a la mañana siguiente cesare pavese no pidió el desayuno

 

Solo bajó del tren,

atravesó solo la ciudad desierta,

solo entró en el hotel vacío,

abrió su solitaria habitación

y escuchó con asombro el silencio.

Dicen que descolgó el teléfono

para llamar a alguien,

pero es falso, completamente falso.

No había nadie a quien llamar,

nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.

Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,

y esperó la llegada del sueño.

Con cierto miedo a su valor

-por vez primera había afirmado su existencia-

tal vez curioso, con cansado gesto,

sintió el peso de sus párpados caer.

Horas después -una extraña sonrisa dibujaba sus labios-

se anunció a sí mismo, tercamente,

la única certidumbre que al fin había adquirido:

jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.

 

 

 

 

 

 

 

 

juan luis panero

 

de los trucos de la muerte

 

1975

 

 

 


 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario