juan carlos mestre

la bicicleta del panadero

Calambur 2012

476 pp

 

 

 

geografía incompleta

 

Mil novecientos setenta, como convalecientes acordeones

a las casas de empeño, llegan al pueblo rumores de París.

Toda la noche, sentado frente al aparato de radio,

un joven poeta de provincia aprende a hablar francés.

Puede entender los versos de Verlaine y el ruido

que hacen al pisotear las hojas los mendicantes muertos.

Involuntariamente ha dejado de creer, la neblina

oxida las escopetas y las hermanas entran en la melancolía.

Involuntariamente se cruzan las estrellas, dicen algo

que nadie en este mundo escuchará más veces.

Comienza a leer El idiota, una novela rusa

sobre la historia de un príncipe que padece epilepsia.

Como él es huérfano de padre, como él

ha escrito algunas cartas que nunca recibirán respuesta.

Se enamora, busca trabajo, tiene dos gatos: Parsifal y Tristeza.

Mil novecientos setenta, la noche del 19 de abril

Paul Celan se arroja al Sena. Por esas fechas,

digamos diez años antes de la muerte de Sartre,

Gilberto Ursinos enseña la lengua de Voltaire

a los chavales mantas que catearon en junio.

No hubo para él cabañas ni, por así decirlo, la sombra

de la tierra donde hace su otra cama la miel.

Solo el viento y los ríos del viento entre los árboles de la compasión,

solo el injerto del viento sobre las huertas con lechugas y topos.

A los treinta y siete, por encima de todo, en la edad de Rimbaud

amaneció suspendido a un palmo del suelo.

Fue llorado en el bar donde era querido, en la ferretería

yen cada pequeña rendija de la casa del panadero.

Otra vez las campanas se taparán los oídos y en invierno

se pudrirán las patatas. Cae la ceniza del cigarrillo

sobre los caracoles blancos y un ángel voluntario

cerrará las contraventanas en el Club Francés.

 

 

 

 

 


 

Recogemos la valoración del colectivo AdW sobre este libro de Juan Carlos Mestre

 

Finalista al Premio Ausiás March al Mejor Poemario de 2013

Juan Carlos Mestre. La bicicleta del panadero. Calambur

Quienes votaron por “La bicicleta del panadero” valoran el esfuerzo enciclopédico, el golpe, que supone el libro como acto afirmativo del poeta.

Asumen que en un libro tan voluminoso es difícil mantener el nivel en todos los poemas pero destacan que, a la probada habilidad verbal del poeta, éste asume nuevos retos lingüísticos inéditos hasta ahora es su obra (o poco frecuentes).

La poesía como magia, como torrente inesperado en el que ante una misma mesa se pueden sentar los adjetivos y nombres propios más alejados y lograr una armonía inesperada y un asomo al misterio.

Quienes han decidido no votar el libro piensan que al autor le ha faltado contención, en la mayoría de poemas y en su conjunto. Piensan que existe una cierta gratuidad léxica e imaginativa, un exceso por el exceso, enmarañado entre automatismos en donde brillan los poemas más sencillos, aquellos en los que el Juan Carlos Mestre vuelve a la humildad honesta y necesaria. Un poeta que en las entrevistas se enorgullecía de publicar un libro cada 8 años ha dejado pasar demasiado poco tiempo a la hora de publicar un volumen tan extenso en el que la autocrítica y el reposo no aparecen. ¿Por qué tanta premura?, se preguntan.
Ambos grupos coinciden en que lo mejor del libro es su manejo del sentido del humor y de la ironía, algo poco frecuente en nuestra poesía, y nada fácil de lograr.