baudeleriana

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                                         Astucias que le son y astucias que no le son

dijera Ovidio: los tacones

le son, ojalá altos, lo bestial

visible, los pezones, no importa

lo exiguo del formato, el beso

bien pintado, parisino

el aroma, azulosos

sin exceso los párpados, sigiloso

el zarpazo drogo y longilíneo

de su altivez, visionario

el fulgor, especialmente eso, visionario el fulgor.


Y claro, áureos los centímetros

ciento setenta del encanto

del tobillo a las hebras

torrenciales del pelo. -“Piénsese

irrumpe entonces a esa altura Borges con asfixia, ¿quién

sino el Aleph pudiera entera esquiza y

bestia así olfatear, besarla en el hocico,

durarla, perdurarla en su enigma, airearla,

mancharla por lo hondo hasta serla, al galope

tendido del tedio? ¿Quién,

especialmente eso, la hartara?”


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Especialmente nada, muchachos, ¡videntes

de otra edad! ¡Borges,

Publio Ovidio!, nada: lo cierto

es que no hay nada, salvo

cada 28, sangre

de parir y ese es el juego. De ahí vinimos viniendo los

poetas malheridos aullando

mujer, gimiendo

hermosura, Eternidad

que no se ve: especialmente eso, muchachos,

que no se ve.

 

 

 

 

 

 

 

Gonzalo Rojas

 

París, Noviembre 2003
Extraído del blog A media voz

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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