Entrevista a Pere Gimferrer

La próxima semana arde la celebración del centenario de la Residencia de Estudiantes con Pere Gimferrer (Barcelona, 1945). El martes, el poeta y editor recordará en el ciclo Maestros x Maestros de la poesía contemporánea a Juan Ramón Jiménez, el residente más famoso (con Lorca, Dalí y Buñuel), y el 9 leerá sus propios poemas. Capaz de reinventarse a los 60 años por amor, Gimferrer anuncia nuevo libro para 2011.


Acelerada y torrencial, la conversación con Gimferrer discurre premiosa entre meandros de precisiones y dudas (“¿por qué?, ¿para qué?, ¿cuándo?, ¿cómo lo sabe?, ¿quién se lo ha dicho?, ¿dónde lo ha leído?, ¿está segura?, ¿por qué me pregunta esto?, ¿la entrevista va con dibujito…?”). No duda el poeta, en cambio, al recordar la primera vez que subió la Colina de los Chopos de la calle Pinar, donde, desde hace cien años, la Residencia intenta acelerar la hora de España:

-Sí, me acuerdo perfectísimamente, fue en 1988, no sé si exactamente el día en el que Rosa Chacel cumplía 90 años y publicaba su novela Ciencias naturales, que cerraba el ciclo iniciado con Barrio de maravillas. Estabamos Rosa y yo mismo presentando el libro, y mucha más gente, claro.

Desde entonces ha sido Gimferrer cómplice constante: así, dio una conferencia en el 91 sobre Rimbaud, que acabó publicando la Residencia con el título de Rimbaud y nosotros; por esa misma época ofreció un recital de su poesía al alimón con Justo Navarro; también hizo en 1995 otra lectura de poemas de distintos momentos de su trayectoria. Lo penúltimo fue la presentación de La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina hace unos meses.

La sombra de Octavio Paz

Si alguien vincula a Gimferrer con la Residencia es Octavio Paz, amigo y maestro. Se acompañaron mutuamente en recitales y actos. Hoy, al poeta catalán le resulta inolvidable la entrega en 2007 del premio Octavio Paz en la Residencia, en presencia de la viuda del Nobel y de Castellet. Sin embargo, no será Paz el protagonista de su intervención en la Residencia, sino Juan Ramón Jiménez, en parte porque el mexicano fue el tema elegido por Mark Strand para inaugurar el ciclo, y también porque Juan Ramón es, a su juicio, uno de los tres poetas esenciales del siglo XX español.

-¿Se atrevería a adelantar qué poetas “apuntan maneras” para ser los esenciales del XXI?

-No, es demasiado pronto. Marzal, Vicente Gallego, José Luis Rey, que quizá sea el que más destaca de su generación, Azaústre… Llevamos muy poco tiempo pero además, los que estamos vivos, no sé, no sólo yo, Paco Brines, Carlos Edmundo de Ory, Caballero Bonald, también somos del siglo XXI. Rubén Darío publicó sus libros más importantes en el siglo XX, aunque sus primeros libros apareciesen en el XIX.

-¿Por qué no nos cuenta cómo comenzó a leer poesía por obligación cuando era un niño?

-En parte voy a hablar de esto el día de Juan Ramón en la Residencia: de niño las cosas que me hacían leer en prosa me interesaban muy poco, por ejemplo, el Lazarillo, que jamás he leído entero, o el Quijote, que luego he leído cinco veces, pero de mayor, mientras que la poesía que me hacían leer generalmente me entusiasmaba; recuerdo vivamente la impresión que me produjo Calderón; tardé más en llegar a Góngora, pero Rubén Darío me deslumbró a los 12 ó 13 años.

-¿Es más difícil publicar poesía ahora que en su juventud, cuando a los 18 años editó Mensaje del Tetrarca (1963)?

-Bueno, yo no tengo ahora 18 años y no sé lo que pasa hoy, pero me imagino que, como ocurría cuando yo era joven, sólo pueden acudir a un premio o costearse la publicación, como hice yo mismo, que concurrí a un premio, no lo gané, y acabé financiando la edición. Hoy quizá hay más premios que antes, pero también más concursantes.

-Hace tiempo explicó que para un poeta “lo más difícil” no era lograr el gran poema que justifica toda una vida, sino “un buen verso, un verso definitivo”. ¿Cuál sería el suyo?

-Ya me gustaría saberlo, podría decirlo de otro poeta, de mi mismo no sé, a lo peor no hay ninguno, yo que sé, aunque hay otra cosa igualmente difícil de conseguir y es escribir poemas buenos durante una trayectoria dilatada, y en particular a partir de cierto momento de la vida de uno: escribir poemas de cierto interés a partir de los 50 años, no digamos a partir de los 60 años. Escribir poesía en la adolescencia o en juventud, si estás medianamente dotado, es más factible que mantenerse en la madurez y en la vejez, pero de esto hay algunos ejemplos, como el propio Juan Ramón, que escribió poemas muy buenos en su vejez. Yo todavía no tengo tanta vejez como Juan Ramón, al menos no me veo así en el espejo.

-¿Quiénes son hoy sus poetas contemporáneos?

-Lógicamente, considero que no son sólo los poetas que personalmente he tratado, y que algunos han tenido gran importancia para mí, como Aleixandre, Octavio Paz o Alberti, sino que hay otros que lo han sido siempre, como Rubén Darío, Góngora, Rimbaud o Dante.

Alérgico a internet

-Clásicos de nuevo, pero ¿qué tal navega en la red, recurre a internet en busca de información sobre nuevos poetas?

-En absoluto, bastante tengo con lo que llevo en la cabeza. Establezco tantas conexiones mentales que sólo me faltaría añadir otras informaciones tan abundantes como poco discriminadas. -Creo que acaba de termiar un nuevo libro, ¿qué puede adelantarnos de él?

-Bueno, no demasiado. Saldrá a comienzos de año, en enero o febrero, por eso tampoco quiero leer nada en la Residencia, porque se trata de un poema unitario de quinientos versos dividido en diecisiete apartados, en romanos.

-¿Está Clara de Cominges, su segunda esposa, protagonista de sus últimos libros, también detrás de esta obra?

-El libro va dedicado a ella, pero a diferencia de mis dos libros precedentes, no trata de amor únicamente; también del paso del tiempo, de la poesía, de la experiencia vital acumulada, es una reflexión sobre el papel del arte en el mundo actual… Su temática es mucho más diversificada que en libros anteriores.

-Ahora que lo menciona, ¿cuál sería el papel del arte, de la poesía, en el mundo del hoy?

-Por lo menos desde que existe la poesía de forma escrita, su papel es darnos una forma de conocimiento que no existiría sin estas palabras y que no se puede en realidad pasar a otro lenguaje sino el del poema mismo, es decir, es una interpretación intensa y única de l/a realidad que sólo se da a través del poema.

-Como editor de Seix Barral, ¿teme a los recortes que anuncia el Ministerio de Cultura?

-Aún no se conocen todas las medidas ni cómo los recortes afectarán al mundo del libro, pero Mario Lacruz, con el que trabajé muchísimos años, solía decir algo que sigue siendo verdad, que el libro va por su lado. De la misma manera que en lo más duro de la Guerra Civil las salas de cine estaban llenas, los libros siguen comprándose, incluso en los momentos de mayor postración económica.

 


Nuria AZANCOT

 

 

(publicada en El Mundo 7/06/2010)

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