el poder de la palabra: entrevista a joaquín giannuzzi

por martha vargas

para asumir las verdades humanas hay que estar en el mundo

Joaquín Giannuzzi

 

 

 

 

Mijail Bajtin ha dicho que la poesía “es un lenguaje de dioses”. Como tal, su lenguaje es autónomo y absoluto, se basta a sí mismo, tiene categoría de ser,

un ser verbal en el mundo.

La poesía moderna juega con la ironía y presenta las preguntas sobre las problemáticas y hasta el enjuiciamiento de las palabras y de la vida misma.

Desde el ángulo de “lector común”, el que se implica en la palabra poética por placer y casi por necesidad existencial, aparece esta necesidad de

adentramiento, de contacto, con el mundo de la poesía, con el ámbito de las palabras del poeta, con la imagen del mundo del poema.

Tratemos de descubrir el mundo poético del poeta argentino Joaquín Giannuzzi, que en su enorme departamento porteño, donde “se percibe la soledad,

como compañía”, se presta al diálogo.

 

-¿Desde qué edad escribe?

-Se despertó el gusto por la escritura cuando el maestro nos pidió que

hiciéramos un resumen sobre un capítulo de “Facundo” de Sarmiento, bueno,

ahí descubrí la felicidad de escribir.

A partir de eso, seguí escribiendo, como un destino en mi vida. A partir de eso,

hice estudios de ingeniería en La Plata, después dejé la universidad e ingresé al

periodismo.

-¿Hizo Escuela de Periodismo?

-No, directamente. Parece que ahora la modalidad es ir a una escuela, pero en

esa época directamente se ingresaba al diario y allí se aprendía. Como muchos

otros periodistas, grandes escritores, como por ejemplo Roberto Arlt.

-¿En qué diario empezó?

-En Crítica, en el año 1953 y después pasé a Crónica. Por fin, hice periodismo

cultural, hice crítica de poesía en la Revista Sur, por los años 60, después en

Clarín, en La Nación y en distintas revistas críticas de poesía, sobre todo.

-¿Qué premios ha obtenido?

-Tuve varios, entre ellos, el Premio Municipal, el Premio Esteban Echeverría, el

del Fondo Nacional de las Artes, Premio de Honor para la Fundación Argentina

para la Poesía y como una culminación, el Premio Nacional de Poesía del año

92. Este año en la Feria del Libro, con Saer, gané el Premio de la Feria.

-¿Qué siente, qué experimenta al escribir poesía?

-Escribir poesía es un acto de felicidad y también un tormento. Puede llegar a

ser una desesperación. Si uno está satisfecho con el resultado, puede llegar a ser

un estado de exaltación, como un estado de gracia.

-¿No podemos hablar de inspiración?

-No está de moda la inspiración, pero podría ser. Esa palabra existe y por lo

tanto, también la emoción. Es un estado emocional, que es la inspiración.

Algunos escriben en frío, otros necesitan cierto clima espiritual para escribir.

Ese clima, en el caso mío, viene solo, no porque lo busque.

-Usted habló de cierta exaltación.

-Sí, un estado de gracia, a lo mejor es demasiado llamarla así, pero…

-¿Su poesía es serena o exaltada?

-Yo creo que hay un estado intermedio, entre los dos estados. Puede ser

reflexiva, descriptiva. Trato que no sea demasiado reflexiva, porque no es lo que

corresponde, el poeta no es un pensador. Pero sí, puede haber un pensamiento

dentro de cada poema. El poeta expresa, no piensa.

-¿Son sus obsesiones la muerte, la naturaleza, la vida?

-Yo creo que son obsesiones que ya duran 4000 años. El hombre tiene esas

obsesiones, su gran problemática, sobre la condición humana y la conciencia,

sobre la finitud, que es su gran tragedia. Por supuesto, yo no soslayo la tragedia

histórica, que es la tragedia sobre la existencia. ¿Por qué vivimos? Pero también

¿de qué vivimos?

-¿Su poesía expresa también las angustias sociales?

