El alma tiene que permanecer

donde está,

aunque inquieta, escuchando la lluvia en las vidrieras,

el quejido de las hojas de otoño en los latigazos del viento,

deseando ser libre, estar fuera, pero debe quedarse

posando en ese lugar. Deber moverse

lo menos posible. Esto es lo que dice el retrato.

Pero hay en la mirada una combinación de ternura,

diversión

y arrepentimiento, tan poderosas en su restricción

que uno no puede mirar mucho tiempo.

El secreto es demasiado simple. Lo lastimoso de su estado

nos aflige,

hace brotar lágrimas calientes: que el alma no es un alma,

no tiene secreto, es pequeña y cabe

en su hueco perfectamente: su cuarto, nuestro momento

de atención.

Esa es la tonada, pero no hay palabras.

Las palabras son sólo especulación (speculum, del latín,

espejo);

buscan y no pueden encontrar el significado de la música.

Vemos sólo posturas del sueño,

jinetes del movimiento que columpia el rostro

hacia nuestra mirada bajo cielos nocturnos, sin

falso desaliño como prueba de autenticidad.

Pero es vida englobada.

A uno le gustaría sacar la mano

fuera de la esfera, pero su dimensión,

lo que la porta, no podría permitirlo.

Es sin duda esto y no el intento de esconder algo

lo que hace a la mano aparecerse extensamente

al retraerse un poco. No hay manera

de construirla plana como pedazo de muro,

debe unirse al segmento de un círculo,

vagando de regreso hacia el cuerpo del que no parece

una parte, para cercar y costear el rostro,

en el que, por el esfuerzo de esta condición, se lee

una punta de sonrisa, una chispa

o una estrella que uno no está seguro de haber visto

al resumirse la oscuridad. Una luz perversa cuyo

imperativo de sutileza condena de antemano

su artificio de encenderse: aunque sin trascendencia,

intentado.

   

The soul has to stay where it is,

Even though restless, hearing raindrops at the pane,

The sighing of autumn leaves thrashed by the wind.

Longing to be free, outside, but it must stay

Posing in this place. It must move

As little as possible. This is what the portrait says.

But there is in that gaze a combination

Of tenderness, amusement and regret, so powerful

In its restraint that one cannot look for long.

The secret is too plain. The pity of it smarts,

Makes hot tears spurt: that the soul is not a soul,

Has no secret, is small, and it fits

Its hollow perfectly: its room, our moment of attention.

That is the tune but there are no words.

The words are only speculation

(From the Latin speculum, mirror):

They seek and cannot find the meaning of the music.

Wc see only postures of the dream,

Riders of the motion that swings the face

Into view under evening skies, with no

False disarray as proof of authenticity.

But it is life englobed.

One would like to stick one’s hand

Out of the globe, but its dimension,

What carnes it, will not allow it.

No doubt it is this, not the reflex

To hide something, which makes the hand loom large

As it retreats slightly. There is no way

To build it flat like a section of waIl:

It must join the segment of a circle,

Roving back to the body of which it seems

So unlikely a part, to fence in and shore up the face

On which the effort of this condition reads

Like a pinpoint of a smile, a spark

Or Star one is not sure of having seen

As darkness resumes. A perverse light whose

Imperative of subtlety dooms in advance its

Conceit to light up: unimportant but meant.