historias de amor y viagra

francisco umbral

 

Y tú serás, Natanael, semejante a quien

siguiera para guiarse una luz que tendría

él mismo en su mano.

ANDRÉ GIDE

 

prólogo

 

     

Hace unos meses, la revista Paris/Match me propuso hacer unos experimentos sexuales con Viagra para contárselo a los lectores. El periodismo desde dentro. Algo así como radiar uno su operación de apendicitis, pero más grato (por la partenaire). Esta experiencia, de muy buenos resultados, me introdujo en el mundo de Viagra, que me parece una revolución sexual como lo fuera la píldora antibaby en los sesenta.

Porque Viagra no sólo estimula eficazmente la sexualidad, sino que —sin ser una droga, un milagro» ni ninguna de esas tonterías que se escriben— somete el cerebro y todo el organismo a una optimización vascular que yo, como escritor, he percibido en la imaginación.

De esa imaginación estimulada, más la experiencia concreta de las relaciones sexuales «viagramadas», me han nacido una serie de relatos o historias que luego el oficio de uno, modesto pero largo, ha convertido en nouvelles, hasta constituir este libro.

Una parte de los relatos es completamente real, otra completamente inventada (con Viagra como motivación u ocasión literarias) y el resto me lo atribuyo absolutamente por evitar incómodas alusiones a terceros y terceras. Pero todo esto va barajado en el libro con una cierta malicia profesional, de modo que la unidad y coherencia del volumen me parecen presentables.

Quizá soy el primer escritor del mundo que hace literatura sobre Viagra, y pienso que aquí está la ventaja y peligro de este tomo narrativo que, en todo caso, se beneficia en su calidad, mucha o poca, del incentivo de un tema nuevo que ya revoluciona —positivamente— las relaciones humanas.

A fin de cuentas es eso, un tema nuevo, lo que buscamos siempre los escritores. ¿Una nueva narrativa de sexo? Yo no la hubiera intentado sin el incentivo creador, imaginativo, que esta novedad científica ha tenido en mí. Y esto es lo más importante para uno, como escritor, al margen de la habitual frecuentación del mundo de la mujer en que ha solido incurrir —y no me arrepiento— mi literatura. Otros escriben de marcianos, que es peor. Después de hacer este libro sé más de la mujer, del sexo, de las relaciones entre unos y otras. Y hasta sé más de literatura. Al menos de la mía.