-Sí, pero no siempre están explicitadas. A veces, con más claridad. Pero no me

propongo hacer literatura comprometida. En la década del 50 se hacía. El

compromiso del poeta, ante todo es con su lenguaje. Puede expresar el drama de

la época, sí, cada uno tendrá su camino, de acuerdo a sus obsesiones, a sus

pasiones, a su visión del mundo. A veces trato temas que se refieren a la

actualidad, a la actualidad histórica ¿no?. Creo que todo poeta, bien o mal,

refleja el drama de su época, claro, no siempre en forma explícita, a veces hay

que leer entre líneas. Pablo Neruda decía “Yo hablo de las cosas que existen”…

Se suponía en otra época, que el poeta vivía en las nubes.

Para asumir las verdades humanas hay que estar en el mundo, también en el

sentido de la sensibilidad.

-¿Participa de la nueva poesía argentina?

-Yo evoluciono, como casi toda la gente que escribe, que no se queda con una

forma determinada, hay otros registros formales. Hoy mismo, basta echar una

ojeada a la poesía que hacen los jóvenes, hay diversos registros, muchos tonos y

acentos y variedades temáticas. Casi no podemos señalar un rasgo común. Hay

cierta poética donde hay un realismo extremo, un lenguaje violento, la

irreverencia que es propia de la poesía joven de todos los tiempos, la crudeza de

las expresiones. Ahora todos somos algo minimalistas, a veces recomiendo a los

jóvenes que me consultan, no apelar a las abstracciones, mundo correcto, el

mundo que los rodea, las cosas. No poemas con ideas como decía Mallarmé, que

la poesía no se hace con ideas sino con palabras.

-Usted es un poeta preferido por los jóvenes.

-Sí, me han dicho eso. Hay alguna afinidad. Tal vez por los temas, en cuanto a la

forma, no sé. ¿Usted ha escuchado eso?. Bueno espero que esa influencia haya

sido para bien.

-En su libro Obra Poética, dice que es la despedida, que ese es el final.

-Es que Obra Poética, Obras Completas, suena sí a bajada de telón, a despedida.

Pero, en poesía, nunca hay despedidas. Creo que el título del volumen debería

ser poesías completas hasta aquí, lo cual deja una puerta abierta para seguir, la

prueba está en que he seguido escribiendo, podría publicar un libro más.

-¿La poesía puede ser una ideología?

-Es una pregunta difícil, mejor dicho, es difícil la respuesta. La poesía no tiene

ideología, tiene mundo, tiene vida. Si hubiera que definirla, hay tantas

definiciones como poetas. Casi siempre, las definiciones son obras de los poetas,

no de teóricos ni de filósofos. Si yo quisiera dar una definición, yo diría que la

poesía es una eterna juventud. Siempre encuentro recursos, no se sabe de

donde, es un manantial permanente. El lenguaje poético puede ser

revolucionario, pero, vuelvo a repetir, la misión de la poesía no es pedir justicia,

es revelar la injusticia. Está como implícito el concepto, de que el momento en

que se revela el estado del mundo, hay una demanda de justicia. Pero, insisto,

no es la misión poética. Hay también una misión social de la poesía, el hecho de

escribir para los otros, ya está determinando la función social. Para eso uno

publica. ¿Para qué uno escribe?. Bueno, para no morirse, porque le da la gana.

En el hecho de publicar se hace la entrega al mundo de la poesía, y el mundo

sabrá que hacer con ella.

-¿Usted puede imaginar la poesía como un lugar de resistencia?

-De por sí, la poesía es resistencia, siempre va a contrapelo de lo convencional,

de ciertos códigos. Apunta siempre a la verdad, a la verdad profunda del mundo

¿no?

-¿Su poesía es una poesía de contenidos, de esencias?

-La poesía es ante todo forma, el contenido a veces determina una forma. Lo

decía Benedetto Crocce que resolvió en su momento, el eterno problema entre el

contenido y la forma. Afirmaba que el contenido es la forma. Después de esto, ya

no hay más discusión sobre el tema.

-¿Para qué sirvió en América Latina este gritar tantos dolores?

