isabelbonopancomidosiempreestuveafavordelosespejosempañado

 

[empreuveafanoreestujoseveabelbonpañasavordelisancomidosisespe]

 

 

 

 

De hoy dirás que viste a una mujer desnuda.

Y es que hay mujeres que llegan a la vida de uno

sin marcas de tirantes en la espalda.

Y uno se ducha y despereza brazos abiertos

como si siguiera de vacaciones.

Lo sé: estoy teniendo un ataque de intolerancia

un ataque al corazón

un ataque de dolor inmenso. Ya no dudo cuando caigo.

          Mira cómo me han dejado los brazos tus insectos favoritos.

Muchas veces pensé que eras tú:

cuando mirabas, cuando no mirabas.

Tanto tiempo perdido leyendo a Proust

para que el azar te coloque a cincuenta metros de mi casa.

 

 

Desempaqueta el invierno, amor

que me he puesto todos los jerseys que me regalaste, debí decir.

                Llevas la pereza cosida a los labios.

Cosas así no deben decirse nunca, por eso no las dije.

 

 

Sé que hago mal cuando miento

y cuando callo. Me detienen tus gestos.

Pero nunca más: tengo manos y boca y un cuerpo saturado

que me habla (porque el cuerpo nunca miente).

Dices que después del sueño no hay nada

y me despierto dormida

sin saber dónde ni por qué tanta miseria.

Si miraras me verías a contra luz, ahora que las cosas

son esqueletos de un tiempo que nunca fue entre nosotros

siempre pensando en cuándo te irías y el viajero era yo,

sin nombre sin domicilio sin cuenta corriente

sin miedo a la soledad más absoluta

ni al tiempo perdido ni a la luz

que ya llega custodiada por los pájaros.

Tendré una ventana y ninguna esperanza.

La vida (o algo parecido) destruirá mi casa

y yo seguiré esperando ver amanecer como tantas veces.

 

 

Nada por cumplir, amor

mas que los ritos verticales

que ahora se deslizan como peces amaestrados.

Y me detengo por primera vez y miro:

repartiremos los libros

clasificaremos los rencores

desinfectaremos los sueños que quedaron atrapados

en las plantas que se secaron (por mi culpa).

Me llevo dos platos, el cenicero azul y el abrecartas.

Pero antes dime que has soñado y que fue conmigo

dime si alguna vez te has visto amarme en tus sueños.

La luz es la prueba definitiva de que alguien te ama, dijiste.

La luz naranja y gris y azul

que abre todas las rendijas a media tarde.

Viajar no era necesario.

Te faltó rezar, reconócelo. No fuiste capaz de arrodillarte.

Tampoco se trataba de eso. Siempre quisiste saber

lo que se siente en un tren en marcha

cuando todas tus pertenencias están en la maleta.

Saberlo todo de repente,

reconocer a tientas tus objetos más valiosos.

Pero la velocidad no es eso.

Decidiste que el mundo se sostenía

sobre un alambre oxidado.

             Dime que no necesitas nada y me rendiré.

Cercos de vasos que ninguna cera pudo remediar

eran la medida del tiempo que nos bebíamos.

Abejas muertas entre las sábanas.

Le robé todas las mentiras que pude a tu corazón.

Ahora un solo verano arrastra mi vida

y ningún viento echa abajo mi casa.

Mis palabras, sin ninguna prisa

pájaros tomando el sol sobre una grúa del puerto.

 

 

El azar encontró una calle donde vigilarnos

y fuimos moscas sin alas untadas en aceite.

El azar también duda

y los cobardes se abrazan bajo árboles enfermos.

Se abrazan y ríen.

No oigo de sus bocas

más que el lento devaneo de la muerte.

No es fácil acostumbrarse.

Si de niño te hubiesen clavado

un cristal en cada mano comprenderías mis palabras.

Manos desarraigadas sosteniendo lo que queda

de este amor.

Manos para colar leche: hojas secas entre las manos.

Manos hechas para el agua: peces

habitando mis manos alicatadas.

Ahora sé que alguien borró el trazado de las calles

y que preferías mujeres de pasado pluscuamperfecto:

yo siempre te amo (entonces) en infinitivo.

               Hoy desearía tener la edad de un árbol.

Tanta soledad parecía una broma estúpida.

Cada paso, un metro cúbico de lluvia.

Identifícate con fuego y saldrás perdiendo, dijo alguien

en un idioma que no llegué a reconocer.

Un gato sucio y mojado buscó refugio entre mis piernas

con tus mismos gestos (entre mis piernas).

