the problem of the anxiety

 

 

Fifty years have passed

since I started living in those dark towns

I was telling you about.

Well, not much has changed. I still can’t figure out

how to get from the post office to the swings in the park.

Apple trees blossom in the cold, not from conviction,

and my hair is the color of dandelion fluff.

Suppose this poem were about you – would you

put in the things I’ve carefully left out:

descriptions of pain, and sex, and how shiftily

people behave toward each other? Naw, that’s

all in some book it seems. For you

I’ve saved the descriptions of chicken sandwiches,

and the glass eye that stares at me in amazement

from the bronze mantel, and will never be appeased.

 

 

el problema de la ansiedad

 

 

Han pasado cincuenta años

desde que empecé a vivir en esas ciudades oscuras

que te contaba.

Bueno, nada ha cambiado. Todavía no puedo figurarme

cómo ir desde el correo a las hamacas del parque.

Los manzanos florecen en el frío, no por convicción,

y mi pelo es el color de las pelusas del diente de león.

Supón que este poema fuera acerca de ti–¿pondrías

en él las cosas que yo he dejado fuera deliberadamente:

descripciones del dolor, y el sexo, y de qué forma inconstante

se porta la gente unos con respecto a otros? No, eso

ya está incluido en algún libro, parece. Para ti

he reservado las descripciones de sándwiches de pollo,

y el ojo de vidrio que me mira con pasmo

desde la repisa de bronce de la chimenea, y que no se apaciguará nunca.

 

 

 

 versión de roberto echevarren

 

 


 

 

 

 

 

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