-Me plantea un problema muy interesante, es, en qué medida, el arte en general,

puede modificar el mundo, puede cambiar la historia. ¿El mundo hubiera sido

lo mismo si Shakespeare no hubiera existido?. Pregunta quizás, un poco

absurda. No puedo aseverar que el arte pueda transformar la historia del

mundo. En América Latina, evidentemente no sirvió. Pero puede despertar

conciencias, conciencia de la realidad y de sí mismos, que sería una de las

funciones de la poesía. Justamente, en la poesía moderna se da esta conciencia

de sí misma. El poeta habla en nombre de una colectividad, no es que haya

recibido un mandato de esa colectividad, sino que directamente asume la voz de

esa colectividad, lo expresa. Kafka, dice: “El rumor eterno del pueblo”. Podría

decirse que la poesía va a contrapelo de la historia. Un poeta puede ser también

un clarividente, se habla de clarividencia de la poesía. Por ejemplo, en el caso de

Kafka que es un narrador, pero, yo creo que en Kafka había un gran poeta, el

mundo del presente, que vio en su época…

-Es la concepción clásica del artista, como un adelantado a su tiempo.

-Exactamente. Rimbaud decía que el poeta debe hacerse vidente. Ese es el poder

de la palabra. Ella le da su poder.

-¿Tiene otro libro en preparación?

-Siempre tengo para hacer otro libro. Si veo que puedo darle una unidad, lo

editaré. Bueno, no tengo mucho horizonte para poder pensar en otra obra

completa.

-¿Cómo es su método de trabajo, tiene horarios, trabaja en cualquier

momento del día, tomando notas previas?

-No, no soy un empleado de la poesía. Justamente creo que el ejercicio de la

poesía es el ejercicio de la libertad absoluta, incluso la libertad para usar el

lenguaje, no sólo la libertad para sentarse a laburar cuando uno tiene ganas.

Además, se puede escribir en cualquier circunstancia, en cualquier lugar.

Algunos necesitan aislamiento, otros estar inmersos en la muchedumbre, en el

rumor del mundo, para escribir. Yo necesito un poco de silencio, nada más y un

buen café.

-¿Es un buen lector?

-Bueno, siempre, leo muchísimo. En mi juventud también. La lectura es

indispensable y creo que define, en cierta forma, el rumbo del joven escritor. La

lectura alimenta. Leer poesía ajena es un alimento necesario. Se escribe mucha

poesía actualmente, lo cual me parece muy bien.

-¿Por qué somos un país donde se escribe tanta poesía, es fácil

escribir poesía?

-No creo que escribir poesía sea fácil. Bueno, a algunos les resulta fácil, a otros

no. Pero claro, existe el talento de algunos. El talento lo da Dios, la naturaleza,

no sé, lo genético. Aunque como dice Almafuerte, el fracaso también merece su

premio. Pero vemos que los elegidos son pocos. Creo que cuanto más poesía

haya en el mundo, buena o mala, eso espiritualiza la vida.

El acto de escribir, aunque el resultado artístico no sea óptimo, siempre conlleva

una voluntad de belleza, de perfección y de búsqueda de la palabra. Hay

vocaciones y después viene la aptitud. Porque puede haber una gran vocación

literaria y no existir la aptitud, como en cualquier arte, como en cualquier

manifestación humana.

-Usted escribió varios poemas a sus padres.

-Mi padre ha sido una de mis obsesiones, pero en fin, era un humilde

trabajador. Eso me honra a mí. Era un trabajador de la construcción, como

había sido su padre.

 

A menos de cinco meses de su muerte, Katarsis publica una entrevista a

Joaquín Gianuzzi aparecida en el periódico de poesía La Guacha allá por

1999, que por ese entonces coincidía con el lanzamiento de su libro ‘Cabeza

final’.

¿Por qué cree que lo venimos a ver y editamos Cabeza Final en

nuestro segundo aniversario?

Yo te dije cuando entrabas que los estaba esperando con un sentimiento de

condenado, por las preguntas que me iban a hacer, como a quien lo toman por

sorpresa a la vuelta de la esquina, o “como un síncope detrás de la puerta “.