Pronto supe que es mentira la venganza

y los regímenes de 2.000 calorías.

 

 

No podrías asegurarlo,

pero creo que fue en ese preciso instante

cuando recordé las palabras de Rilke:

Los gatos hacen aún mayor el silencio que nos rodea.

     

 

hoy viste a una mujer desnuda

hay mujeres 

sin marcas de tirantes:

uno se ducha y despereza como de vacaciones

estoy teniendo un ataque /de intolerancia

/al corazón

/de dolor inmenso

ya no dudo cuando caigo

       cómo me han dejado los brazos tus insectos favoritos

       pensé que eras tú

cuando mirabas, no mirabas

tanto tiempo perdido leyendo a Proust

para que el azar te coloque a cincuenta metros de mi casa

[desempaqueta el invierno [amor]:

 me he puesto todos los jerseys que me regalaste, debí decir]

               

                     llevas la pereza cosida a los labios

[cosas así no deben decirse: por eso no las dije]

sé que hago mal cuando miento y callo:

me detienen tus gestos: pero nunca más:

tengo manos y boca y un cuerpo saturado que me habla

[nunca miente]

dices que después del sueño no hay nada:

me despierto dormida sin saber dónde ni por qué

tanta miseria

 

Si miraras me verías a contra luz

ahora que las cosas son esqueletos

[de un tiempo que nunca fue entre nosotros 

siempre pensando en cuándo te irías y el viajero era yo

sin nombre sin domicilio sin cuenta corriente

sin miedo a la soledad más absoluta

ni al tiempo perdido ni a la luz

que ya llega custodiada por los pájaros]

 

tendré una ventana y ninguna esperanza

la vida [o algo parecido] destruirá mi casa

y seguiré esperando ver amanecer 

Nada por cumplir [amor] mas que los ritos verticales

[ahora se deslizan como peces amaestrados]

 

me detengo [por primera vez] y miro:

repartiremos los libros

clasificaremos los rencores

desinfectaremos los sueños

[que quedaron atrapados

en las plantas que se secaron (por mi culpa)]

 

Me llevo dos platos el cenicero azul y el abrecartas

 

              [dime que has soñado conmigo

         si te has visto amarme en tus sueños]

 

La luz es la prueba definitiva de que alguien te ama

dijiste

La luz naranja y gris y azul abre todas las rendijas

a media tarde.

 

viajar no era necesario

te faltó rezar [reconócelo]. No fuiste capaz de arrodillarte

siempre quisiste saber qué se siente en un tren en marcha

cuando todas tus pertenencias están en la maleta

 

saberlo todo de repente: reconocer a tientas tus objetos

más valiosos

 la velocidad no es eso

decidiste que el mundo se sostenía

sobre un alambre oxidado

             dime que no necesitas nada y me rendiré

 

cercos de vasos [que ninguna cera pudo remediar]

eran la medida del tiempo que nos bebíamos

Abejas muertas entre las sábanas

robé todas las mentiras que pude a tu corazón

 

Ahora un solo verano arrastra mi vida

y ningún viento echa abajo mi casa

Mis palabras: sin ninguna prisa: pájaros

tomando el sol sobre una grúa del puerto

 

el azar encontró una calle donde vigilarnos

fuimos moscas sin alas untadas en aceite

 

El azar también duda

los cobardes se abrazan bajo árboles enfermos

[se abrazan y ríen. no oigo de sus bocas 

más que el lento devaneo de la muerte]

No es fácil acostumbrarse: si de niño te hubiesen clavado

un cristal en cada mano comprenderías mis palabras:

manos desarraigadas sosteniendo lo que queda

de este amor

manos para colar leche: hojas secas entre las manos

manos hechas para el agua: peces habitando mis manos alicatadas

 

sé que alguien borró el trazado de las calles

y preferías mujeres de pasado pluscuamperfecto:

yo siempre te amo [entonces] en infinitivo

               desearía tener la edad de un árbol

tanta soledad parecía una broma estúpida

cada paso un metro cúbico de lluvia

 

Identifícate con fuego y saldrás perdiendo  [dijo alguien

en un idioma que no llegué a reconocer]

un gato sucio y mojado buscó refugio entre mis piernas

con tus mismos gestos [entre mis piernas]

 

supe que es mentira la venganza

y los regímenes de 2.000 calorías.

No podrías asegurarlo pero creo que fue

en ese preciso instante cuando recordé las palabras

de Rilke:

los gatos hacen aún mayor el silencio que nos rodea

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011

 

 

 

 

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