the friend at midnight

 

 

Keeping in mind that all things break, the valedictorian urged his future plans on us:

Don’t give up. It’s too soon, Things break. Yes, they fail or they are anchored up ahead, but no one can see that far.

As he was speaking, the sun set. The grove grew silent.

There are more of us taking ourselves seriously now than ever, one thought. We may never realize about our lives

till it’s too late, and a man with a dog comes to shoot us.

I like to think though that everything has its own reward, that liars such as we are made to last forever,

and each morning has a special chime of its own.

Thus we are pitted against the friend who came at midnight and wanted to replace us with a song. We resisted furiously:

There was too much food on his table, the night was too black, while all around us shrinking bands of outsiders entered into negotiations with the darkness.

It seems to omit us, his reasoning, or in the well of time we may be overdrawn, and cosmetics come to put a good face on us, asking,

why this magic wind, so many angles against the river’s prism and the burnt blue sky?

To which one answers, nothing is adrift for long. Perhaps we will be overtaken even in our happiness, and waves of passion drown us.

Now, wasn’t that easy? A moment’s breath and everyone has gone outside to ponder the matter further.

Outside, children toboggan endlessly.

 

el amigo a medianoche

 

Teniendo en cuenta que todas las cosas se rompen, el estudiante destacado nos apremia con sus futuros planes:

No se rindan. Es demasiado pronto. Las cosas se rompen. Sí, fracasan o quedan ancladas más adelante, pero nadie puede ver tan lejos.

Mientras hablaba, el sol se puso. Creció el silencio en la arboleda.

Hay ahora como nunca antes, más de nosotros mismos tomándonos a nosotros en serio, pensó uno. Puede que nunca nos demos cuenta de nuestras vidas

hasta que sea demasiado tarde, y un hombre con un perro venga a dispararnos.

Me gusta sin embargo pensar que todo conlleva su propia recompensa, que mentirosos como nosotros fuimos hechos para durar por siempre,

y que cada mañana tiene un timbre especial que le es propio.

Así que nos vimos enfrentados al amigo que vino a medianoche y quiso reemplazarnos con una canción. Nos resistimos con rabia:

Había demasiada comida en su mesa, la noche era demasiado negra, y a nuestro alrededor unas bandas de outsiders, decadentes, entablaron negociaciones con sus

tinieblas.

Esto parece omitirnos, su razonamiento, o en el pozo del tiempo puede que no nos queden fondos, y los cosméticos acudan a ponernos una buena cara, preguntando

¿por qué este viento mágico, con tantos ángulos contra el prisma del río y el incendiado cielo azul?

A lo que uno responde: nada está a la deriva demasiado rato. Acaso seremos sobrepasados incluso por nuestra felicidad, y nos hundan las olas de pasión.

Ahora bien, ¿no fue sencillo? La inhalación de un instante y todo el mundo se puso a ponderar el asunto con mayor profundidad.

Afuera, los niños se deslizan sobre un trineo infinitamente.

 

 

 

 

 

 

“The Friend at Midnight” from Wakefulness by John Ashbery.

1998 by John Ashbery

 

Traducción de Lisandro Kahan y Florencia Abbate

 


 

 

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