21.06.2015
Libros

Elena Medel nos redescubre a un Machado más complejo

 
 
por Anna María Iglesia

 

 

 

Antonio Machado anheló siempre poder vivir largas temporadas en la capital, yo en cambió llegué a Madrid por primera vez hace cuatro años. Sin dormir por los nervios, entrevisté a Eduardo Chapero Jackson por su documental ‘Los mundos sutiles’, una relectura a través de la danza y el cine de Campos de Castilla. Cuatro años después, Antonio Machado me vuelve a traer a la capital, esta vez para encontrarme con Elena Medel, poeta y editora de la imprescindible La bella Varsovia, editorial dedicada a la poesía contemporánea. Medel acaba de publicar ‘El Mundo Mago’ (Ariel), una invitación a redescubrir a un Machado desconocido y diverso.

La obra de Medel es, sobre todo, una relectura, tan apasionante como sugestiva, de la amplia obra poética machadiana, que no sólo resulta inagotable, sino que reclama salir de los esquemáticos y reductivos corsés en los que desde demasiado tiempo permanece atrapada. Tras cuatro años y dos relecturas del poeta, Machado reclama, una vez más ser releído y Elena Medel nos demuestra con su extraordinario ensayo que no se acaba nunca.

 

Aparentemente, la entrevista debería iniciarse con la pregunta: ¿Quién era Antonio Machado? Sin embargo, en el ensayo desmientes la posibilidad de esta pregunta afirmando, a partir del análisis de sus heterónimos, que hay muchos Antonio Machado.

En efecto, no ya una sola posible definición para el poeta. Lo curioso es que, por lo general, la imagen de Antonio Machado que tenemos es la del poeta del compromiso, la de un hombre bueno y profesor entregado, y ciertamente es una imagen acertada que es posible encontrar rastreando en su biografía o en sus poemas. Sin embargo, en el trabajo de lectura y relectura de la obra de Machado que he realizado para este ensayo, aquello que me ha interesado más ha sido observar que, más allá de los heterónimos, existen muchos y muy diferentes Antonio Machado. En mi relectura, he encontrado a un poeta que decide, a inicios del siglo XX, contar una misma historia a través de diversas formas y diversos géneros entremezclados en un mismo libro; en La tierra de Alvargonzález me he encontrado con un poeta que juega con el fragmento y las formas hiperbreves en los proverbios; con un poeta, no sé si llamarlo vanguardista, pero sí juguetón con el lenguaje y que confía en todas las posibilidades que éste le ofrece. Esta es la imagen de Machado que no teníamos y que yo he tratado de recuperar; de ahí que en el ensayo pienso y propongo también un Machado feminista cuya voz, si bien no tanto en sus poemas, podemos escuchar en determinadas declaraciones y sobre todo en distintos artículos y en su teatro.

Entre los heterónimos se establece una dialéctica contradictoria, en tanto que se desmienten entre ellos o adoptan posturas poéticas e ideológicas opuestas. En el ensayo haces hincapié en el feminismo de Machado que se contrapone con el anti-feminismo de Abel Martín.

Sus heterónimos debaten y se oponen, no hay un discurso único. Lo erróneo ha sido que casi siempre se ha pensado y se ha definido a Antonio Machado como un poeta que escribe acerca del amor, de la soledad, como un poeta que utilizó su propia vida y sus propias experiencias para componer sus versos. Por lo contrario, creo que Antonio Machado es un poeta muy poco autobiográfico en tanto que él decide hablar del amor como pretexto para hablar de otros temas. De ahí que el juego con los distintos heterónimos le permita construir un discurso más plural y con distintas connotaciones.

Es decir, se ha cometido el error de leer a Antonio Machado quedándose sólo con lo más superficial…

En uno de sus poemas, Machado cuenta cómo acude a misa junto a Leonor y es precisamente allí, en ese ir a misa, en el que el yo poético expresa el amor que siente por Leonor. Sin embargo, el amor es solamente uno de los temas que vertebran el poema, casi podría decirse que es la excusa, puesto que lo que realiza Machado a través de los versos es una reflexión acerca del rol de la religión en la sociedad española. No debemos limitarnos a ver sus poemas como un conjunto de referencias biográficas, puesto que nos equivocaríamos tanto en la consideración del poema como en la consideración de su biografía: su padre, por ejemplo, fue alguien que tuvo una extraordinaria importancia en su formación y, sin embargo, apenas aparece en sus poemas.

