encuentro en el parque

 

 

Doce días del doceavo mes y el hombre enorme e incompleto
está sentado bajo las alas del ángel que cuida la laguna del Parque Centenario
Estará incompleto hasta que le alcance eso que llevo anudado.
No puedo correr. Camino leve a su encuentro, llevando su mitad mezclada con mi sombra
enredándome los pies, olfateando mi vida, descubriendo, haciéndome acordar. 
Lo veo hace varios metros, estoy del otro lado del lago
Su mitad lobuna se frota contra mi muslo derecho, como escondiéndose.

Antes, tanto antes, fuimos animales y no pudimos separarnos. Y el lobo no quiere que lo devuelva,
a medida que me acerco al hombre, más se me pega, como volviéndose yo misma

mientras camino hacia él desandando metros y milenios
sé que llego al punto cero de mi existencia. Esa noción es tan fuerte como
la luz más potente del sol, antorcha que se enciende adentro mío y me recubre

La mirada de ese hombre viaja hacia mí: me alcanza
Y yo, que miro dura y soy fuerte, tengo que ladear la cara y mirar una mata de margaritas.
No puedo hacer otra cosa porque ingreso a la escena más antigua y verdadera de mi vida.

 

 

 

angel de parque centenario

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

María Laura Prelooker

 

 

 


 

 

 

 

 

5 Comentarios

  1. María Laura: entonces: tú llevas anudada la mitad animal del hombre

    que, demediado, espera bajo el ángel. Ahora puedes separarte del animal

    y abandonarlo, a lo que el animal lobo teme y se resiste. Así, el hombre que

    espera tiene la mitad y tú le llevas la otra mitad -sin lobo-. Entre los dos seréis

    ¿un humano completo?

    Gracias

    Un abrazo

    Narciso

  2. Pero, ¿no habíamos averiguado ya que, -para ti, te elijo por cortesía- el hombre de tu vida es, más bien, una mujer: tú misma?

    El pobre Platón estaba todavía bajo el falso prestigio del uno (Uno). Conviene darle la vuelta: no sólo desechamos el uno porque

    es mentira, sino que, además, lo dualizamos: los humanos somos, cada uno, dual, dos: todo es dos en nosotros, el dos es nuestro

    número básico, y no el uno, que equivale a lo mismo, al ya, a lo simultáneo, a la actualidad, al ahora.

    Un abrazo

    Gracias

    Narciso

    • Hay algo que adoro de la literatura y es su carácter fundacional. Esa libertad que nos da leer un cuento con alfombras voladoras y, aunque no existan en el plano real, permitirnos tomarlo como verdad por ese corto momento en el que leemos. Leo literatura de esa forma, Narciso. No cruzo los parámetros de la realidad con lo que escribo. No sé si la protagonista de este escrito sólo se ama a sí misma, o si se siente la media naranja de ese muchacho al que ama. Es demasiado pretencioso de mi parte pretender saberlo todo. Quizás sean una mitad, el uno del otro… y quizás no… lo importante es que sea disfrutable al ser leído… besos

  3. Va bene, María Laura: nos vamos ubicando mutuamente. Con todo, aunque me parece que

    la realidad real no tiene papel en la literatura, (o se hace precisión o se hace literatura o se calla uno, decía Ortega)

    soy (mucho) menos tolerante que tú con los vuelos de la imaginación: creo que, como tal, no la tolero: tiene que

    disfrazarse de realidad, parecer realidad: ahí es donde encuentro el juego. No realidad, no imaginación: sino imaginación

    disfrazada de realidad, sí, creo que es así mi funcionamiento.

    Gracias.

    Narciso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario