicho anteriormente pero tienen varias objeciones. En primer lugar,

el nivel de los poemas es irregular, especialmente en su mitad, donde la calidad de los poemas baja con respecto a los primeros

y últimos. Para un libro tan breve como es éste, se requiere un nivel excelente en todos los poemas. Al margen de alguna pequeña

pero obvia intertextualidad no señalada, sería deseable un mayor número de poemas para ayudar a configurar el poemario y

eliminar algunos que rompen con el tono del libro (“te voy a hacer un vestido…” por poner un ejemplo).


El colectivo en su conjunto reconoce la gran calidad del libro. El autor es joven y tiene tiempo.

Que no tenga prisa y que conserve la mirada.

Raúl Quinto. Ruido blanco. La Bella Varsovia

Quinto realiza un crítica a los medios de comunicación en su nuevo libro. En un tono aséptico, vaga por tiempos y espacios en

una búsqueda errante. El poeta consigue muchas veces su propósito: inquietarnos. Ser más conscientes si cabe de nuestro

presente. Su estilo es visual, directo, sin apenas adornos. Algunas de sus imágenes tienen una poderosa fuerza.

El contenido es correcto, ambicioso y profundo.

Quienes no votaron a Quinto piensan que la frialdad del texto se transmite a su propia condición de lectores. Se quedan

impasibles y afirman no sentir nada ante los hechos que el poeta refleja. Creen que el poeta podría habernos hecho partícipes,

en mayor medida, de sus reflexiones. Al margen de pequeños detalles retóricos y de una cierta sensación de repetición en un

poemario breve, destacan esa falta de transmisión lírica y emocional como el mayor obstáculo para no haber votado al libro.

Ruido Blanco, en cualquier caso, es un buen ejemplo de poesía bien escrita, trabajada, actual y realizada desde la humildad

de una pequeña editorial.

Angélica Morales. Desmemoria. Gobierno de Aragón

El otro sleeper del año. Angélica parece escribir desde la alucinación, desde un cierto estado alterado de conciencia que no le impide

ver la realidad cotidiana pero que a la vez le permite vislumbrar lo que muchos no pueden observar. A través de unos versos largos

y llenos de fuerza, Angélica logra una poesía aparentemente confesional y novedosa, desgarrada y rotunda. Desmemoria es un diario

escrito en el futuro donde la familia es la cuerda y la horca. Muy interesante.

Quienes no votaron por el libro de Angélica apuntan a ciertos excesos expresionistas en forma y fondo, así como una voluntad

malditista no del todo creíble. Igualmente indican que, a nivel técnico, a su poesía le falta ritmo. También echan de menos un mayor

dominio retórico.

Dicho todo lo cual, Desmemoria es una de las sorpresas poéticas más interesantes de todo el año.


 

 

 

 

 

 

 

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