francisco umbral

capital del dolor

 

1996

 

–   

A mi mujer

  Capital de la gloria

  RAFAEL ALBERTI

  Capital del dolor

  PAUL ELUARD

 

 

cara al sol con la camisa nueva

 que tú bordaste en rojo ayer.

  cara al sol,

  himno de la falange

 

prólogo

 

       

Tablares es una ruina previa, un laberinto de ladrillo y caballones, un proyecto de escuelas que iba a hacer la República y que ahora, con los altos muros al aire, con sus rincones de nada y sus escaleras que terminan en la indecisión, tiene algo de ruina azteca bajo el cielo azul, negro, constelado, alto y bello de última hora de la tarde.

  En Tablares nos reunimos muchos días a esta hora, toda la banda, para fumar el tabaco de los padres, acechar parejas o masturbadores solitarios, decir pecados o follar a las últimas cabras que se comen la yerba de Tablares. Pepe, el jefe, trae desde hace unos días el uniforme, la camisa azul, y juega con el machete que le han dado en Falange. Pepe es rubio, airoso, con una sonrisa afilada y simpática, que termina en hoyuelos. Lo que nos propone esta tarde, esta noche, es «jugar a la circuncisión, como hacen los alemanes».

  —¿Y eso qué es?

  —Calla y verás.

  Parece ser que Hitler les mira la picha a todos los judíos y, como están circuncidados, o sea que no tienen frenillo, los identifica de hebreos y los condena a pagar una multa o hace que los persigan y les cierren las tiendas. Algunos llevan el pelo al cero, con una señal amarilla en la espalda, y sólo pueden circular por la calzada.

  Atropellar o matar a un judío, en Berlín, parece que no es delito. Y es de mucha risa verlos correr por la calle delante de los coches. Pepe nos ha mandado, esta tarde, sacar la picha, pero no para mear lejos o meneárnosla, sino para mirarlas una a una. El que le falte el frenillo es un judío.

  —A mí me tira el frenillo.

  —Y a mí también.

  —Y a mí.

  Pepe, por seguir el juego de alguna forma, o no sé por qué, va cortando frenillos con un puntazo leve de su machete. Para unos es de mucho miedo y para otros resulta excitante. Y allí estamos, en rueda, o están, con las pichas fuera, duras o flojonas, esperando el puntazo, sólo una gotita de sangre, no duele nada, ya veréis que no duele nada, ni siquiera hay que decirlo en casa, sólo un poco de sangre que os la podéis chupar con saliva, o unos a otros, y nos entra la risa con la ocurrencia cochina.

  Y allí están todas las jóvenes pichas, la picha morena de Gonzalo Gonzalo, la picha seca y blanca de Germán, que es un mierda, la picha mínima de Isidorín, etc. Unas valientes y erguidas, otras dobladas, lo que obliga a Pepe a descapullar al chico con una mano y pegarle el puntazo con la otra. Hay algún grito corto. Pepe necesita tener el control de todas las pichas de la banda como Hitler tiene el control de todas las pichas de Alemania. Pepe es nuestro Hitler, sólo que a mí me parece más guapo que Hitler y también me da un poco de miedo.

  —¿Y tú, Paulo, no la sacas? —me pregunta, llegando con su mirada clara y larga hasta mi aislamiento.

  —Yo no soy judío, Pepe, ninguno somos judíos, y tú lo sabes. No sé por qué tienes que hacer esto.

  —Sin el frenillo se jode mejor.

  —Allá cada cual con su frenillo.

  —Pues te castigo a pegarte una carrera por el muro alto.

  —El muro alto es de mucho vértigo y ya es casi de noche. Me puedo matar.

  —No, Pepe. Eres nuestro jefe, pero ya vamos creciendo, y si se matase alguno tú tendrías la culpa.

  —¿Quieres decir que te sales de la banda?

  —No, porque ya sé que eso es peor, y sois mis amigos, pero en mi picha mando yo.

  Todos ríen. La noche se ha apoderado de Tablares como una religión negra, como un inmenso murciélago, pero el aire de febrero es ya primaveral. La ciudad está en silencio, las cabras duermen (sólo alguna se lamenta perdida, como una princesa miserable), las estrellas están más cerca y hay en nuestro refugio habitual un olor a sangre, a semen, a miedo y a cuchillo. Más tarde, en casa, en la radio de mis padres, oigo que el señor Calvo Sotelo ha dicho en Madrid, en el Parlamento, que si fascismo es lo de Alemania e Italia, él es fascista. Luego, una voz macho elogia «las imperturbables hileras de los nazis».

 

 

 

 

 

 


 

 

 

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