Hablar de poesía me produce angustia y una suerte de fatiga física, la

impotencia de no poder definir nada, la teorización. Vos dirás, recién

empezamos y ya estás fatigado, vamos mal. Con respecto a la edición del libro

me resulta, justamente, inexplicable.

¿Qué encontrará el lector en este libro?

¿Qué puedo decirte? ¿Que toca a un hombre, como diría Whitman? Hablando

en términos más serios mi objetivo sería que se enriqueciera la experiencia, la

sensibilidad del lector. (¡Nada menos!) Que se sienta, además autor.

¿Hay alguna preocupación general en él?

Son poemas de distintas épocas de mi vida. Parte de una serie de experiencias.

Creo que el lector se encuentra siempre con lo que quiere encontrar. Ojalá, en

este caso, se encuentre con lo inesperado, esa es mi esperanza. Aunque todos los

días pierdo una. Como decía Kafka, “no hay esperanzas para nadie salvo para

Dios”. La poesía es a la vez un campo de infinitas posibilidades, por eso la defino

como una eterna juventud. Uno escribe para sentir esa juventud, también para

saber por qué uno escribe, y finalmente, porque se le da la gana.

¿Tiene algún juicio personal sobre Cabeza final?

No voy a decir que es el final de una trayectoria. Porque son textos de distintas

épocas de mi vida. pero además porque los he remozado, algo aprendí con el

tiempo acerca de mi propia poesía; es decir, aumentaron mis dudas.

(…)

 

En su caso hay una constante: la crudeza de los finales donde los

poemas se resuelven, con una visión crítica.

Es cerrar el poema. No me gusta la imprecisión en el desarrollo del poema, debe

haber cierta coherencia entre las partes. De hecho se pueden hacer poemas

deconstruidos, donde el sentido aparece errático, en un extremo del poema,

después se suspende, luego se descubre al final. Lo mío es una especie no de

reflexión, porque no es un pensamiento visible. Este debe estar diluido en la

imagen. Creo que hay que suscitar el pensamiento en el lector. (…) A mí me

gustan los finales que cierran no diría con una reflexión sino con una visión del

mundo, dando la sensación de un todo acabado. Pero supongo que un poema no

debe terminar nunca. Gombrowicz habla de la necesidad de lo inacabado de lo

imperfecto, como uno de los objetivos del hombre. Pero más que un cierre, diría

que al final de mis poemas hay una resolución.

Esos finales ¿no engañan la ilusión del poema descriptivo, no la

contradicen?

Sí pero yo no busco en ese caso la descripción. A mí me funciona esa visión

dentro del poema, así que no puedo hacer nada.

¿Y por qué son pesimistas en general, esos finales? Una decisión de

no ahorrarle nada al lector.

No quiero simplificar. Desde mi punto de vista diría que soy un pesimista jovial,

en todo caso, no solemne. Eso proviene de mi temperamento, de mi visión de la

condición humana. Y todos sabemos el espanto que nos ha tocado vivir. La

realidad de la época a mí me impregna, en mis poemas aparece mucho la época,

la palabra misma incluso. Todo poema revela un poco el drama de la época.

Incluso en aquellos donde el tema parece intemporal. Llevo la impronta de una

infancia carenciada. No me quejo pero eso me hizo un resentido; se me negaron

oportunidades. Tengo una cultura periodística, un poco fragmentaria. Aunque

esa carencia pudo haber operado como estímulo, pero no fue así.

(…)

El poema es una especie de equilibrio entre varios elementos ¿no?

Un poema es una especie de acto sinfónico. Personalmente corrijo mucho. Es

raro que un poema salga de un tirón. Si el poema necesita mejorarse y uno

vuelve y vuelve sobre él, es porque está fracasado. Hay que sumergirse en un

mundo de particularidades, apoyarse en las cosas, y hablar como si la palabra

estuviera en un estado más cercano a la cosa nombrada, como si se obtuviera

una palabra en estado naciente, es decir, un lenguaje originario. Hay que

escuchar las cosas, sólo así el poema puede ser un acontecimiento y no el

registro de un acontecimiento. La abstracción, como la inteligencia, lo

discursivo, puede matar el poema, si no se la pone en función de la forma. Noto

un poco en la poesía actual la despreocupación por la forma y el rigor. Todo

poema tiene que ser una lección de rigor.

Esa falta de rigor ¿es producto de un postulado estético o simple

ignorancia?

Yo hablo de una despreocupación por la forma. Hay poemas que aparecen muy

embrollados. Parten de una poca claridad de visión que se traduce en una poca

claridad expresiva. Por eso se incurre a menudo en el solipsismo. Pero ese no es

un rasgo general en el panorama de la poesía joven.

Siempre hace ese juego. Primero tira el juicio y después se matiza, o

mitiga el efecto de lo que dice.

Lo que quiero decir es que no cumplo con mi preceptiva personal. Mi obra

desmiente un poco los ideales de mi poética. Y eso quiere decir que por más que

me empeño no lo consigo. Tiene que ver con los mecanismos secretos de todo

acto creador. Quién puede saber los resortes secretos que se movilizan allí.

¿La deficiencia no está en la herramienta?

Pero justamente, el genio poético consiste en saber manejar la herramienta o

manejar la herramienta adecuada. Creo que a algunos de mis poemas, les falta el

elemento que es la. extrañeza, una atmósfera, un clima. Mucho del pánico ante

la página en blanco proviene de que uno se encuentra ante el drama de la

expresión, de quedarse a solas con el lenguaje. Estoy ahogándome en un

pantano de millones de palabras que están a mi disposición y frente a alas

cuales debo ejercer mi libertad de optar. Tengo el temor de naufragar en ese

mar, que no es precisamente el mar de Leopardi. Y debo elegir entre las

palabras. Eso me produce una especie de terror que puede ser el terror a la

libertad absoluta, el no saber qué hacer con ella.

 

¿Cómo ha sido su experiencia personal con la historia?

Fui periodista durante muchos años, y me tocó vivir en el corazón llameante de

esta época como testigo directo de golpes de estado, revoluciones, huelgas

generales, asesinatos, hasta que se llega al horror de los 70. Compartí utopías,

que no perdí, aunque las mantengo por desesperación. Tengo expectativas,

porque creo que a lucha va a seguir, no me refiero sólo a la lucha de clases,

aunque está siempre implícita en cualquier poesía.

¿La lucha de quiénes contra quiénes?

Por supuesto, los pobres contra los ricos; los ricos contra los pobres. Para hablar

en términos crudos y primarios. Es obvio que este combate llega desde el fondo

de la historia. Es un drama creciente que abarca eras incalculables. Me tocó ver

la historia en su mayor horror y violencia. Algo de eso impregnó algunos de mis

poemas. En ciertos casos he tratado intencionalmente de registrarlo, la

intención de referenciarme en la realidad. A veces elijo una situación

emblemática. Un poema de que empieza describiendo el hecho de que a altas

horas de la noche tocan el timbre a la casa de uno. Aparte de sentirse vagamente

culpable, si a esa hora suena el timbre es porque la policía está detrás de la

puerta. La palabra policía aparece mucho en mi poesía; por lo demás es notorio

su protagonismo en las calles de nuestro tiempo.

“Tiroteo en la noche” es un poema bastante explícito.

Sí, la violencia, la represión. Siembre hay una bala que lo está buscando a uno.

Hay referencias demasiado explícitas en ese poema. La otra pregunta es si ese

horror debe entrar en la poesía. La narrativa le ha dado bastante lugar, pero en

poesía no lo veo tanto. Habría que evitar el alegato o el panfleto, aunque de

hecho puede haber panfletos geniales. Otro es el caso de Paul Celan, que expresa

un estremecimiento como testigo del horror, un poeta de los puros, hermético,

terrible. Como su vida, su suicidio.

(…)

En los narradores argentinos, el periodismo ha ejercido una gran

influencia. Es usted poeta, ¿cómo influyó esa profesión?

