[Threnos (Treno). Poema de A Lume Spento, incluido luego en Canzoni (1911) y en Personae. The Collected Poems. Ezra Pound (Nueva York, 1926)

Threnos. Treno, en griego endecha, es un canto fúnebre en que se lamenta una calamidad, como el poema que concluye The Phoenix and the Turtle,

de Shakespeare. Aquí son dos dolientes que lloran una muerte. El lamento se expresa en el verso Lo the fair dead!, usado cinco veces, y también con

No more, frase que se usa diez veces para introducir el lamentarse por algo placentero que ya no existe más o que se ha dejado de hacer, como un

“breve suspirar” o el aleteo de alas o el sabor del vino en los labios. Parece un eco del ominoso never more de ’El cuervo,” de Edgar Allan Poe, poema

en que se lamenta la amada muerta. El uso de formas en —ing (sighing, fluttering, trembling, meeting) contribuye a lo luctuoso.

Tintagel es una aldea y un castillo en la costa norte de Cornwall, asociados con la leyenda de Tristan e Isolda. En la historia de Tristan e Isolda, en el

castillo de Tintagel vivía Marco, tío de Tristán. Por su parte, Geoffrey of Monmouth (¿ 1100?-1154), autor de Historia Regían Brittanniae, menciona

Tintagel como uno de los posibles lugares de origen del rey Arturo. Lord Tennyson también lo relaciona de igual manera en sus Idylls of the King

(poemas escritos entre 1842 y 1885) v. 1. Us. probablemente Tristán e Isolda, the fair dead.]

 

 

 

 

 

ezra pound

 

threnos

 

 

IN o more for us the little sighing.

No more the winds at twilight trouble us.

 

Lo the fair dead!

 

No more do I burn.

No more for us the fluttering of wings

That whirred in the air above us.

 

Lo the fair dead!

 

No more desire flayeth me,

No more for us the trembling

At the meeting of hands.

 

Lo the fair dead!

 

No more for us the wine of the lips,

No more for us the knowledge.

 

Lo the fair dead!

 

No more the torrent,

No more for us the meeting-place

(Lo the fair dead!)

Tintagoel.

 

 

 

treno

 

 

Ya no tendremos más los breve suspiros.

Ya no tendremos vientos que nos turben

a la hora del crepúsculo.

 

¡Ved la belleza muerta!

 

Ya no tendremos más esos ardores.
Ya no tendremos el batir de alas
que en el aire zumbaban encima de nosotros.

 

¡Ved la belleza muerta!

 

Ya no más el deseo que me flagelaba.
Ya no tendremos más el estremecimiento
al juntar nuestras manos.

 

¡Ved la belleza muerta!

 

Ya no tendremos más el vino de los labios,
ya no tendremos el conocimiento.

 

¡Ved la belleza muerta!

 

Ya no tendremos más aquel torrente,
Ya no tendremos el lugar de encuentro
(¡Ved la belleza muerta!)
Tintagel.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario