el ruido de los cuerpos al caer

 

19 mayo 2012

 

El ruido de los cuerpos al caer es el libro que acaba de publicar José Pastor González con Groelandia.

Yo he tenido el placer de escribir el prólogo.

 

 

 

“Me gustan los poetas que escriben con las manos sucias.

Los que encienden cerillas junto a los charcos de gasolina.

Los que no han conocido la pureza pero duermen con los ojos abiertos.

Los que conocen la fragilidad de los animales que respiran despacio y aún están suaves y calientes al borde de la carretera.

Los que conocen el ruido que hacen los cuerpos al caer contra el cemento.

 

Mi padre trabajaba montando armarios de metal. Volvía a casa con las manos llenas de cortes a pesar de los guantes,

y me decía qué has escrito hoy.

Y yo le leía libros como éste, libros que en realidad eran manuales de instrucciones para montar fusiles o provocar incendios.

Libros que no había escrito yo pero que eran míos, porque la rabia y el dolor siempre hablan con el mismo lenguaje y siempre

dejan las mismas marcas en la piel. 

 

El ruido de los cuerpos al caer no es un poemario bello porque nosotros no hemos conocido la belleza.

Aprendimos demasiado pronto que los laberintos no tienen salida a no ser que vueles las paredes.

Por eso ahora dormimos bajo las camas y nos alimentamos de animales atrapados en latas de conserva.

Por eso los restos de comida en la alfombra.

Por eso el miedo.

Por eso los poemas que asfixian, los poemas que no dejan entrar el aire en la garganta porque no hay tiempo

para los puntos, para las comas, para las estrofas.

Son poemas sucios métricamente que no riman porque el peso recae en el ritmo y no en la rima, en un ritmo brutal

que hace que los poemas se sucedan unos a otros salvajemente, con la violencia de quienes saben que no tienen mucho

que perder.

 

El ruido de los cuerpos al caer habla de noches eternas de lluvia y cigarrillos.

De batallas perdidas. De bordes afilados. De ciudades que vuelan por los aires. De casas abandonadas que se caen lentamente.

De mujeres a las que amar en medio de la tristeza.

Es un poemario duro pero necesario, porque la poesía debe provocar asco o placer o vacío o dolor, pero provocar algo.

Y José lo consigue. Consigue escribir unos poemas sencillos pero de una brutalidad que te deja sin aliento.

De esa que deja marcas en la piel y en los pulmones.

 

Yo oí una vez el sonido de un cuerpo que caía sobre el cemento.

Recuerdo el ruido suave del torso desplomándose, el golpe seco de la cabeza contra la acera.

Después vino la época en que la ciudad se convirtió en una jaula y los laberintos se hicieron cada vez más profundos,

pero no olvidé aquel sonido. José tampoco.

Aquel día decidimos dedicar nuestra vida a asesinar a todos los ciervos con nuestras propias manos. A acabar con la belleza. 

Por eso escribimos poemas como estos. Por eso no conocemos la pureza ni sabemos dormir con los ojos cerrados.

Por eso los poemas-quirófano y los poemas-charco de gasolina.

Porque conocemos el sabor del plomo y el aburrimiento de las tardes de domingo.

Porque conocemos el sonido de los cuerpos que se desploman.

 

A mi padre le echaron de aquel trabajo y dejó de pedirme que le leyese poemas.

Dejó de volver a casa con las manos llenas de heridas. 

Ahora soy yo la que vuelve a casa dolorida por el frío.

Ahora soy yo la que se hace heridas con libros como éste.”

 

 

Layla Martínez

 

 


 

 

 

[hemos leído este hermoso prólogo de Layla Martínez después de leer decenas de entradas

de su blog en las que ya no había poesía. Desde nuestra lectura de ayer, su relación con la

literatura cambió muy deprisa.

El blog comenzaba en 2011, cuando ella tenía quizá 23 años.

Los poemas que incluimos ayer en su página eran de ese tiempo; durante aproximadamente

un año de blog se expresó con la poesía: la poesía le servía para sacarse de dentro. 

 

Tal vez -pero ya estoy conjeturando- un trabajo ambicioso que acabó siendo lo que ella llama

su primer poemario, El libro de la crueldad, publicado poco después, hizo que cambiara la poesía

por la prosa, apenas poética. 

Al mismo tiempo se volcó en la lectura planificada de libros de diversas materias, la mayoría

de ellos en prosa, aunque la siguieron emocionando los libros de poesía. Abrió una biblioteca

en el blog donde facilitaba la descarga de literatura de todo tipo y comenzó las colaboraciones

y el claro predominio del interés por la obra de otros autores, con auténtica voracidad. 

 

Sus poemas, ya muy escasos, dejaron de tener vida: eran repeticiones, rituales que combinaban

unas pocas imágenes que ya no le pertenecían. 

 

Ha seguido, sigue en la literatura, reseña libros, incluyendo libros de poemas. Escribe artículos

asimilables a la crítica literaria. Colabora. 

Su cultura literaria y su conocimiento del mundo han aumentado enormemente, así como

su objetividad. 

 

Personalmente creo que es una prosista, que su poesía concluyó con la adolescencia, cuando

-por decirlo así- eligió a los demás y al mundo, les dio preeminencia sobre ella.

Murió la poeta y la persona prefirió la prosa de forma muy rotunda. Al parecer, sólo lee poesía

ajena.

Sin duda ha salido beneficiada, y tal vez los demás podamos beneficiarnos también de su 

literatura, que sigue manteniendo con una extrema pasión.

 

Habrá que buscar y encontrar a otras personas.]

 

 

 


 

 

 

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