Creo que de ninguna manera. Me he pasado la vida frente a la máquina de

escribir, pero el periodismo es ajeno al ejercicio poético. Diría que el periodismo

mira, la poesía ve. Claro que esta es una observación simplificadora y

superficial. Creo que pudo haber influido en las frases lineales y ciertas

temáticas obsesivas como los accidentes, que me preocupan menos en sí

mismos que por el azar, las maniobras del destino. Ahora, hay páginas

periodísticas que son bellas. Y esa también es la finalidad última del poema.

¿La belleza?

Por supuesto. Además como una puerta posible para acceder a un conocimiento

superior. Quizás impulse a instalar una fe en lo desconocido.

(…)

¿Se ha tenido que privar de escribir?

He atravesado experiencias terrible en lo personal. Necesito para escribir cierta

paz espiritual, si tengo una preocupación aunque sea mínima, me paralizo. No

coincido con la idea de que se escribe desde el dolor, que a lo mejor está ahí,

callado pero obrando. Esas experiencias terribles han enriquecido mi espíritu

pero no sé si han mejorado mi literatura. También es un lugar común decir que

se parte de la experiencia. Pero ocurre que hay diversos niveles de experiencia.

La experiencia del mundo, de lo histórico, es diferente a la experiencia que uno

moviliza en su interior. A lo mejor desde el encierro en una habitación oscura,

sin tener contacto con la realidad sensible del exterior, puede brotar la poesía. A

la larga, uno siempre se queda a solas con el lenguaje.

 

¿Y cuándo empezó a pulir esas influencias y tener un estilo, tonos, o

acentos propios?

Yo creo que no tengo tal acento propio. Algunos creen ver alguna personalidad

pero me considero, como dije muchas veces, un poeta standard.

Eso es falsa modestia.

Parece una pose, ¿no? Pero a mi edad me niego el derecho de equivocarme

respecto a mis juicios sobre mis propios poemas. Es una especie de cortesía para

con los demás. No me considero un poeta importante, eso es todo.

¿Y a qué adjudica entonces su influencia?

.

Eso es una cosa que no puedo entender. Allí debe haber un malentendido

grueso. Yo no lo advierto. No creo tener esa influencia. ¿Qué me contás entonces

de la influencia que ejerció Pizarnik? Todavía hay vestigios. Y Gelman,

Madariaga, Lamborghini, Biagioni, Alonso, tienen sus seguidores. ¿Pero se nota

mi influencia en la poesía que hacen algunos jóvenes? No lo noto para nada.

Ese es otro problema. ¿No pretenderá que se lo imite

descaradamente? Se trata de buscar la propia voz.

Bueno, pero entonces ¿dónde está la influencia?

Tal vez a nivel de lectura y no de escritura.

Y tener un referente ahí. Todos lo hemos tenido.

¿Le molesta que lo referencien de esa manera?

No, halaga mi vanidad si me queda alguna.

¿O le desagrada la calidad de las poéticas de los que lo reconocen

como influencia?

Yo no creo que se esté escribiendo mal. Actualmente se está haciendo una

poesía de tonos diversos, de gran variedad de registros: realismo delirante muy

violentado, la irreverencia, crisis de erotismo, desarticulación. También alguna

poética agonizante que parte de los signos y no de la existencia, con palabras

típicamente abstractas e incoloras, ajenas al regodeo inmediato de las cosas.

Pero se advierte también la presencia de lo cotidiano y un lenguaje coloquial de

rica inventiva.

(…)

¿Qué debate le queda a la poesía argentina?

Le quedan todos los debates, incluso en un universo en bancarrota. Aclaro que

termino esta entrevista, fatigado no por ustedes, ni por la poesía, sino por las

reflexiones acerca de la poesía. Estuve en estado de alerta todo el tiempo, pues

vivo en situación de duda. Hasta diría de culpa y castigos que inflijo a la poesía.

Por lo demás, pido disculpas por las incoherencias de mis respuestas. //

 

 

 

 

 

 

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