antología de spoon river

 

edgar lee masters

 

 

 

Traducción, prólogo y notas de Jaime Priede

Bartleby Editores, 2012, 376 pp

     

Spoon River Anthology comienza con un plano general de «La Colina» y continúa con un travelling de primeros planos resueltos en forma de flashback. Este primer poema recrea el tópico ubi sunt, pregunta retórica a la que Masters da respuesta a través de una segunda voz que le hace perder al tópico su vocación ascética para situarse en un contexto más terrenal, alejado de la perspectiva clásica.

La utilización del verso libre, las acusaciones de prosaísmo, de vulgaridad, de obsesión por los temas sexuales y de inmoralidad general no se lo pusieron fácil a un libro que, a pesar de ello, supo beneficiarse del escándalo como factor publicitario entre la sociedad puritana de su tiempo.

Edgar Lee Masters, como deja de manifiesto en Spoon River Anthology, siempre sintió simpatía por los hombres y las mujeres que se complican la vida, que suben tan pronto como bajan, que mantienen entre sí relaciones destructivas, víctimas de sus propias ambiciones, deseos e impulsos. Incluyéndose a sí mismo en el último epitafio, ellos son los protagonistas del libro de poesía más leído de todos los tiempos en Estados Unidos. Cada uno ve la vida a su manera. Y a eso es a lo que llamamos vida.

 

 

jack mcGuire

 

   

They would have lynched me

Had I not been secretly hurried away

To the jail at Peoria.

And yet I was going peacefully home,

Carrying my jug, a little drunk,

When Logan, the marshal, halted me

Called me a drunken hound and shook me

And, when I cursed him for it, struck me

With that Prohibition loaded cane—

All this before I shot him.

They would have hanged me except for this:

My lawyer, Kinsey Keene, was helping to land

Old Thomas Rhodes for wrecking the bank,

And the judge was a friend of

Rhodes And wanted him to escape,

And Kinsey offered to quit on

Rhodes For fourteen years for me.

And the bargain was made.

I served my time

And learned to read and write.

 

Me habrían linchado

si no llegan a trasladarme a toda prisa y a

[escondidas

a la cárcel de Peroia.

Todo porque iba tranquilamente camino de casa

con mi botella y un poco borracho,

cuando Logan, el jefe de policía, me dio el alto,

me llamó perro borracho y me empujó,

y al insultarle yo, me golpeó con la porra.

Y entonces le pegué un tiro.

Si no me colgaron fue por esto:

Mi abogado, Kinsey Keene, estaba intentando

[empapelar

al viejo Thomas Rhodes por la quiebra del banco,

pero el juez era amigo de Rhodes

y quería hacer la vista gorda,

así que Kinsey le propuso dejar en paz a Rhodes

a cambio de catorce años para mí.

Se hizo el trato. Cumplí mi condena,

aprendí a leer y a escribir.

 

ida frickey

 

     

Nada en la vida te es ajeno.

Yo era una piba de Sumum sin pelas

que una mañana se bajó del tren en Spoon River.

Las casas junto a las que pasaba tenían la puerta

[cerrada

y las cortinas echadas. Pasaban de mí,

no tenía nada que ver con ellas.

Pasé ante la vieja mansión de McNeely,

un castillo de piedra entre senderos y jardines,

unos cuantos curritos cuidándolos,

así que era el condado y el Estado los que se lo

[mantenían

al mandamás señorial, siempre tan orgulloso.

Tenía tanta hambre que tuve visiones:

vi unas tijeras gigantescas

bajar del cielo, como el brazo de una draga,

y cortar la casa en dos como si fuera una cortina.

Luego en el Comercial vi a un tío

que me guiñaba el ojo cuando yo estaba

[pidiendo curro.

Era el hijo de Wash McNeely.

Nada menos que el eslabón de la cadena que me

[hizo dueña

de la mitad de la propiedad de aquella mansión

gracias a un pleito que le puse por no cumplir

[palabra.

Ahí están las tijeras.

Así que ya ves, la casa, desde el día en que nací,

me estaba esperando.

     

Nothing in life is alien to you:

I was a penniless girl from Summum

Who stepped from the morning train in Spoon River.

All the houses stood before me with closed doors

And drawn shades—l was barred out;

I had no place or part in any of them.

And I walked past the old McNeely mansion,

A castle of stone ‘mid walks and gardens

With workmen about the place on guard

And the County and State upholding it

For its lordly owner, full of pride.

I was so hungry I had a vision:

I saw a giant pair of scissors

Dip from the sky, like the beam of a dredge,

And cut the house in two like a curtain.

But at the “Commercial” I saw a man

Who winked at me as I asked for work—

It was Wash McNeely’s son.

He proved the link in the chain of title

To half my ownership of the mansion,

Through a breach of promise suit—the scissors.

So, you see, the house, from the day I was born,

Was only waiting for me.

 

edith conant

 

      

Por aquí andamos. Nosotros, los recuerdos.

Apartamos los ojos porque nos da miedo leer:

«17 de junio de 1884. 21 años y 3 días».

Todo ha cambiado.

Nosotros, los recuerdos, seguimos aquí, solos,

pues no hay ojo que pueda vernos ni saber por

qué estamos aquí.

Tu marido ha muerto. Tu hermana vive lejos.

A tu padre ya le dobla la edad.

Te ha olvidado, apenas

si sale de casa.

Nadie que recuerde tu rostro delicado,

tu voz aflautada,

ni cómo cantabas, incluso la mañana en que

[te hirió

el intenso dulzor de un dolor palpitante

hasta la llegada del hijo que murió contigo.

Todo está olvidado, salvo por nosotros, los

[recuerdos,

que hemos sido olvidados por el mundo.

Todo ha cambiado, salvo el río y la colina…

Pero también ellos han cambiado.

Solo el sol ardiente y las plácidas estrellas son

[iguales.

Y nosotros, nosotros, los recuerdos, seguimos

[aquí, aterrados,

los ojos anegados por el cansancio de las

[lágrimas,

con un inmenso cansancio.

         

We stand about this place—we, the memories;

And shade our eyes because we dread to read:

“June 17th, 1884, aged 21 years and 3 days.”

And all things are changed.

And we—we, the memories, stand here for ourselves alone,

For no eye marks us, or would know why we are here.

Your husband is dead, your sister lives far away,

Your father is bent with age;

He has forgotten you, he scarcely leaves the house

Any more. No one remembers your exquisite face,

Your lyric voice!

How you sang, even on the morning you were stricken,

With piercing sweetness, with thrilling sorrow,

Before the advent of the child which died with you.

It is all forgotten, save by us, the memories,

Who are forgotten by the world.

All is changed, save the river and the hill—

Even they are changed.

Only the burning sun and the quiet stars are the same.

And we—we, the memories, stand here in awe,

Our eyes closed with the weariness of tears—

In immeasurable weariness.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Θ