Sidi-Madani, viernes 9 de enero de 1948

Nada más banal que lo que me ocurre, ni más simple que la solución del problema que se me plantea.

Mi pequeño libro: De parte de las cosas, que apareció hace casi seis años, dio lugar desde entonces a

un determinado número de artículos críticos – en general bastante favorables – que hicieron conocer mi

nombre en algunos círculos incluso más allá de las fronteras de Francia. Aun cuando los textos muy 

breves de los que se compone ese ínfimo conjunto no contienen explícitamente ninguna tesis filosófica,

moral, estética, política o de otro tipo, la mayoría de los comentaristas brindaron interpretaciones derivadas

de esas diversas disciplinas.

Más recientemente, dos o tres críticos finalmente abordaron el estudio de la forma de mis textos. (Estudios

de J. Tortel, Ph. Jaccottet y L. G. Gros, aparecidos entre 1944 y 1947- NT).

La revista Trivium publicó uno de esos estudios, y como yo expresara mi satisfacción, me pidieron que

agregara algunos comentarios propios sobre lo que una de mis críticas más benevolentes, Mrs. Betty Miller,

llamó a mi método creativo.

Sidi-Madani, sábado 10 de enero de 1948

“Dirigiéndome a los poetas, dice Sócrates, examiné las obras suyas que me parecieron mejor trabajadas,

y les pregunté lo que querían decir, y cuál era su objeto, para que me sirvieran de instrucción. Pudor tengo,

atenienses, en deciros la verdad; pero no hay remedio, es preciso decirla. No hubo uno de todos los que

estaban presentes, incluidos los mismos autores, que supiese hablar ni dar razón de sus poemas. Conocí

desde luego que no es la sabiduría la que guía a los poetas, sino ciertos movimientos de la naturaleza y un

entusiasmo semejante al de los profetas y adivinos; que todos dicen muy buenas cosas, sin comprender nada

de lo que dicen. Los poetas me parecieron estar en este caso; y al mismo tiempo me convencí que a título

de poetas se creían los más sabios en todas las materias, si bien nada entendían. Los dejé, pues, persuadido

de que era yo superior a ellos… En fin, fui en busca de los artistas. Estaba bien convencido de que yo nada

entendía de su profesión, que los encontraría muy capaces de hacer muy buenas cosas, y en esto no podía

engañarme. Sabían cosas que yo ignoraba, y en esto eran ellos más sabios que yo. Pero, atenienses, los más

entendidos entre ellos me parecieron incurrir en el mismo defecto que los poetas, porque no hallé uno que, a

título de ser buen artista, no se creyese muy capaz y muy instruido en las más grandes cosas; y esta extravagancia

quitaba todo el mérito a su habilidad. Me pregunté, pues, a mí mismo… si querría más ser tal como soy sin la

habilidad de estas gentes, e igualmente sin su ignorancia, o bien tener una y la otra y ser como ellos, y me respondí

a mí mismo… que era mejor para mí ser como soy.”

(Utilizamos la versión editada por José Vasconcelos, con el sello de la Universidad Nacional de México en 1921, 

que recuerda el sabor arcaico de la que cita Ponge -NT).

¿Qué extraemos de lo precedente, sino (con el debido respeto) cierta estupidez de Sócrates?¿Qué idea

es esa de preguntarle a un poeta lo que quiso decir? ¿No es acaso evidente que si él es el único que no puede

explicarlo es porque no puede decirlo de otra manera que como lo ha dicho (y que, sino, lo habría dicho

de un modo diferente)? Y de allí deduzco también la certidumbre de la inferioridad de Sócrates con respecto

a los poetas ya los artistas – y no su superioridad. Porque si Sócrates en efecto es sabio en la medida en que

conoce su ignorancia y solamente sabe que no sabe nada, y en efecto Sócrates no sabe nada (salvo esto), el 

poeta y el artista saben en cambio por lo menos lo que han expresado en sus obras mejor trabajadas. Lo saben

mejor que aquellos que lo pueden explicar (o pretenden hacerlo), porque lo saben en sus propios términos. Por

otra parte, todo el mundo lo aprende en esos términos y lo retiene fácilmente en la memoria.

En seguida obtendremos de esto varias consecuencias (o ideas consecutivas). Pero tenemos que confesar primero

que en efecto los poetas y los artistas abandonan muy a menudo su felicidad y su sabiduría, creen poder explicar

sus poemas y creen también que su habilidad en esa técnica los hace aptos para intervenir en otras clases de

problemas, lo que de ningún modo sucede fatalmente. Que no se espere de mí semejante presunción. Cualquiera

es más capaz que yo para explicar mis poemas. Y evidentemente soy el único que no puede hacerlo.¿Pero acaso

el hecho de que un poema no pueda ser explicado por su autor, antes que una vergüenza para el poema y su autor,

no contribuye por el contrario a su gloria? Y por cierto que tal vez lo único que sería una vergüenza para mí es que

otro diga mejor que yo lo que quise decir y me persuada por ejemplo de un defecto (de una carencia) o por el contrario

de una redundancia, que hubiese podido evitar. Por mi parte, corregiría de inmediato ese error, ya que la perfección

del poema ciertamente me importa más que cualquier sentimiento de mi propia infalibilidad. Pero finalmente, ¿acaso

podría decirse que un poema que no puede ser explicado de ninguna manera es por definición un poema perfecto? No.

Hacen falta además otras cualidades, y quizá solamente una cualidad. Tal vez Sócrates no era tan estúpido como

nos parecía al principio. ¿No tuvo acaso de alguna manera la idea de pedir que le explicaran un poema que llevara

su evidencia consigo…? (Pero, ¿se lo llamaría todavía poema?…)

 

Sidi-Madani, sábado 31 de enero de 1948

 –

Poemas, que no se explican (Sócrates). Superioridad de los poetas sobre los filósofos:

a) (no sé muy bien sitengo razón en emplear lapalabra poeta),

b) (superioridad en tanto que no se creen superiores en nadamás que en su poesía). Sobre la evidencia

poética.

Evidentemente, debe ponerse en tela de juicio. Ése esel riesgo. Conocimiento poético (poesía y verdad).

De lo particular a lo común. (Inclusión del humor: grandes juegos de palabras). Dos cosas llevan a la verdad:

la acción (la ciencia, el método), la poesía (a la mierda esa palabra); ¿la calificación?- la constatación de

relaciones de expresión.

Si defino a una mariposa como pétalo superfetatorio, ¿qué es másverdadero?

Poemas que no se explican:

Poemas-poemas: porque no son lógicos. Objetos.

Poemas-fórmulas: más claros, impactantes, decisivos que cualquier explicación. Superioridad de los poetas

sobre los filósofos: saben lo que expresan en sus propios términos. De lo particular a lo común: lo particular

en el mundo exterior; una retórica por objeto; todo lenguaje tiende siempre al proverbio.

Francis Ponge (Montpellier, 1899-Le Bars-sur-Loup, 1988)

Versión de Florence Baranger-Bedel


 

 

 

 

 

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