Y, sin embargo, Antonio Machado es, al menos en lo referente al siglo XX, el poeta del que más lecturas –o malas lecturas- biográficas se han realizado.

Antonio Machado tiene mucho que ver con nuestra educación sentimental; junto con Federico García Lorca, es uno de los pocos autores que ha pasado de poeta a mito. Todos hemos leído a Machado en el instituto, todos tenemos una antología poética de Machado en casa, todos hemos escuchado la musicalización que hizo Joan Manuel Serrat de sus poemas; en definitiva, Machado forma parte de nuestra educación desde siempre. Es precisamente por esto que la imagen icónica del poeta resulta tan potente.

Machado, afirmas, forma parte de nuestra biografía lectora. ‘El mundo mago’ puede pensarse también como un ensayo sobre la lectura: relees a Machado y recorres las capas de lecturas previas que modifican y conforman la nueva lectura.

Antonio Gamoneda, poeta que a priori no puede estar más lejos de la poética de Machado, formula una idea que a mí me gusta mucho y que repito a lo largo del libro: Gamoneda habla del lector como reescritor. Durante la lectura, el poema pertenece al lector, puesto que si bien lo ha escrito otra persona completamente distinta, es el lector quien lo completa con las propias experiencias de vida, con las propias experiencias de lectura, el lector es quien lo termina. En este sentido, creo que Machado comparte la idea de Gamoneda en cuanto que es un autor que deja espacio y da libertad al autor para que éste complete los poemas y así termine de escribirlos a través de la lectura.

En torno a la idea de las referencias lectoras y de no limitarse a una lectura biográfica, cabe destacar que los poemas dedicados a Leonor y, en concreto, a Guiomar, retrotraen a la tradición trovadoresca y al ‘leit motiv’ del amor imposible y la mujer inalcanzable.

Claro, hay un diálogo con la tradición; asimismo, hay que tener en cuenta que la poesía impregna la vida de Machado y no tanto al contrario. Para el poeta la relación entre vida y poesía es extremadamente fuerte y desde muy pronto toma conciencia de que la literatura es fundamental para su formación, no sólo intelectual, sino como persona. Está convencido de que la cultura y la educación deben formar parte de la vida puesto que permiten ser más libres. Esta convicción ayuda a comprender su militancia como profesor, sus clases en la Universidad Popular de Segovia. Además, a nivel poético, rescata la tradición española que tiene que ver con Bécquer y con Rosalía de Castro, recoge los frutos de la poesía medieval, unos frutos que reencontramos en los años cincuenta en poetas como Agustí González.

El propio Antonio Machado, y así lo señalas en el ensayo, estaba más volcado en la tradición literaria, cuyas reminiscencias son constantes, que en las nuevas y futuras tendencias literarias.

Sí, las reminiscencias están ahí, aunque en el caso de los poemas dedicados a Guiomar diría que más que un eco literario hacia la poesía trovadoresca, al que antes aludíamos, encontramos la plasmación de la relación que él como hombre establecía con las mujeres, una relación personal y una relación que tiene que ver con una visión feminista de las mujeres. En referencia a la vida más personal del poeta, sólo tenemos testimonio de la presencia de dos mujeres en la vida del poeta: Leonor y Guiomar, dos relaciones que, por motivos diversos, fueron imposibles; la prematura muerte de Leonor y el no de Guiomar hicieron que fueran dos amores imposibles.

Lo que tú planteas, por tanto, es que en el caso de Antonio Machado vida y poesía deben entenderse como dos vasos comunicantes.

Desde luego, vida y literatura eran dos vasos absolutamente comunicantes. Una cosa es que no haya incorporación explícita de elementos biográficos, una cosa es que no debamos leer sus poemas simplemente como transposiciones biográficas y otra es que la vida no impregne su literatura. Basta observar la cantidad de poemas de Machado dedicados a personas que tuvieron una influencia en él a lo largo de los años, como era el caso de Ginés de los Ríos, de quien hereda el compromiso hacia la educación, un compromiso que se plasma sobre todo en la experiencia de Machado en la Institución Libre de Enseñanza.

El hecho de que la vida de Machado esté impregnada de poesía y que poesía y vida estén en constante diálogo dificulta, imagino, huir del tradicional biografismo.

Cuando me planteé El mundo mago tenía claro que no quería hacer una biografía; ya se han hecho muchas y sobre todo están la de Gibson y la de José Luis Cano, que en su contexto me parece muy valiosa. Asimismo, no quería realizar un ensayo más propiamente filológico puesto que ya hay muchos y muy prestigiosos; por ello, lo que he intentado es trenzar un libro con mimbres de su vida, pero sobre todo mimbres de sus poemas. Lo que me interesaba era que quien leyera mi libro sintiera la necesidad y el interés de ir inmediatamente a leer a Machado. El objetivo de El mundo mago es que los lectores relean, lean y descubran a Machado.

De la misma forma que buscas que los lectores establezcan un diálogo entre ‘El mundo mago’ y la obra de Machado, al leer tu ensayo se observa una voluntad de establecer un diálogo que aúne todos los aspectos vitales, poéticos, históricos… que conforman al poeta y su obra en su totalidad.

Los grandes temas de su poesía fueron los grandes temas de su vida: Machado utiliza la anécdota para incorporar de forma muy velada algún elemento biográfico, y a partir de la anécdota extrae y profundiza en los temas que verdaderamente le obsesionaban. El amor le sirve como pretexto para hablar de la religión, para hablar de la sociedad española e incluso para hablar de política. Hay que entender que la obra de Machado está impregnada de un sentimiento de compromiso y no solamente de un compromiso político; en sus poemas encontramos el compromiso ciudadano que se manifiesta sobre todo en su compromiso como profesor, luego evidentemente está un compromiso político e ideológico y sobre todo un compromiso con la cultura y la literatura.

El compromiso político, social y el compromiso con la educación en Machado son expresados más clara y explícitamente en sus prosas, seguramente la parte de su obra menos leída.

En efecto, en este sentido, las prosas contienen todas estas reflexiones de forma mucho más explícita si las comparamos con los poemas. Y, sin duda, las prosas son la parte de la obra menos conocida de Machado; seguramente este mayor desconocimiento responde, al menos en parte, a lo que comentábamos al inicio acerca del conocimiento tópico que tenemos del poeta. Algo similar a lo que sucede con sus prosas sucede con el Juan de Mairena, donde yo personalmente encuentro el Machado que más me interesa, y sin embargo se trata de un libro que es todavía hoy bastante desconocido, seguramente por el juego de identidades que plantea, por su desarrollo a partir de un diálogo entre la poesía y la filosofía.

Ahora que haces referencia a la filosofía, cabe destacar el interés de Machado por la filosofía, su admiración por Ortega y Gasset a pesar de las divergencias ideológicas o su relación con el padre de María Zambrano.

En efecto, Machado comienza a estudiar filosofía en Baeza y se dedica a leer ensayos filosóficos con gran intensidad, hasta el punto de que en su biblioteca los volúmenes dedicados a la filosofía son más numerosos que los dedicados a la poesía. Y precisamente fruto de todas esas lecturas es Juan de Mairena. Hubiera sido interesante, siempre y cuando sus últimos años hubieran sido diferentes, ver la deriva de ese Machado cada vez más interesado en la filosofía.

Además, la definición que da Machado de la poesía, “palabra en el tiempo”, proviene de la filosofía de Bergson, a cuyas clases asistió.

Desde luego y, de hecho, cuando viaja a París con Leonor, no decide acudir a cursos de literatura, sino que opta por estudiar filosofía. Yo creo que el Machado más filosófico es el menos conocido por el gran público y, sin embargo, la filosofía y la influencia que ésta tuvo en su formación como poeta es una clave de lectura imprescindible para comprender sus obras: los paisajes que él describe deberían leerse como descripciones políticas. No olvidemos que Campos de Castilla es un libro profundamente político.

¿Por qué crees que no ha calado o no ha llegado este otro Antonio Machado? ¿Por los planes de estudio, el desinterés crítico, las lecturas biografistas?

Porque de la misma forma que hay varios niveles de lectura hay varios niveles de divulgación. Cuando empecé a escribir el libro hice una encuesta entre amigos, algunos de ellos escriben, otros son lectores y un tercer grupo estaba compuesto por gente completamente ajena a la literatura. A todos ellos les pregunté cuál era su relación con Machado y la mayoría de ellos me comentaban que Machado era una lectura que había estado presente en sus años de instituto, todos ellos comentaban que habían leído Campos de Castilla, pero muchos, la mayoría, no habían ido más allá. El problema, por tanto, en cuanto a la divulgación es que Machado se ha convertido en un poeta de los primeros años de formación literaria, una formación que luego para algunos ha proseguido, pero dejando atrás al poeta. El registro más fácil y más accesible para un lector en formación no es el Machado de Juan de Mairena y tampoco el Machado filosófico, es el Machado de Campos de Castilla, obra leída como descripción de paisajes y no desde la clave política que requeriría.

La visión política de Machado se define por su amor por el pueblo, por los escenarios rurales, por la propia España y, al mismo tiempo, por una severa crítica esa realidad y a esa sociedad que tanto ama.

Como su maestro Unamuno, Machado dice que a él le duele España. Machado es un gran inconformista y el inconformismo es algo sanísimo para todos, pues es lo que permite una visión crítica respecto a todo. Recordemos que tras haber luchado por la República, Machado se desengaña y comienza a publicar artículos sobre su desconfianza hacia los políticos, sobre la incapacidad que tienen los partidos de convencerle, aunque mantiene la coherencia hasta el final: nunca deja de apoyar a la República, aun dirigiéndole contundentes críticas. En ese amor-odio puede estar la clave de esta actitud de Machado, una actitud crítica de la que, creo yo, es más fácil que surjan nuevas ideas y nuevos propuestas.

Se trata de una dialéctica de amor-odio.

Cuando Machado escribe sobre el pueblo castellano, el malparado por sus críticas no es el pueblo, sino el poder que ha estado oprimiéndolo durante años. Machado se posiciona cerca del oprimido, reconociendo la sabiduría de todo aquel que aparentemente no sabe; él distingue muy bien a las víctimas de los culpables de la situación que critica.

En una de sus prosas, Machado afirma que hay que escribir para el pueblo. Su posición es completamente anti-elitista y completamente opuesta a la de Ortega y Gasset.

Esta mirada anti-elitista de Machado la hereda en parte de su padre, Demófilo, quien a lo largo de su vida hizo un extraordinario trabajo para dignificar la cultura del pueblo y para difundir el folclore. De ese ejemplo de su padre nace el aprecio de Machado hacia el habla clara, su interés por el pueblo y los humildes, su obsesión por escribir con un estilo comprensible a todos los lectores, su trabajo poético en los proverbios, su recurso del deje popular en los poemas, así como el trabajo teatral que Antonio llevó a cabo de joven junto a Manuel.

¿Su convencimiento por una poesía depurada, desnuda como diría Juan Ramón Jiménez, responde a que en Machado se conjugan razón poética y razón ética?

Sin duda la razón poética se sustenta en la razón ética, pero creo que no debemos caer en el error de hablar solamente de Machado como un poeta claro y fácil: Machado es un poeta sencillo en su lectura, pero no en la arquitectura de sus poemas. Como escritora, una de las experiencias más maravillosas que he tenido gracias a este ensayo es haberme enfrentado a la construcción de los poemas de Machado, alguien que trabaja incansablemente en cada verso. Es muy interesante ver su work in progress en los manuscritos que se conservan, ver lo que corrige, lo que añade, cómo construye y reconstruye los poemas. No llega al punto de obsesión de Juan Ramón Jiménez, pero Machado era un gran trabajador del lenguaje que comparte con Juan Ramón la búsqueda de la esencia.

La sencillez y la depuración del lenguaje se oponen así a la complicada elaboración de la estructura y a la profundidad y al entremezclarse de los temas.

Un ejemplo paradigmático de lo que comentas es el poema que dedica a José María Palacio: en un inicio se presenta como un poema acerca de la amistad, pero verso a verso el poema se modifica y se observa que es también un poema de amor dedicado a Leonor y, a la vez, un poema acerca del recuerdo y de la lucha contra la muerte. Por último, el poema es una extensa descripción del paisaje castellano y en Machado el paisaje siempre es político. Es un poema sencillo, sin piruetas estilísticas, pero está construido a partir de una pluralidad de planos diferentes, podríamos decir que es un poema que contiene, por lo menos, tres poemas distintos.

Como Machado, para Lorca el paisaje tiene también fuertes connotaciones políticas; sin embargo, mientras el poeta de Granada incorpora en ‘Poeta en Nueva York’ el paisaje urbano, Machado nunca da ese salto, su paisaje es siempre rural y de provincia.

Para comprender esta cuestión es necesario enmarcar y leer a Machado en su contexto histórico, geográfico y en parte biográfico. La ciudad de Machado es la ciudad de principios del XX, la ciudad por antonomasia que conoce es París, pero él no pasa su vida en un entorno urbano. Ya en la primera década del siglo el poeta va a vivir a Soria y, por tanto, el paisaje que se encuentra es un paisaje rural, de provincia. Además, Machado es un poeta de la mirada, es decir, es un poeta que construye sus poemas a partir de su propia mirada, de su propia observación, y su entorno no es el de la ciudad, irremediablemente su mirada se dirige siempre a zonas y parajes no urbanos, se dirige especialmente a Soria o a Baeza, y sus alrededores.

Madrid, una ciudad que tan relevante es en su formación y en su biografía, esa ciudad que tanto amó, está ausente en sus poemas.

Madrid juega un papel muy relevante en la biografía de Machado y a la vez un papel muy triste: a lo largo de su vida ansía ir a vivir a Madrid y, cuando lo consigue, estalla la guerra y debe marcharse. Sin embargo, creo que hay un elemento que explica su ausencia en los poemas: la gente sobre la que quiere escribir Machado no es la gente de Madrid y esto subraya cómo la obra de Machado no es biográfica, cómo vida y poesía son vasos comunicantes, pero que divergen en ocasiones.

Acerca de cómo vida y obra se juntan y se separan, son interesantes las distintas connotaciones, biográficas y literarias, que adopta la figura de Caín.

La figura de Caín puede entenderse de distintas maneras: la más explícita, sin duda, es aquella que lo identifica con la relación que tuvo Antonio con Manuel. Una segunda lectura responde al interés de Machado por la religión, aun no siendo él un hombre religioso, y por la imaginería religiosa, muy presente en toda su obra. Y una tercera lectura, seguramente la más potente e intensa, es aquella que a partir de la figura de Caín permite una reflexión sobre el cainismo español. La figura de Caín, por tanto, interesa a Machado por distintas cuestiones: por una cuestión vital e incluso personal, por una cuestión literaria y por una cuestión ideológica. Machado, y el mito de Caín es ejemplo de ello, consigue sacar de un único símbolo un partido bastante intenso.

Cerremos la entrevista con el final del viaje de Machado: su vida y su viaje terminan, como la de Walter Benjamin, con una maleta abandonada, perdida. Con ella terminas tú también el ensayo.

La maleta, en ambos casos, tiene un extraordinario valor y su pérdida se convierte casi en metáfora de la vida de los dos autores. En el caso de Machado, la maleta tiene un valor primordial a lo largo de toda su vida y de su biografía, pero también en toda su trayectoria poética, puesto que no sólo en su vida tuvo mucha importancia la idea del viaje, del viaje físico, sino también en su obra poética. En Machado el viaje es metáfora de escritura, en cierta manera relee a Manrique y sigue su estela: el camino de Machado son los ríos de Manrique. Es paradigmático, visto a posteriori resulta incluso simbólico, el hecho de que la vida del poeta termine con esa maleta abandonada; sin maleta ya no hay posibilidad del viaje.

La pérdida de la maleta como agónica deserción.

Sí, además es increíble cómo ese retrato célebre que el propio Machado escribió –“me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”- resultó ser amargamente profético.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

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